El temor al eclipse, una semana después: los españoles imitaron a Estados Unidos, pero los oftalmólogos han dado su veredicto

Las búsquedas de "dolor de ojos eclipse" se dispararon más de un 5.000 % en Google, pero las más de 530 atenciones médicas registradas en todo el país arrojan un balance tranquilizador, sin apenas casos graves.

Ha pasado una semana desde que la Luna se interpuso entre el Sol y la Tierra sobre los cielos de España, y el primer eclipse total visible desde la península ibérica en más de un siglo sigue dejando rastro. No tanto en las retinas de quienes lo contemplaron —los datos sanitarios invitan a la calma— como en los buscadores de internet y en un debate social que ha puesto el foco en la responsabilidad de quienes acumulan millones de seguidores en redes.

El 12 de agosto de 2026, la franja de totalidad cruzó el norte de la península de oeste a este al atardecer. Ciudades como León, Burgos, Bilbao, Guadalajara o Zaragoza vivieron durante unos minutos una oscuridad insólita, mientras que en otras partes del resto del territorio el fenómeno se experimentó como parcial. Millones de personas salieron a calles, miradores, parques y azoteas, muchas de ellas equipadas con las gafas homologadas con certificación ISO 12312-2 que las autoridades sanitarias habían distribuido y recomendado durante semanas. Pero no todos siguieron las indicaciones.

Las horas posteriores al eclipse dejaron una huella muy reconocible en Google. Según los datos de Google Trends que hemos consultado en este diario, el interés de búsqueda por "dolor de ojos eclipse" se disparó más de un 5.000 % tanto respecto a la semana anterior como respecto al mismo periodo del año pasado. La curva, prácticamente plana hasta el martes 11 de agosto, se volvió vertical el miércoles 12, día del fenómeno, y alcanzó su pico máximo el jueves 13. Desde ahí descendió de forma progresiva hasta diluirse casi por completo al inicio de esta semana.

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Busquedas en Google de dolor de ojos tras el eclipse
Búsquedas en Google de dolor de ojos tras el eclipse | Fuente: Google Trends

El patrón no era nuevo. En abril de 2024, cuando un eclipse total cruzó Estados Unidos de costa a costa, un estudio publicado en la revista Eye por los investigadores Ethan Waisberg, Joshua Ong y Andrew Lee documentó que la búsqueda "my eyes hurt" se disparó al comenzar la fase de totalidad, y que los estados con mayor volumen de consultas coincidían exactamente con la trayectoria de la sombra lunar. Vermont, Arkansas, Michigan, Ohio e Indiana lideraron aquel repunte, que después se tradujo en un aumento real de pacientes en las urgencias oftalmológicas, según confirmó un estudio posterior en Nature. España ha reproducido ese mismo guion prácticamente calcado.

Junto al término principal, Google Trends detectó como búsquedas emergentes "dolor de cabeza eclipse" y "dolor de cabeza después del eclipse", un dato que no es menor desde el punto de vista clínico. La cefalea figura entre los síntomas reconocidos de la retinopatía solar, la lesión que puede producirse al mirar directamente al Sol sin protección adecuada. Sin embargo, y aquí reside la paradoja que los especialistas han subrayado estos días, el dolor de ojos o el escozor no son necesariamente indicativos de daño en la retina. Lo verdaderamente preocupante es otra cosa.

Aumento de búsquedas sobre dolor de ojos y cabeza tras el eclipse en Google
Aumento de búsquedas en Google sobre dolor de ojos y cabeza tras el eclipse | Fuente: Google Trends

Los datos sanitarios tranquilizan pese al susto inicial

El balance que fueron ofreciendo las comunidades autónomas a lo largo de las siguientes 48 horas respaldó esa lectura. Más de 530 personas fueron atendidas en los distintos servicios de salud de toda España por dolencias relacionadas con el eclipse, según los datos recopilados por Europa Press. La Comunidad de Madrid sumó 101 atenciones médicas, Cataluña atendió a 134 personas —de las cuales 40 presentaron afecciones oftalmológicas—, Andalucía registró 44 consultas en urgencias oftalmológicas, y Murcia contabilizó 32 visitas al médico por problemas en los ojos. En Aragón se acumuló una treintena de asistencias o consultas telefónicas, y Extremadura atendió a tres pacientes por alteraciones visuales.

La constante en todos los territorios fue la misma. La inmensa mayoría de los casos eran leves. Ninguna comunidad informó de ingresos hospitalarios ni de intervenciones quirúrgicas derivadas del eclipse. Las consultas estuvieron motivadas, en gran medida, por la aprensión más que por un daño real. Como apuntaron los oftalmólogos, la retina carece de receptores dolorosos, de modo que una persona puede sufrir una lesión sin notar molestia inmediata y, al mismo tiempo, experimentar un escozor intenso que no tiene relación alguna con un daño retiniano.

La principal preocupación de los especialistas se centraba en quienes hubieran mirado al Sol sin filtros adecuados, ya que la retinopatía solar puede manifestarse horas después con síntomas como visión borrosa, una mancha oscura central o distorsiones en el campo visual. Transcurrida una semana, esas lesiones graves no se han materializado de forma significativa, aunque los expertos insisten en que cualquier alteración visual nueva todavía debería motivar una consulta.

El precedente histórico también ayuda a contextualizar. Tras el eclipse total que se observó en el Reino Unido en 1999, el mayor estudio nacional posterior identificó 70 casos de pérdida visual. La mitad quedó documentada en los dos primeros días y el 84 % mostraba una anomalía macular. Sin embargo, ninguna persona seguía perdiendo visión pasados seis meses, y una cohorte de seguimiento a largo plazo encontró que los escotomas centrales persistentes a los siete meses se habían resuelto a los veintiuno.

Personas durante el Eclipse total de Sol, en el Observatorio de Yebes, a 12 de agosto de 2026, en Yebes, Guadalajara
Personas durante el Eclipse total de Sol, en el Observatorio de Yebes, a 12 de agosto de 2026, en Yebes, Guadalajara | Fuente: Agencias

La retinopatía solar no conduce inevitablemente a la ceguera permanente, pero tampoco es un mero susto, ya que no existe un tratamiento demostrado capaz de reparar con certeza el tejido dañado. La prevención sigue siendo la herramienta fundamental.

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Y es precisamente en el terreno de la prevención donde ha estallado el otro gran debate de esta semana. Varios creadores de contenido con audiencias millonarias aprovecharon los días previos y posteriores al eclipse para cuestionar el despliegue informativo e institucional, alimentando teorías conspiranoicas que, aunque minoritarias, alcanzaron a millones de personas.

Carlos García, conocido en redes como Carliyo, planteó ante sus 1,7 millones de seguidores en TikTok y otros 700.000 en Instagram que toda la atención mediática era una "cortina de humo" orquestada por "los de arriba" para tapar los problemas del país. Marcos Llorente, futbolista del Atlético de Madrid y habitual de polémicas pseudocientíficas, calificó el despliegue de "pan y circo" destinado a "mantener a la gente entretenida, mirando hacia otro lado", aunque posteriormente matizó que él nunca había recomendado ver el eclipse sin gafas.

Violeta Mangriñán, con 2,5 millones de seguidores en Instagram, desató otra polémica al comparar las gafas homologadas para el eclipse con las lentes amarillas sin respaldo científico que popularizó el propio Llorente, sugiriendo que resultaba "incongruente" comprar las primeras mientras se criticaban las segundas.

Asimismo, se ha podido documentar la circulación de contenidos que atribuían al eclipse a propiedades paranormales, espirituales o incluso conspirativas, desde supuestos rituales de las élites hasta teorías sobre gafas de protección concebidas como instrumentos de control. Como señaló el divulgador Daniel Marín en su análisis posterior del eclipse, en una época de terraplanistas y conspiranoicos por todos lados, conviene asumir que siempre existirá un porcentaje pequeño pero no despreciable de personas con comportamientos irracionales. Sin embargo, cuando ese discurso se amplifica desde cuentas con millones de seguidores, el riesgo se multiplica.

La polémica ha terminado por alimentar un movimiento más amplio de cuestionamiento a los influencers en España, con campañas de boicot que circulan en TikTok y una reflexión pública sobre los límites de opinar de todo ante audiencias masivas sin conocimiento alguno de la materia. El eclipse, en cierto modo, ha funcionado también como un revelador social.

Los próximos eclipses que veremos en España

La buena noticia para quienes se quedaron con ganas de más —o quienes esta vez no pudieron disfrutar del fenómeno— es que España tiene por delante una oportunidad excepcional. Lo que el Instituto Geográfico Nacional ha bautizado como el "Trío Ibérico" es una sucesión de tres eclipses solares visibles desde la península entre 2026 y 2028, algo sin precedentes en la historia reciente.

Vista del eclipse solar total, a 12 de agosto de 2026, en San Millán de los Caballeros, León
Vista del eclipse solar total, a 12 de agosto de 2026, en San Millán de los Caballeros, León | Fuente: Agencias

El 2 de agosto de 2027, un nuevo eclipse total cruzará el sur del país, con la franja de totalidad pasando por Ceuta, Melilla, casi toda la provincia de Cádiz, gran parte de Málaga y las zonas más meridionales de Granada y Almería. A diferencia del de 2026, que ocurrió al atardecer, este tendrá lugar a media mañana, con el Sol alto en el horizonte, lo que facilitará la observación. En Tarifa, la totalidad durará 4 minutos y 38 segundos, y en Ceuta, 4 minutos y 48 segundos.

El tercer episodio del trío llegará el 26 de enero de 2028 con un eclipse anular, en el que la Luna no cubrirá por completo el disco solar, sino que dejará visible un espectacular "anillo de fuego". La franja de anularidad cruzará la mitad sudeste del territorio, desde Andalucía hasta la Comunidad Valenciana, pasando por Castilla-La Mancha, Murcia y parte de Cataluña. Sevilla disfrutará de más de 7 minutos de anularidad, y ciudades como Córdoba, Albacete o Valencia también estarán dentro de la franja. Tras este tercer eclipse, para poder ver otro eclipse total de Sol desde España habrá que esperar hasta 2053, lo que convierte al trío ibérico en una ventana astronómica que difícilmente volverá a repetirse para la mayoría de quienes hoy la presencian.