Agujeros negros: los científicos resuelven el misterio de 50 años sobre Sagitario A* y cambia nuestra visión del cosmos

Durante medio siglo, la ciencia buscó sin éxito el viento que debía emanar del agujero negro de nuestra galaxia. Ahora, un hallazgo con dos telescopios lo confirma y explica por qué costó tanto encontrarlo.

Los agujeros negros siempre han jugado con nuestra imaginación, pero esta vez la realidad supera cualquier teoría. Durante más de 50 años, la comunidad científica sospechaba que el gigante situado en el centro de nuestra galaxia debía comportarse como todos los demás: absorbiendo materia y, al mismo tiempo, expulsando parte de ella en forma de viento. El problema es que nadie lograba encontrar pruebas de ese viento en nuestro propio vecino cósmico.

Ese silencio incómodo convertía a Sagitario A* en una rareza que desafiaba la física teórica. Ahora, un equipo de la Universidad Northwestern ha resuelto el enigma combinando cinco años de observaciones y dos telescopios distintos, en lo que muchos medios ya describen como uno de los hallazgos más relevantes del año en astrofísica.

El misterio que llevaba medio siglo sin respuesta en los agujeros negros

Según la física conocida, cualquier agujero negro que se alimenta de gas y polvo genera automáticamente energía suficiente para expulsar parte de ese material hacia el exterior. Es un comportamiento observado en decenas de agujeros negros repartidos por el universo, incluido el de la galaxia M87. Sin embargo, el que tenemos más cerca, en el corazón mismo de la Vía Láctea, se resistía a mostrar esa firma.

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La dificultad no era casualidad. Para observar el centro galáctico desde la Tierra hay que mirar a través de una densa nube de gas y polvo cósmico que distorsiona casi cualquier señal. A eso se suma que Sagitario A* atraviesa actualmente una fase de calma, lo que reduce aún más la intensidad de cualquier emisión que pudiera delatarlo.

Cómo lograron detectar el viento de Sagitario A*

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El equipo, liderado por los investigadores Mark Gorski y Elena Murchikova, recurrió a los radiotelescopios del observatorio ALMA en Chile para cartografiar el gas frío que rodea a Sagitario A*, el nombre técnico del agujero negro supermasivo que ocupa el centro de nuestra galaxia. Tras cinco años acumulando datos y aplicando calibraciones que eliminaban las interferencias del propio agujero negro, encontraron algo que nadie había visto antes con tanta claridad.

Lo que apareció fue una cavidad enorme con forma de cono, prácticamente vacía de gas frío, que apuntaba directamente hacia el agujero negro. Los científicos calcularon que ni todas las estrellas cercanas juntas podrían generar un viento capaz de crear ese vacío. Solo una fuente cuadraba con la magnitud del fenómeno: el propio Sagitario A*.

Chandra confirma lo que ALMA había insinuado

Para descartar que se tratara de una casualidad estadística o un artefacto de procesamiento, el equipo recurrió a una segunda fuente de datos independiente.

Sagitario A* funciona igual que el resto de agujeros negros, sencillamente había sido más difícil de observar. Con el Observatorio de Rayos X Chandra, de la NASA, detectaron emisiones exactamente en la misma región donde ALMA había mostrado el cono vacío. Esa coincidencia entre dos instrumentos completamente distintos fue la prueba definitiva de que el viento existía y no era ruido.

Los resultados, publicados el 4 de junio de 2026 en The Astrophysical Journal Letters, calculan además que este viento lleva soplando desde hace al menos 20.000 años, aunque de forma mucho más suave que en otros agujeros negros más activos del universo.

Por qué este descubrimiento cambia cómo entendemos los agujeros negros

Lo más llamativo del hallazgo no es solo haber encontrado el viento, sino descubrir que Sagitario A nunca fue una excepción*: simplemente atravesaba una fase silenciosa, algo común en la vida de un agujero negro supermasivo. Este matiz es clave porque redefine cómo los astrónomos deben interpretar los períodos de calma en otros centros galácticos.

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  • El hallazgo confirma que los agujeros negros quietos también moldean su entorno, aunque de forma menos violenta.
  • Abre la puerta a estudiar con más detalle cómo evolucionan las galaxias durante sus etapas tranquilas, no solo en sus fases activas.
  • Ofrece un método replicable con ALMA y Chandra para buscar vientos débiles en otros agujeros negros cercanos.
  • Refuerza que Sagitario A* es, en el fondo, un objeto físicamente ordinario dentro de lo extraordinario que resultan estos gigantes.

Lo que viene ahora en el estudio de Sagitario A*

Los propios autores del estudio han sido claros: esto es solo el principio. El siguiente paso será ampliar el mapa de gas frío a una región mucho más amplia alrededor del agujero negro, para entender cómo varía la dirección e intensidad de este viento a lo largo del tiempo.

Con instrumentos cada vez más precisos y misiones futuras centradas en el centro galáctico, es razonable pensar que en los próximos años conoceremos mejor la "respiración" de nuestro propio agujero negro que la de muchos otros situados a millones de años luz. Y eso, para una ciencia que llevaba 50 años buscando a tientas, es una victoria que merece ser celebrada con calma y rigor, no con titulares apresurados.