La NASA halla el indicio más prometedor hasta ahora de que TRAPPIST-1e podría tener agua líquida

Los datos del James Webb no confirman agua líquida, pero sí ofrecen el indicio más sólido hasta la fecha. Científicos del MIT explican qué significa este hallazgo para la búsqueda de vida fuera del sistema solar.

La NASA acaba de anunciar el hallazgo que la comunidad astronómica llevaba años esperando. El telescopio espacial James Webb ha detectado la primera pista firme de que TRAPPIST-1e, un planeta prácticamente idéntico en tamaño a la Tierra, podría conservar una atmósfera propia.

No es una confirmación definitiva de agua líquida, pero sí el indicio más prometedor obtenido hasta ahora sobre este mundo situado a 40 años luz. Y llega justo cuando otro planeta del mismo sistema, TRAPPIST-1d, acababa de quedar descartado como candidato habitable.

Qué ha detectado la NASA en TRAPPIST-1e

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El equipo, liderado por la investigadora Ana Glidden desde el Instituto Kavli de Astrofísica del MIT, ha analizado cuatro tránsitos del planeta frente a su estrella. Cada vez que TRAPPIST-1e pasa por delante de TRAPPIST-1, una parte de la luz estelar atraviesa su posible atmósfera y deja una huella química que el Webb es capaz de leer.

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Los resultados no son un "sí" rotundo, pero tampoco descartan la presencia de aire alrededor del planeta. Esa ambigüedad mantiene viva la posibilidad de que este mundo albergue las condiciones necesarias para el agua líquida en superficie.

Por qué este exoplaneta es un candidato tan especial

El NASA ha señalado que TRAPPIST-1e es un planeta rocoso que orbita dentro de la zona habitable de una estrella enana ultrafría, a unos 40 años luz de la Tierra. Fue descubierto en 2017 gracias al telescopio TRAPPIST, que detectó hasta siete planetas orbitando la misma estrella.

Su masa, su radio, su densidad e incluso la cantidad de luz que recibe de su estrella son sorprendentemente parecidos a los de la Tierra. Eso lo convierte, sobre el papel, en uno de los mejores laboratorios naturales para poner a prueba si un planeta pequeño y rocoso puede retener aire pese a orbitar tan cerca de una estrella pequeña y activa.

El reto de leer una atmósfera a 40 años luz de distancia

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Detectar una atmósfera a esa distancia no es tarea sencilla. La señal que produce un planeta del tamaño de la Tierra al cruzar su estrella es extremadamente débil, y separarla del ruido instrumental exige observaciones repetidas y una paciencia casi artesanal por parte del equipo científico.

Por eso los cuatro tránsitos analizados forman parte de una iniciativa mayor, bautizada como DREAMS, que combina varios instrumentos del Webb para reconstruir, tránsito a tránsito, el mapa químico de este pequeño mundo. Cada nueva observación suma una pieza más al rompecabezas.

Qué pasaría si finalmente hay agua líquida

Si se confirma que el planeta cuenta con una atmósfera estable, los investigadores creen que el agua podría existir de dos formas muy distintas. Una posibilidad es un océano global que cubra buena parte de la superficie, similar a lo que ocurrió en la Tierra primitiva.

La otra opción, más probable según los modelos actuales, es que el agua se concentre en una zona reducida, rodeada de hielo, cerca del punto donde la estrella se sitúa en un perpetuo mediodía. Esto se debe a que TRAPPIST-1e probablemente tiene rotación síncrona con su estrella, como el resto de planetas de su sistema.

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Un efecto invernadero muy particular

Para que exista agua líquida en superficie, los científicos apuntan a que haría falta cierta cantidad de dióxido de carbono en la atmósfera. Ese gas actuaría como una manta térmica, reteniendo el calor suficiente para evitar que el planeta se congele por completo.

La comparación con TRAPPIST-1d

El contraste con TRAPPIST-1d, del mismo sistema, resulta revelador. Mientras ese planeta ya fue descartado por carecer de atmósfera terrestre, TRAPPIST-1e sigue en la carrera, lo que refuerza que no todos los mundos rocosos se comportan igual incluso dentro del mismo sistema estelar.

Lo que viene ahora para la investigación

Los próximos meses serán decisivos para el equipo científico de la NASA. El plan es sumar más tránsitos a los ya analizados para reducir el margen de error y despejar de una vez la incógnita sobre la naturaleza real de esta atmósfera.

Entre los datos que se esperan confirmar están:

  • La composición exacta de los gases detectados
  • La presión atmosférica estimada del planeta
  • La posible presencia de nubes o neblinas
  • Indicios adicionales de vapor de agua en próximas observaciones

Una nueva era para la caza de mundos habitables

Lo que está ocurriendo con TRAPPIST-1e es, en el fondo, un ensayo general de lo que la astronomía hará durante la próxima década. Cada tránsito analizado perfecciona la técnica y acerca a los científicos al día en que puedan responder con certeza si un planeta tan lejano es habitable.

El propio equipo de investigación ha reconocido la magnitud del momento: medir los detalles de la luz estelar alrededor de un planeta del tamaño de la Tierra a 40 años luz y obtener pistas sobre si la vida podría ser posible allí es, sencillamente, un hito que hace apenas una década parecía ciencia ficción. La cautela sigue siendo la norma, pero el optimismo, esta vez, tiene datos detrás.