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Un ex policía que trabajó con Villarejo asegura que todo estaba «revestido de legalidad»

El ex inspector de Policía Antonio Bonilla ha sostenido este jueves en el juicio por ‘Tándem’ que se celebra en la Audiencia Nacional que trabajó como «colaborador externo» de José Manuel Villarejo bajo el convencimiento de que era un «agente de Inteligencia» que estaba autorizado a tener sus propias empresas, aseverando que «todo estaba revestido de legalidad».

Bonilla, uno de los acusados en este juicio por tres piezas separadas de ‘Tándem’, ha contado que conocía «de vista» a Villarejo de su vida profesional, pero que no fue hasta 2013, tres años después de que el otrora inspector dejara el servicio en activo para trabajar en el sector privado, cuando entraron en contacto.

Según él, el ex número dos de la UCAO Mariano Hervás ejerció de enlace. Conocía a los dos, sabía que Villarejo buscaba un «analista» para su grupo empresarial, CENYT, y que Bonilla había dejado el cuerpo de seguridad. En julio de 2013, se reunieron en las oficinas de CENYT en Torre Picasso (Madrid) para adentrarse en los pormenores de la oferta de empleo.

Villarejo «me comenta que es comisario de Policía en activo, que está adscrito a la Dirección Adjunta Operativa (DAO) y que hace actividades de agente de Inteligencia –operaciones de terrorismo, narcotráfico y seguridad nacional–«, ha indicado Bonilla.

El inspector retirado ha hecho hincapié en que Villarejo le aseguró que «estaba autorizado por la DAO para compatibilizar ambas actividades, la de comisario en activo con CENYT». «Todo revestido de legalidad, y siempre: ‘Vamos con los buenos, somos los buenos'», ha destacado.

Ambos quedaron conformes y en septiembre de 2013 formalizaron un contrato entre CENYT y AMBICOL, la empresa de Bonilla, para que éste prestara servicios de analista de seguridad e información a cambio de 1.500 euros al mes más IVA.

TODO ERAN «FUENTES ABIERTAS»

Gran parte de su interrogatorio se ha centrado en el acceso a bases de datos restringidas, ya que la Fiscalía Anticorrupción señala a Bonilla como receptor de correos electrónicos enviados por el policía Constancio Riaño con información reservada, supuestamente, destinada a Villarejo para sus negocios privados.

El ex inspector ha negado tal acusación. Así, ha precisado que «nunca» accedió a dichas bases después de pasar a la situación de «segunda actividad», recalcando que le retiraron las claves para ello, y que tampoco pidió a antiguos compañeros que lo hicieran.

De acuerdo con Bonilla, el flujo de información iba en sentido contrario. Rafael Redondo, el socio de Villarejo en CENYT, le daba la información que debía analizar, siempre procedente de «fuentes abiertas» y, a lo sumo, él proponía buscar en otras bases de libre acceso.

No obstante, sí ha reconocido que alguna vez recibía en su ‘email’ de AMBICOL correos electrónicos del cuerpo de seguridad que rebotaba a Redondo porque le explicitaron que «era información para asuntos oficiales del señor Villarejo».

«Lo recibía, lo enviaba y acto seguido lo borraba, nunca accedí al contenido», ha descrito, enfatizando que era un «mero intermediario» para «preservar la confidencialidad y reserva de la información».

Al confrontarle con las declaraciones de otro policía que manifestó que Bonilla le había pedido información reservada, el acusado lo ha atribuido a «presiones» de la Unidad de Asuntos Internos a este agente.

En cualquier caso, ha puesto de relieve que, aunque solo determinados policías de algunas secciones tienen claves de acceso para entrar en esas bases de datos, en realidad «es práctica habitual» que otros compañeros usen esos códigos porque si no «se paralizarían los servicios».

«POR CURIOSIDAD»

Este jueves también ha sido el turno de José Manuel González, un agente en activo al que se le imputa haber hecho en 2017 una consulta en dichas bases sobre el empresario Mateo Martín Navarro, al que Villarejo investigaba para los hermanos Juan y Fernando Muñoz Támara en ‘Pintor’ por una disputa en torno a una deuda fiscal.

González ha admitido que tenía una «relación afectiva» con Nuria Morales, la detective a la que el comisario jubilado había encargado este asunto. Y ella, en el marco de una comida, le comentó que tenía un «trabajillo» sobre alguien de su barrio.

El policía ha confesado que lo miró «por curiosidad». «Me metí, recuerdo que no vi Málaga ni mi calle y enseguida lo quité. Vino un compañero y me salí a fumar un cigarro», ha narrado.

González ha defendido que fue la primera y «única» vez que ha entrado en una base policial sin que se tratase de un asunto oficial, y que ni Morales se lo pidió ni obtuvo y facilitó información alguna. «Ella a su trabajo y yo al mío», ha resumido.

«ORGULLOSO» DE TRABAJAR CON VILLAREJO

Asimismo, este jueves ha comparecido Gervasio Cañavate, al que Villarejo ha presentado en sesiones anteriores como un agente del CNI con el que ha trabajado a lo largo de su carrera.

Cañavate ha expuesto que, en el contexto de los «favores» de índole personal que se habían intercambiado durante años, y una vez jubilados los dos, Villarejo le preguntó si conocía a algún detective «cualificado» y con «la licencia en vigor» para un trabajo, otro «favor» que debía hacer a una «amiga»: ‘Pintor’.

El acusado ha declarado que, debido a la relación que le unía con el padre de Morales, la detective era «familia» para él, por lo que se sintió «orgulloso de que trabajara con las empresas de referencia en España del tema de la investigación». «Vi una magnífica oportunidad para Nuria, que estaba empezando», ha remachado.

Cañavate ha asegurado que no conocía los detalles del trabajo, que solo acompañó a Morales esporádicamente porque ella estaba asustada al toparse con posibles actividades de tráfico de drogas, y que ni la detective ni él incurrieron en ilegalidades, reprochando a la Fiscalía que les haya tratado como «sicarios».