Qué pasa dentro de 'La Casita' VIP de Bad Bunny: privilegios y elitismo

La comentada 'Casita' de la gira 'Debí tirar más fotos' ha pasado de representar la memoria popular puertorriqueña a convertirse en un escaparate de famosos, aunque también refuerza el poder mediático del artista.

Bad Bunny ha aterrizado en España con cifras de fenómeno generacional. La gira Debí tirar más fotos ha vendido cerca de 600.000 entradas entre las dos fechas de Barcelona y la decena de conciertos programados en Madrid, una marca que confirma el tamaño de su impacto en el mercado español.

Pero el debate que acompaña estos días al artista puertorriqueño no tiene nada que ver (o al menos no solo) con su repertorio, la duración del espectáculo o la magnitud del montaje. El foco se ha desplazado hacia 'La Casita', una casa rosa y amarilla que funciona como segundo escenario y que se ha convertido en el centro simbólico, mediático y polémico de la gira.

Una sala VIP a simple vista

'La Casita' representa una vivienda tradicional del campo puertorriqueño, una evocación de los hogares populares de la isla y de un imaginario asociado al barrio, al balcón, a la hospitalidad y a la vida comunitaria. En términos escénicos, el show se divide entre el escenario principal y ese espacio secundario, al que Bad Bunny se desplaza durante la actuación y donde interpreta parte de sus canciones más conocidas. La estructura, de casi 13 metros de ancho, reproduce una casa caribeña convertida en un lugar reservado para invitados, celebridades y algunas personas seleccionadas del público.

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Ahí nace la controversia. 'La Casita', pensada como emblema de identidad puertorriqueña, se ha transformado en los conciertos españoles en una especie de sala VIP visible para todo el estadio. No es un palco tradicional al que se accede comprando una entrada más cara, sino un espacio elegido por el equipo del artista a dedo.

Bad Bunny en el Metropolitano
Bad Bunny en el Metropolitano | Fuente: Agencias

Muchos asistentes ven desde la pista cómo futbolistas, actrices, influencers, empresarios y rostros de la cultura popular ocupan el lugar que concentra la atención del show. 'La Casita' ha pasado de símbolo de comunidad a escaparate de privilegio.

En sus primeras fechas han pasado por ese espacio nombres como Úrsula Corberó, Lamine Yamal, Inés García, Robert Lewandowski, Gavi, Pau Cubarsí, Dani Olmo, João Cancelo, Eric García, Ibai Llanos, Gerard Piqué, Riqui Puig, Lola Lolita, Miranda Makaroff y Priscila Delgado en Barcelona. En Madrid también ha sido muy comentada la presencia de Ester Expósito, Marta Ortega, Chiara Ferragni, María León, Los Javis, Judeline, Hiba Abouk, Héctor Bellerín y Koke Resurrección, entre otros rostros conocidos.

'La Casita' ha pasado de símbolo de comunidad a escaparate de privilegio

La bola de debate se hace cada vez más grande precisamente porque el artista ha construido buena parte de su último proyecto sobre la reivindicación de Puerto Rico, la memoria popular, la defensa del territorio y la denuncia de las dinámicas que expulsan a la gente de sus barrios. Por eso, para una parte del público resulta chocante que el espacio que encarna esa identidad aparezca ocupado por celebridades globales, deportistas millonarios, influencers y figuras de la élite económica.

La presencia de Marta Ortega, hija de Amancio Ortega y figura de una de las familias más poderosas de España, fue la gota que colmó el vaso para algunos críticos. El problema no es ya que haya invitados conocidos, sino que el símbolo de una casa popular termine funcionando como una pasarela de estatus. La imagen de una vivienda inspirada en la arquitectura humilde de Puerto Rico rodeada de famosos y perfiles de alto poder adquisitivo ha alimentado la sensación de que el dispositivo escénico se ha separado de su intención original.

'La Casita' de Bad Bunny
'La Casita' de Bad Bunny | Fuente: Agencias

A esa polémica se ha sumado otra relacionada con la selección de mujeres que suben a 'La Casita'. Aunque en esta última noche ha habido ciertos cambios, en redes se ha extendido el malestar por el perfil repetido de muchas de las jóvenes elegidas: mujeres delgadas, normativas y ajustadas al canon estético dominante. La mayoría de vídeos de personas que presumen de haber accedido a ese espacio muestran a mujeres jóvenes con cuerpos muy atractivos, lo que ha abierto un debate sobre si la puesta en escena reproduce una forma de cosificación femenina (porque se eligen a dedo, como hemos comentado).

Para muchos seguidores de Bad Bunny, 'La Casita' debería ser una extensión del público común, no un escaparate de personas ya visibles. Para otros, la crítica olvida que los macroconciertos actuales funcionan precisamente mediante momentos virales, imágenes compartibles y escenas diseñadas para circular en TikTok, Instagram y X.

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La idea inicial de 'La Casita' era otra

El origen de 'La Casita' ayuda a entender por qué el debate es más complejo que una simple acusación de elitismo. La estructura fue concebida inicialmente para el cortometraje Debí tirar más fotos, bajo la dirección de producción de Mayna Magruder Ortiz. La idea era recrear una vivienda puertorriqueña capaz de albergar a un cuerpo de bailarines de unas treinta personas, con espacio tanto en el interior como en el tejado. Más tarde, esa casa pasó del cortometraje al escenario de la residencia No me quiero ir de aquí en Puerto Rico y después a la gira internacional.

Este tipo de viviendas remite a las casas de clase trabajadora de los años sesenta y setenta, vinculadas a un proceso de urbanización y cambio social en la isla. El balcón, elemento central de esa arquitectura, funcionaba como lugar de reunión, conversación y hospitalidad. Desde esa lectura, Bad Bunny está reciclando culturalmente para llevarlo a una sociedad globalizada.

'La Casita' conserva la idea de hospitalidad, pero cambia radicalmente porque ya no recibe al barrio, sino a quienes representan poder, fama o influencia en cada ciudad.

La propia estructura ha tenido además otra polémica en Puerto Rico. Román Carrasco Delgado, propietario de la vivienda de Humacao que habría servido de inspiración para 'La Casita', demandó a Bad Bunny y a varias empresas vinculadas al proyecto reclamando más de un millón de dólares. El hombre alegó pérdida de privacidad por la llegada de visitantes a su casa y denunció que la imagen de su propiedad se había convertido en objeto de publicaciones y productos sin que él recibiera beneficio.

Podríamos debatir eternamente sobre 'La Casita', pero de lo que no hay duda es de que esta exposición beneficia directamente al artista. Refuerza su centralidad en la cultura pop, lo sitúa como anfitrión de figuras influyentes y convierte cada concierto en un acontecimiento social. También potencia sus relaciones con personas poderosas o estratégicas, desde deportistas de élite hasta actrices internacionales, empresarios, creadores digitales y referentes de la moda. Bad Bunny es una red internacional de influencia.