La resaca está presente cuando bebemos. Y aunque sin duda sabrás que beber en exceso no es sano, es posible que desconozcas cómo afecta el alcohol al cerebro y lo peligroso que puede llegar a ser. No te engañes; aunque creas que el consumo de alcohol no será dañino para tu salud, la realidad es que una ingesta excesiva y frecuente puede ocasionar graves problemas en tu organismo.
Por ello, es bastante normal que cuando bebemos la resaca nos produzca una sensación perdida y con un dolor muy fuerte en la cabeza. Pero, ¿sabes cómo actúa el cerebro ante esta situación? ¿Conoces lo qué le pasa y por qué ocurre esto? Las consecuencias bien podrían ser graves. Lo repasamos.
Además de la sensación de resaca, pasan otras cosas tras haber bebido

A nadie le gusta despertar con resaca. Entre el dolor de cabeza y las náuseas, empiezas a pensar que no vas a volver a beber en toda tu vida (o al menos hasta el siguiente fin de semana).
Sin embargo, aparte de sentirte fatal, pasan muchas más cosas en tu organismo. Tu cuerpo y tu cerebro tienen que hacer horas extra para recuperarse de esos malos tragos.
Esta es una actividad muy curiosa y que afecta, sobre todo, a tu cerebro, pues la ingesta de alcohol produce una reacción que es la que luego da lugar a los síntomas de la resaca que tenemos a la mañana siguiente de haber bebido. ¿Quieres conocer lo que le pasa? Sigue leyendo.
El etanol, la molécula del alcohol que produce resaca

Todas las bebidas alcohólicas contienen una molécula que afecta al funcionamiento del cerebro y que es la responsable de la embriaguez: el etanol.
Esta sustancia tiene un peso molecular muy bajo, lo que permite que atraviese la membrana del intestino delgado y la mucosa del estómago en un tiempo récord: solo hacen falta entre 30 y 90 minutos desde que consumimos alcohol para que alcancemos el máximo estado de embriaguez. Es lo que da lugar a la resaca.
La resaca se debe a un malestar por la excesiva ingesta de alcohol

Pero, ¿sabes realmente qué es la resaca? Pues bien; esta no es otra cosa que el malestar que nos produce la excesiva ingesta de alcohol, una definición muy simplista que no engloba la complejidad del término en los aspectos cerebrales y sociales.
Vivimos en una cultura donde la mayoría de las actividades sociales tienen implícitas la ingesta de alcohol. Repasemos al cerebro la acción de esa sustancia adictiva aceptada socialmente.
El alcohol es de las pocas sustancias que tiene una muy rápida absorción y, alrededor de un tercio del alcohol ingerido, pasa casi inmediatamente a la sangre a través de los pequeños capilares de las paredes del estómago.
Ante la resaca, el etanol tiene la capacidad de ralentizar el funcionamiento del cerebro

Cuando el etanol entra a nuestro organismo, pasa al torrente sanguíneo y desde ahí llega al cerebro hasta producir la resaca. Esta molécula tiene la capacidad de ralentizar el funcionamiento de nuestro cerebro debido a que se produce la unión con dos tipos de receptores: el ácido γ-aminobutírico (GABA) y el N-metil-D-aspartato (NMDA).
Los neurotransmisores GABA inhiben nuestro comportamiento, y lo que sucede cuando se unen con el etanol es que el mensaje neural se hace más lento, permitiendo que nos sintamos más tranquilos y relajados.
La resaca saca parte del agua que tienen las neuronas en su interior

De manera lógica, si tenemos alimentos, la absorción de ese etanol será menor, hasta llegar al hígado donde por un proceso de oxidación, se le agrega oxígeno, y se convierte en energía para ser utilizado por el organismo.
Este proceso por igual, utiliza los riñones y los pulmones para su excreción, en menor cantidad. Parte de esto nos explica el tufo del día siguiente y el acrecentado orinar del que lo ingiere, acción a la que también se agrega una inhibición de la hormona antidiurética a nivel renal.
¿Cuáles son los cambios que produce ese alcohol a nivel neuronal en el cerebro? El mecanismo básico para explicar la resaca, es el hecho de que saca parte del agua que tienen las neuronas en su interior hacia el espacio extracelular, pero al fluir de manera importante al exterior, se lleva con ella potasio, sodio y otras sales minerales fundamentales para el funcionamiento neuronal.
Cuanta mayor es la ingesta de alcohol, más notable será el malestar

Lo cierto es que cuanta mayor es la ingesta de alcohol, más notable es la resaca posterior y mayor es el deterioro del cerebro, algo que no ha sorprendido a los expertos.
Sin embargo, los estudios alertan de los efectos negativos que pueden tener estos molestos síntomas en la vida cotidiana, pues podría reducir la capacidad para trabajar, estudiar, conducir o realizar cualquier otra tarea que requiera de concentración y memoria.
Los autores dee los estudios recientes, además, continúan analizando los efectos de la resaca en el cerebro, aunque recalcan la dificultad de que las personas que han tomado grandes cantidades de alcohol y tienen resacas severas contesten a las pruebas y test correspondientes.
Afecta a los procesos del pensamiento y a nuestra capacidad de tomar decisiones

Paralelamente, cuando consumimos alcohol, el cerebro libera norepinefrina, adrenalina y cortisol, que son sustancias estimulantes que incrementan nuestra frecuencia cardíaca. Las vías respiratorias se abren y envían más oxígeno al cerebro, incrementando las sensaciones de los sentidos. También se produce dopamina, el neurotransmisor de la felicidad que nos hace sentir bien.
Además, el etanol se adhiere a las vías por las que el cerebro recibe la energía, afectando a los procesos del pensamiento y a nuestra capacidad de tomar decisiones.
Pero el alcohol no solo afecta a nuestros procesos mentales, sino que también tiene consecuencias para el resto del organismo. Inhibe la hormona antidiurética, lo que nos obliga a orinar con mayor frecuencia y a consumir más líquidos para permanecer hidratados. El movimiento muscular también se ve afectado, haciéndonos más torpes y lentos, y puede interferir en la circulación, la respiración y la regulación de la temperatura corporal.
El consumo alcohol puede producir enfermedades y cambios de comportamiento graves

Más allá de la propia resaca, las personas con problemas de alcoholismo pueden llegar a desarrollar enfermedades mentales graves como la psicosis, y experimentar alucinaciones y delirios que les llevan a evadirse de la realidad. Paranoias que les pueden hacer pensar que tienen a personas en su contra, y ver, oír y sentir cosas que no existen.
Además, el consumo habitual y excesivo de alcohol lleva asociados cambios en el comportamiento y trastornos emocionales. La serotonina es un neurotransmisor que regula el estado de ánimo, y beber frecuentemente modifica sus niveles, bajándolos.
Como consecuencia de esta alteración, la euforia, la impulsividad y la alegría que se experimenta al inicio de una borrachera puede acabar degenerando en agresividad, violencia, y en cuadros de tristeza, ansiedad, estrés y depresión.













































































