El ruido del tráfico y el párkinson: un estudio alerta sobre un nuevo factor de riesgo

La contaminación acústica del tráfico podría sumarse a la lista de factores de riesgo de la enfermedad neurodegenerativa, según un macroestudio danés con casi dos décadas de seguimiento. Los expertos apuntan a la alteración del sueño y el estrés oxidativo como posibles mecanismos

Vivir cerca de una carretera ruidosa podría pasar factura al cerebro. Un estudio danés con más de tres millones de personas seguidas a lo largo de casi dos décadas advierte de que la exposición crónica al ruido del tráfico aumenta el riesgo de desarrollar párkinson. La investigación, publicada en julio de 2026 en la revista JAMA Neurology, abre una nueva ventana a la prevención de esta enfermedad neurodegenerativa.

¿Qué ha descubierto el estudio danés?

El trabajo, liderado por la investigadora Mette Sørensen, analizó los registros clínicos de más de tres millones de personas mayores de 40 años durante un seguimiento de casi 20 años. Los autores estimaron la exposición al ruido del tráfico en cada domicilio, teniendo en cuenta tanto la fachada más expuesta como la más tranquila de la vivienda. Los resultados, publicados en JAMA Neurology, muestran que el riesgo de párkinson aumentó entre un 3 % y un 4 % por cada incremento significativo de ruido.

Además, vivir en una casa con una zona más silenciosa reducía el riesgo en comparación con quienes estaban sometidos a niveles elevados de ruido en todos los lados de su hogar. Este matiz, subrayan los autores, sugiere que incluso pequeñas mejoras en el entorno sonoro doméstico podrían marcar una diferencia.

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¿Por qué el ruido podría dañar el cerebro?

Aunque el estudio no profundiza en el mecanismo causal, varios expertos apuntan a explicaciones biológicas. El ruido crónico activa el sistema nervioso simpático, eleva el estrés oxidativo y favorece la inflamación, procesos que también están implicados en la neurodegeneración.

La alteración del sueño es otro factor crucial. Según Jannette Rodríguez Pallares, investigadora del CiMUS-USC, el ruido nocturno del tráfico fragmenta el descanso e interfiere en en los mecanismos de limpieza cerebral que se activan durante la noche. "Eso podría acelerar el desarrollo de la enfermedad en personas predispuestas", explica la experta.

Tras cada decibelio extra de ruido nocturno se esconde un riesgo silencioso: la pérdida de las horas de sueño profundo que el cerebro necesita para eliminar sustancias tóxicas.

Ana Isabel Rodríguez Pérez, también del CiMUS-USC, califica el hallazgo como "la evidencia más sólida hasta el momento" sobre la relación entre el ruido del tráfico y el párkinson. Fernando Alonso Frech, neurólogo del HM-CINAC, añade que la exposición crónica al ruido se ha vinculado previamente con alteraciones de los ritmos circadianos, lo que encaja con el nuevo resultado.

¿Qué implicaciones tiene para la salud pública?

El estudio refuerza la necesidad de políticas públicas que reduzcan la contaminación acústica en las ciudades, sobre todo en zonas residenciales. Los expertos proponen medidas como instalar barreras acústicas, mejorar el aislamiento de los edificios o rediseñar las fachadas para orientarlas hacia áreas más silenciosas.

También sugieren limitar el tráfico en determinadas calles y promover un urbanismo que priorice la calidad del descanso. La conexión entre ruido y salud cerebral, subrayan, convierte al silencio en un recurso de prevención que debería incluirse en las estrategias de salud pública.

El hallazgo se suma a la evidencia acumulada sobre los efectos nocivos del ruido del tráfico, que ya se había relacionado con enfermedades cardiovasculares, metabólicas y cognitivas. Ahora, el párkinson entra en esa lista, lo que amplía el foco de atención más allá de la calidad del aire.

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📌 El foco social: las claves

  • 🔎 Qué es lo importante: Un macroestudio danés asocia el ruido del tráfico con un mayor riesgo de desarrollar párkinson.
  • 👥 Quiénes son los afectados: Residentes en zonas urbanas con alta exposición al tráfico, especialmente aquellos sin fachadas tranquilas.
  • ➡️ Qué consecuencias puede traer: La necesidad de incorporar la reducción del ruido como medida de salud pública y de urbanismo preventivo.