El Real Zaragoza se ha metido en un lío monumental. Lo que sucedió el sábado en el Ibercaja Estadio contra el Ceuta no fue un accidente, fue el síntoma de una enfermedad que persigue al equipo durante toda la temporada: la incapacidad total para mandar el balón a la red.
El empate a dos goles sabe a derrota definitiva, una de esas que te dejan "media vida" por el camino. Ahora mismo, la permanencia es un incendio difícil de apagar.
Los números que rodean al equipo aragonés son, sencillamente, para no creer. En los últimos tres partidos clave —Leganés, Mirandés y Ceuta— el Real Zaragoza ha generado fútbol de sobra. Ha llegado, ha pisado área y ha buscado el arco sin descanso. Sin embargo, la estadística es demoledora.
Se han realizado 73 remates en estos tres encuentros. De esa montaña de intentos, solo 17 disparos fueron entre los tres palos. El resultado: cuatro goles, y para colmo, dos de ellos llegaron desde el punto de penalti.
Es una falta de puntería que desespera a la grada y que está condenando al club. Si no marcas, no ganas. Y si no ganas, te vas al pozo. Ahora mismo, los de la capital del Ebro están a tres puntos de la salvación, pendientes de lo que hagan esta tarde rivales directos como el Cádiz y el Valladolid. El margen de error ya no existe; se agotó ayer entre remates desviados y ocasiones perdonadas.
Un asedio sin premio del Real Zaragoza en Butarque y ante el Mirandés
La racha empezó a torcerse de forma evidente en Butarque. Contra el Leganés, el Zaragoza fue el dueño absoluto del balón y de las ocasiones. Disparó 22 veces frente a las 9 del conjunto madrileño. Solo ocho balones encontraron portería. Sebas Moyano logró marcar tras una gran jugada de Cuenca, pero el equipo fue incapaz de cerrar un partido que tenía dominado en las estadísticas, pero no en las áreas.
Lo del Mirandés fue todavía más grave. Aquel día, el asedio fue total: 26 disparos. Los "goles esperados" (esa métrica que mide la claridad de las ocasiones) subieron hasta un 3,27. En un partido normal, el Zaragoza debería haber marcado tres o cuatro goles con facilidad. Pero la realidad fue otra. Solo se pudo batir al portero rival, Juanpa, desde los once metros gracias a Dani Gómez. Al final, un dominio estéril que solo sirvió para sumar un punto insuficiente.
Ayer, contra el Ceuta, se repitió la pesadilla pero con un agravante: la fragilidad defensiva. El Zaragoza volvió a volcarse sobre el área rival con 25 remates. Generó siete ocasiones clarísimas de gol. Los datos de "goles esperados" volvieron a ser de ciencia ficción: 3,59 para el Zaragoza frente a un pobre 0,57 del Ceuta.
A pesar de los goles de Rober y Dani Gómez, el equipo no supo defender su renta ante un rival que jugaba con un hombre menos. Como decía David Navarro al terminar el encuentro, conceder el segundo gol en la situación en la que está el club es un pecado mortal. Al Zaragoza le han volado siete puntos en este tramo por no saber dominar ninguna de las dos áreas. Ni mata arriba, ni cierra abajo.
La última bala del Real Zaragoza para la permanencia
Desde que se ganó al Racing de Santander, el equipo ha entrado en barrena. Dos empates y dos derrotas que lo dejan al borde del abismo. Solo el Córdoba tiene mejores números de disparo en la categoría, pero la diferencia es que los demás sí las meten. La ansiedad se ha apoderado de las botas de los delanteros y cada llegada al área parece una montaña imposible de escalar.

Al Real Zaragoza ya solo le queda la épica o el milagro. La falta de gol ha pasado de ser una mala racha a ser una condena. En dos semanas, el panorama puede ser irreversible si la pelota no empieza a entrar de una vez por todas. El tiempo de las estadísticas y los "uy" se ha terminado; ahora solo valen los tres puntos.



