Los plesiosaurios del Jurásico iban a la orilla a vomitar: así se libraban de los restos duros

El estudio, publicado en Geological Magazine, analizó más de 20 regurgitalitas halladas frente a la costa noruega. Los restos apuntan a un depredador de caparazón duro, y el principal sospechoso mide entre 4 y 8 metros.

Te apuesto lo que quieras a que nunca habías pensado en el vómito como un rasgo evolutivo de éxito. Pues los plesiosaurios del Jurásico lo convirtieron en su mejor truco para sobrevivir.

Un equipo de la Universidad de Cambridge ha identificado restos fosilizados de vómito de estos reptiles marinos en lo que fueron aguas poco profundas, a 50 kilómetros de la costa noruega. Sí, has leído bien: vómito de hace millones de años, conservado y catalogado.

Qué comían estos reptiles de cuello largo (y qué no podían tragar)

Los investigadores analizaron más de 20 regurgitalitas, bolas de vómito fosilizado cuyo tamaño va del de una nuez al de un mando de la tele. Dentro aparecieron conchas de bivalvos, conchas de serpúlidos, crinoideos, y belemnitas: el menú de un animal especializado en caparazones duros.

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El detalle que lo cambia todo es que no podían triturar nada de eso. Sus dientes no estaban hechos para romper conchas, así que el estómago hacía el trabajo sucio: unía los restos en pequeñas bolas y el animal las devolvía al mar. Exactamente igual que hacen hoy los búhos con las egagrópilas.

Según el paleontólogo Dirk Knaust, autor principal del trabajo publicado en Geological Magazine, el vómito formaba parte de su biología y servía para separar lo no digerible de las partes blandas que sí aprovechaban. La eficiencia de la nutrición bajaba, sí, pero seguían sacando una porción jugosa.

Vomitar no era un accidente en la vida de un plesiosaurio: era una rutina de mantenimiento tan necesaria como cazar.

Por qué vomitaban en la orilla y no en alta mar

Aquí está lo raro del hallazgo. El marisco que apareció en los restos necesita mucha sal para vivir, la que hay en mar abierto. Y sin embargo, el vómito se depositó en el delta de un río, donde el agua dulce cambia la salinidad cada dos por tres. Imposible que esas criaturas vivieran allí.

La explicación más probable: los plesiosaurios cazaban en profundidad y luego se acercaban a la costa a descansar o dormir después de cazar. Era entonces cuando vomitaban. Las focas peludas y los cocodrilos marinos hacen algo parecido, aunque ellos salen a tierra y estos bichos, por peso y tamaño corporal, se quedaban sumergidos.

El yacimiento se estudió durante tres décadas: es un emplazamiento submarino de almacenamiento de CO₂ junto al campo de gas y petróleo de Troll. A pocos centímetros del vómito aparecieron un hueso y heces fosilizadas. El hueso era de un ictiosaurio, no de un dinosaurio, y eso complicó el puzzle.

Eran más duros de lo que pensábamos (y esto es solo el principio)

Estamos hablando de reptiles marinos que midieron entre 2 y 13 metros y que aguantaron más de 140 millones de años sobre el planeta, con varias extinciones masivas de por medio. Los criptoclídidos, los principales sospechosos del vómito, iban de los 4 a los 8 metros y vivieron entre el Jurásico Medio y el Cretácico Temprano, hace entre 174 y 100,5 millones de años.

Aviso para navegantes: los plesiosaurios no eran dinosaurios, eran reptiles marinos de cuello largo. Puedes echar un ojo a su ficha en Wikipedia para situarte, porque la confusión es la mar de común.

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Knaust lo tiene claro: 'esto no es más que el principio. Hay mucho más que podemos aprender al examinar lo que los animales extintos vomitaban después de alimentarse'. Y ahí le doy la razón, porque casi nunca miramos lo que el animal escupía.

Lo mejor de todo es que hay paralelismos que se entienden en dos segundos. Un búho devolviendo una egagrópila, una foca rascándose en la playa después de comer. La naturaleza lleva repitiendo la misma solución desde bastante antes de que existiera el primer móvil.

🧠 Para soltarlo en la cena

Los plesiosaurios vomitaban conchas en la orilla para no digerirlas.