Jordi Cruz revela el truco sencillo para que las patatas no broten en plena ola de calor

El jurado de MasterChef desvela en Instagram un truco de almacenamiento que muchos hogares españoles llevan haciendo mal toda la vida. Basta con cambiar de sitio dos alimentos de la despensa para notar la diferencia en pocos días.

Las patatas son de esos alimentos que parecen indestructibles hasta que, un buen día, abres el cajón de la despensa y las encuentras cubiertas de brotes blanquecinos. Con las altas temperaturas del verano, ese proceso se acelera todavía más, y lo que antes tardaba semanas ahora puede pasar en pocos días.

El chef Jordi Cruz, jurado de MasterChef, ha compartido en su perfil de Instagram un consejo que parte de un error muy común en las cocinas españolas: guardar patatas, cebollas y ajos en el mismo rincón, como si fueran vecinos naturales de despensa.

Por qué las patatas brotan antes con el calor

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La patata no es un alimento inerte. Sigue "respirando" después de la cosecha, y eso significa que reacciona a su entorno mucho después de salir de la tierra. El calor, la humedad y la luz son los tres aceleradores principales de la germinación, y en verano los tres factores suelen darse a la vez en una cocina española.

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Cuando la temperatura ambiente sube, la patata interpreta las condiciones como una señal para "despertar" y generar brotes, su mecanismo natural de reproducción. Por eso el mismo tubérculo que en enero aguanta un mes sin problema, en agosto puede empezar a brotar en cuestión de días.

El truco de Jordi Cruz: separar patatas de cebollas

El gesto que propone Jordi Cruz es tan simple como cambiar de estantería un par de alimentos. Según explica el chef, las cebollas liberan gases que aceleran la germinación de las patatas cuando ambas comparten espacio, por lo que conviene mantenerlas alejadas entre sí en la despensa.

En cambio, propone acercar las patatas a los ajos. Este detalle no es casualidad: el ajo contiene alicina y otros compuestos azufrados que, lejos de estimular los brotes, actúan como un freno natural al proceso de germinación. Es literalmente el efecto contrario al de la cebolla.

Cómo guardar bien las patatas en verano

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Más allá del truco puntual, hay condiciones generales que marcan la diferencia cuando el termómetro no baja. Un lugar fresco, oscuro y bien ventilado es la combinación ganadora, algo que en pleno verano no siempre resulta sencillo de encontrar en una cocina pequeña.

Conviene también evitar bolsas de plástico cerradas, que retienen humedad y calor. Una caja de madera, una cesta de mimbre o simplemente una bolsa de tela dejan que el aire circule y retrasan visiblemente la aparición de brotes, incluso en los meses más calurosos del año.

Errores que aceleran la germinación

Muchos hogares cometen, sin saberlo, pequeños errores que precipitan el proceso. No se trata solo de la cercanía con la cebolla: hay otros hábitos igual de extendidos que juegan en contra de la conservación.

Entre los más comunes destaca lavar las patatas antes de guardarlas, algo que parece higiénico pero que en realidad favorece la aparición de moho. También influye dejarlas cerca de fuentes de calor como el horno o el radiador, algo especialmente relevante en verano si la cocina recibe sol directo.

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  • Lavar las patatas antes de almacenarlas (mejor solo antes de cocinarlas)
  • Guardarlas junto a frutas como manzanas o plátanos, que liberan etileno
  • Dejarlas expuestas a la luz directa, aunque sea indirecta desde una ventana
  • Meterlas en la nevera, donde el frío altera su almidón y su sabor

¿Se pueden aprovechar las patatas que ya han brotado?

No todo brote significa que haya que tirar la patata directamente a la basura. Si el brote es pequeño y la patata sigue firme, basta con retirar bien esa zona junto con cualquier parte verdosa antes de cocinarla, ya que ahí se concentra la solanina, una sustancia que en grandes cantidades resulta tóxica.

La cosa cambia si la patata está muy arrugada, blanda o presenta un color verde muy extendido. En ese caso, lo más prudente es descartarla, porque el deterioro suele ir más allá de lo superficial y afecta a su textura y sabor.

Un truco que gana sentido con el cambio climático

Con veranos cada vez más largos y calurosos en España, este tipo de trucos de conservación dejan de ser una curiosidad y empiezan a formar parte del sentido común doméstico. Lo que antes era un consejo de abuela cobra ahora más relevancia práctica, simplemente porque las condiciones de las cocinas han cambiado.

La buena noticia es que no hace falta ningún gasto ni aparato especial: solo un poco de orden en la despensa y sentido común a la hora de decidir qué alimentos comparten espacio. Pequeños gestos como este son, al final, los que marcan la diferencia entre tirar comida o aprovecharla hasta el último día.