'Bestseller' arranca en el Teatro Pavón con Nacho Guerreros y una sátira brutal

Había aroma de cita importante en el ambiente teatral madrileño. De estreno donde el patio de butacas se convierte en una pasarela de miradas furtivas, móviles prestos para el check-in y cierta expectativa ácida. La escena capitalina asistió ayer a la consagración de Bestseller, la alocada sátira concebida por la pluma de Ozkar Galán y dirigida con pulso diestro por Gabriel Olivares. Una propuesta producida al alimón por Horma Creativa, Mister Chaise Longue y Vania Produccions que no solo hace reír, sino que escuece con la precisión de un bisturí al retratar la tiranía del algoritmo y la mercantilización del éxito.

El estreno venía precedido por un agudo aparato promocional, pero la verdadera prueba de fuego ante la crítica y la platea se vivió ayer por la noche en las tablas del mítico Teatro Pavón de Madrid. Con una obra que nos confronta de lleno con una pregunta tan antigua como la vanidad, pero tan moderna como una pantalla táctil: ¿hasta dónde estamos dispuestos a llegar por ser tendencia?

De una cena modesta al disparatado milagro de la posverdad

La velada arranca con una puesta en escena ágil, claustrofóbica en su cotidianeidad, que nos traslada al epicentro de la trampa: una cena. Sobre las tablas, un escritor gris, cuya última novela languidece en los estantes sin pena ni gloria, contempla cómo su vida da un vuelco cuando su propia esposa urde una maquiavélica estrategia de promoción. La encargada de ejecutar la metamorfosis es una community manager amoral que decide reescribir no solo la campaña, sino la propia identidad del autor.

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El cebo para el público es tan grotesco como efectivo: convertir la mediocre ficción en un supuesto relato feminista sobre Federico García Lorca que el poeta granadino nunca llegó a escribir. Lo que sigue en el escenario es un ritmo endiablado de equivocaciones, etiquetas infladas y postureo digital. El protagonista, encarnado como un desternillante antihéroe, se descubre transformado en un tótem cultural sin haber modificado una sola coma de su manuscrito original. Con una ironía feroz, el texto expone cómo el apelativo de Lorca se ha utilizado en los últimos tiempos como una perversa etiqueta comercial, vaciando de sentido a los clásicos para vender humo empaquetado en formato bestseller.

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Teaser de 'Bestseller' en el Teatro Pavón

La risa como espejo incómodo frente al imperio de la apariencia

A medida que avanza la representación, la vis cómica de Nacho Guerreros se adueña del recinto. El reconocido actor demuestra un dominio escénico incontestable, transitando del patetismo a la desesperación con la soltura de quien conoce bien la comedia de enredo. A su lado, Ana Arias borda su interpretación desplegando una energía escénica que sostiene la tensión dramática en los momentos más delirantes, secundada con impecable precisión por Rebeca Sala y la actriz peruana Andrea Alvarado, encargadas de dinamitar los diálogos con réplicas afiladas.

El reparto no solo logra mantener la carcajada constante en la sala, sino que traslada con eficacia el amargo dilema que recorre toda la obra. En un entorno donde existir es mostrarse, la función actúa como un reflejo nada piadoso de nuestras propias miserias digitales. Los personajes se debaten en el abismo de confundir la visibilidad con el mérito real, llevando al espectador a cuestionarse si acaso figuras de la talla de Dostoievski no habrían terminado hoy entregadas a las artes de un hábil gestor de redes para no morir en el olvido de las librerías.

Triunfo de la alta comedia en una cartelera necesitada de mordacidad

Ovación cerrada cerró la velada de estreno en el escenario de Embajadores. La apuesta de Gabriel Olivares por la alta comedia teatral —un género tan exigente como escaso en la programación madrileña actual— ha demostrado ser un acierto rotundo y algo que siempre busca el público habitual de las salas madrileñas.

Bestseller no juzga de forma condescendiente, sino que prefiere utilizar el humor como una linterna que ilumina las grietas de una sociedad obsesionada con la fama instantánea. En definitiva, la obra de Ozkar Galán convierte el espejo de nuestras vanidades en uno de los espectáculos imprescindibles de la temporada teatral del Pavo, y por tanto, de la capital. Las representaciones continúan en el Teatro Pavón, y todo apunta a que, esta vez sí por méritos propios, la función colgará o estará cerca de poner el cartel de "no hay billetes" en la mayoría de sus representaciones.