Plasencia, junto al río Jerte y en el norte de Cáceres, es una de las ciudades más monumentales de Extremadura. Fundada en 1186 por Alfonso VIII, fue sede episcopal, lo que explica la abundancia de palacios e iglesias. Su casco histórico, declarado conjunto histórico-artístico, conserva la trama medieval con muralla, casonas y templos góticos. Esta lista reúne diez monumentos imprescindibles para comprender su evolución, desde la Catedral hasta el Acueducto y la Plaza Mayor, el corazón de la ciudad desde hace siglos.
El criterio de selección ha sido la relevancia histórica y arquitectónica, así como la variedad de estilos, usos y funciones. Se ha querido reunir tanto edificios religiosos como civiles, representativos de distintas épocas. La lista abarca desde el conjunto catedralicio hasta la Plaza Mayor, pasando por palacios nobiliarios y elementos urbanos como la Muralla y el Acueducto. Además, la mayoría de ellos pueden visitarse fácilmente o contemplarse desde el espacio público, lo que permite un agradable paseo a pie por la historia de Plasencia.
9Convento de Santo Domingo
El convento que hoy se conoce como de Santo Domingo es en realidad el de San Vicente Ferrer, fundado a finales del siglo XV por los duques de Plasencia, Álvaro de Zúñiga y Leonor de Pimentel. La leyenda cuenta que su hijo Juan, dado por muerto, resucitó por intercesión del recién canonizado san Vicente Ferrer y, en agradecimiento, la pareja levantó el cenobio en la Mota, el solar de la antigua sinagoga y el cementerio judío, con un juro de 50.000 maravedíes de Enrique IV y una bula de Sixto IV. Obra del cantero Pedro González, el edificio albergó las cátedras que dieron origen a la primera universidad de Extremadura y en 1628 fue elegido uno de los Estudios Generales de la Orden de Predicadores. Aquel niño resucitado, Juan de Zúñiga, llegó a ser maestre de Alcántara, arzobispo de Sevilla y protector de Nebrija, y sus restos reposan en la iglesia adosada.
El conjunto, tardogótico con aire renacentista, se articula en torno a un claustro de dos plantas, de unos 800 metros cuadrados, con artesonado mudéjar, esgrafiados y pinturas murales. Su pieza más espectacular es la escalera volada del Aire, en granito (1577), considerada una de las más bellas de España: sostenida sobre arcos irregulares, recibe la luz de una linterna y muestra los escudos de los Zúñiga junto a una alusión a la escalera de Jacob. La sala capitular se cubre con bóvedas estrelladas y el refectorio renacentista conserva el friso de azulejos talaveranos del siglo XVI, el púlpito de piedra y la bodega excavada en la roca. Desde el año 2000 el convento, declarado Bien de Interés Cultural, es sede del Parador de Turismo, con visitas libres a sus zonas comunes; la iglesia de Santo Domingo, adosada, alberga el museo de Semana Santa.
