Bruxismo por estrés: por qué cada vez más jóvenes aprietan los dientes durante el teletrabajo

Los odontólogos detectan un aumento del bruxismo diurno, el que ocurre despierto, ligado al estrés y al uso intensivo de pantallas. El perfil de paciente ha cambiado: ahora son quienes aprietan los dientes frente al ordenador.

Terminas con la mandíbula cargada y no sabes por qué: aprietas los dientes durante horas de teletrabajo sin notarlo. Los odontólogos lo llaman bruxismo diurno.

A ver, primero lo básico. El bruxismo o apretamiento dental tiene dos formas: el céntrico, cuando se aprieta con fuerza, y el excéntrico, cuando los dientes se frotan entre sí, casi siempre de noche.

Lo que ha cambiado es el cuándo. Según la doctora Arletty Rey Oriol, directora médica de la clínica dental de Institutos Odontológicos de Pamplona y odontóloga en IO Pamplona e IO Bilbao, el bruxismo diurno, el que ocurre despierto, se ha convertido en uno de los mayores retos de la odontología moderna.

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'El bruxismo es sin duda el enemigo número uno en la odontología moderna, muy vinculado al estrés', resume. Y el matiz que más le preocupa es la curva: el apretamiento involuntario durante la vigilia crece empujado por las pantallas y por lo que ella llama estrés tecnológico.

Las consecuencias no se quedan en la boca. El apretamiento continuado hace que los dientes pierdan su altura original, queden planos y expongan la dentina (la capa que hay debajo del esmalte). Eso altera la mordida y sobrecarga la articulación temporomandibular, la ATM (la que conecta la mandíbula con el cráneo). De ahí salen los dolores crónicos de cabeza, oído, y cuello. En los casos más avanzados, el problema puede llegar a destruir el hueso que soporta los dientes.

El problema ya no se queda en la noche: ahora la mandíbula se tensa en la silla, delante de la pantalla, a media mañana.

Los datos clínicos apuntan en la misma dirección. En la última década, y con un pico claro después de la pandemia, la prevalencia de personas que reconocen bruxismo o tensión mandibular se ha disparado. En periodos de alta presión laboral o social, los casos llegan a triplicarse.

El auge del teletrabajo tiene mucho que ver. Trabajar desde el sofá, la cama o una silla que no es ergonómica hace que adelantemos el cuello y encorvemos los hombros. Esa postura sobrecarga la musculatura cervical, que conecta directamente con la ATM. La tensión se acumula y el cuerpo la suelta como puede, muchas veces apretando los dientes.

La hiperconexión remata la faena. En la oficina te levantas a hablar con alguien o a por un café; en casa es fácil encadenar cuatro o cinco horas seguidas pegado a la pantalla sin moverte. Sin esas pausas físicas, mucha gente canaliza la energía acumulada mordiéndose las uñas o los labios sin darse cuenta.

Y luego está el teléfono. Las notificaciones continuas y la manía de responder con inmediatez mantienen al cerebro en un estado de alerta constante. El estrés crónico sube el cortisol y la adrenalina (las hormonas que se activan cuando el cuerpo detecta una amenaza), y el organismo descarga esa tensión con conductas repetitivas: apretar los dientes o morderse los labios.

Las señales que avisan antes de que duela la mandíbula

En la consulta, la especialista se fija en varias pistas que se repiten una y otra vez:

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  • Dientes astillados o planos, sin motivo aparente.
  • Línea alba marcada (una línea blanquecina en la mucosa de la mejilla por el roce de los dientes).
  • Cansancio al masticar.
  • Cefaleas tensionales y dolor de oído o de cuello.

Los dientes astillados o planos son la primera pista, pero no la única. Si te suena alguna de estas señales, no eres el único: es un patrón que las consultas ven cada vez más.

apretar dientes

Lo que el teletrabajo cambió (y lo que una férula no arregla)

El precedente más claro está en la pospandemia, cuando las consultas notaron el pico que la propia especialista sitúa como histórico. Desde entonces el trabajo híbrido se ha quedado y la ergonomía casera sigue siendo la asignatura pendiente. La férula de descarga (una placa a medida que se coloca en la boca) sirve para proteger los dientes y relajar la musculatura de noche. Para el bruxismo diurno, en cambio, la reeducación es la vía más eficaz, no el aparato.

Eso significa algo incómodo, y conviene decirlo: no hay producto que te salve de apretar los dientes a media mañana delante del portátil. La pauta es la llamada regla del espacio. Tus dientes deben mantener una pequeña separación de seguridad: labios cerrados, dientes sin tocarse salvo cuando masticas. Es gratis, no requiere cita previa y falla casi siempre por lo mismo: nos acordamos de ella justo cuando ya duele la mandíbula.

Si quieres empezar esta semana, hazlo por ahí: pausas cada hora, una silla decente si teletrabajas y una revisión si llevas meses con cefaleas tensionales. Y ojo con dejarlo pasar, porque cuando la ATM ya está tocada el tratamiento deja de ser una revisión de rutina.

En resumen (para tu bolsillo y tu salud mental)

  • 🧠 ¿Qué dice el estudio? Los datos clínicos apuntan a un aumento del bruxismo diurno ligado al estrés y a las horas de pantalla en el teletrabajo.
  • 👥 ¿A quién afecta exactamente? A quien pasa la jornada frente al ordenador o al móvil sin pausas, con más casos en los perfiles jóvenes.
  • ¿Qué puedes hacer al respecto? Mantén los dientes separados y los labios cerrados salvo al masticar, y consulta si el dolor se repite.