¿Alergia o primer resfriado? Los 3 síntomas clave para saber qué tienes al cambiar el tiempo

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Fiebre: el signo que prácticamente descarta una alergia

sick man blowing nose into tissue

La fiebre es, muy probablemente, el síntoma que mejor permite inclinarse por un resfriado y descartar una alergia. La explicación es de fondo: la rinitis alérgica no es una infección, sino una reacción desproporcionada del sistema inmunitario frente a alérgenos como el polen, los ácaros del polvo o la caspa de los animales, y ese mecanismo no eleva la temperatura corporal. Por eso el propio nombre popular de «fiebre del heno» resulta engañoso: no la provoca el heno ni cursa con fiebre, como recuerdan tanto la Academia Americana de Alergia, Asma e Inmunología como la clínica estadounidense Family Doctor. En las tablas comparativas que usan centros como la Clínica Mayo, la fiebre figura como un síntoma posible en el resfriado y prácticamente ausente en la alergia estacional. El alergólogo Joan Bartra, jefe de Alergología del Hospital Clínic de Barcelona, lo formula en la misma dirección: en la alergia no hay fiebre porque no hay infección detrás.

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Conviene, aun así, matizar el matiz. Hablamos de fiebre real, no de una simple sensación de calor o de una febrícula difusa. En el resfriado lo habitual es una fiebre baja o moderada, sobre todo durante los primeros días, como respuesta natural del organismo al virus; también suele aparecer en la gripe y en la COVID-19, lo que convierte la temperatura en una pista útil para orientar el cuadro. Y existe un escenario que puede liar el diagnóstico: una persona alérgica puede tener fiebre si, además, se ha contagiado de un virus, de modo que ambos procesos coexisten sin que la alergia sea la causa del aumento de temperatura. En niños, una febrícula acompañada de síntomas compatibles con alergia suele deberse a una infección viral simultánea. Los escalofríos, por el mismo motivo, apuntan a una infección y no a una reacción alérgica.