7Factores desencadenantes: exposición a polen, polvo o humedad frente a contacto con virus
En la alergia respiratoria el desencadenante no es un microorganismo, sino una sustancia del entorno —polen, ácaros del polvo, esporas de moho, caspa de mascotas o cucarachas— que el sistema inmunitario interpreta como una amenaza y contra la que libera histamina. Ese mecanismo explica que los síntomas aparezcan en cuestión de minutos tras la exposición y se apaguen cuando esta cesa: no hay incubación ni contagio. El contexto importa, y mucho. El polen de árboles domina la primavera, el de gramíneas el verano y el de malezas el final del verano y el otoño; el tiempo cálido, seco y ventoso dispersa más granos, mientras que la lluvia, la nubosidad y la ausencia de viento los mantienen a raya. La humedad, en cambio, favorece las esporas de moho en baños, cocinas y sótanos mal ventilados, y los ácaros proliferan en colchones, alfombras y peluches. Incluso los cambios bruscos de temperatura y humedad o los olores intensos pueden desencadenar una rinitis no alérgica, la vasomotora.
En el resfriado el desencadenante es un virus, casi siempre un rinovirus, y lo que decide el contagio es el contacto. Se transmite al tocar a una persona infectada o una superficie que haya tocado y luego llevarse las manos a los ojos, la nariz o la boca, y también al inhalar las gotículas que alguien expulsa al toser o estornudar. A diferencia de la alergia, aquí media un periodo de incubación de unos días, de modo que los síntomas no llegan de golpe sino que van sumándose: primero picor de garganta, después congestión, moqueo y tos. El cuadro se resuelve en unos 3 a 14 días y deja inmunidad solo frente a esa cepa concreta, lo que explica que los niños encadenen hasta seis resfriados al año. Conviene recordar que ambas cosas pueden coexistir: una mucosa inflamada por la alergia facilita la adherencia del virus, y es habitual que una rinitis alérgica se complique con una infección vírica superpuesta.
