Cada 23 de junio, la Iglesia Católica recuerda a un hombre que eligió pasar sus mejores años entre asesinos, ladrones y reos de muerte. San José Cafasso no lo hizo por obligación ni por oficio: lo hizo porque estaba convencido de que en cada persona, por muy rota que estuviera, había una chispa que merecía la pena encender. Nacido en 1811 en Castelnuovo d'Asti, en el Piamonte italiano, desde niño ya lo llamaban «el santito» en el pueblo.
Lo que distingue a este santo del resto del santoral no es una historia de martirio ni de milagros espectaculares. Es algo más sencillo y más difícil a la vez: la coherencia total entre lo que predicaba y lo que vivía. Con una deformidad en la columna que le causó dolencias toda su vida, se ordenó sacerdote con apenas 21 años y dedicó su existencia a los que el siglo XIX había decidido descartar.
San José Cafasso, el hombre que entró en la cárcel sin que nadie le obligara
El Turín del siglo XIX no era precisamente un lugar misericordioso con sus presos. Las cárceles eran sitios de abandono, humillación y muerte anunciada. San José Cafasso se convirtió en capellán de la prisión de Turín y allí encontró su verdadera vocación: acompañar a los condenados a muerte en sus últimas horas, confesarlos, abrazarlos y caminar junto a ellos hasta el patíbulo.
Se calcula que acompañó así a 68 reos en su camino hacia la horca a lo largo de su ministerio. No llegaba a juzgar; llegaba a consolar. Conversiones que nadie esperaba, serenidad en los peores momentos, arrepentimientos genuinos en el último segundo: eso era lo que dejaba Cafasso a su paso por las celdas de Turín.
San José Cafasso y Juan Bosco: la amistad que cambió la historia
San José Cafasso fue mucho más que capellán de cárceles. Como rector del Convictorio Eclesiástico de San Francisco de Asís en Turín, formó a toda una generación de sacerdotes, entre ellos al joven Juan Bosco, al que conoció cuando era apenas un niño y al que financió los estudios en el seminario cuando la familia no podía pagárselos.
Fue el propio Cafasso quien llevó al joven Juan Bosco a visitar la cárcel por primera vez. Aquella visita marcó al futuro Don Bosco de por vida: ver a los jóvenes presos sin educación ni futuro encendió en él la chispa de su obra salesiana, la congregación que hoy trabaja en 134 países. Sin Cafasso, es difícil imaginar que existiera Don Bosco tal como lo conocemos.
San José Cafasso: Lo que le decía a los condenados minutos antes de morir
Hay una frase de San José Cafasso que resume toda su teología: «No será la muerte sino un dulce sueño para ti, alma mía, si al morir te asiste Jesús, y te recibe la Virgen María». La pronunció poco antes de morir él mismo, el 23 de junio de 1860, un sábado, como había deseado, porque era el día de la Virgen.
Tenía 49 años. Le habían consumido las dolencias físicas y un ritmo de trabajo que no conocía el descanso. San Juan Bosco presidió sus funerales y lo describió como «maestro del clero, consejero seguro, consuelo de los moribundos y gran amigo». Toda la ciudad de Turín lo lloró, especialmente los pobres y los sacerdotes que tanto le debían.
La canonización y el legado de San José Cafasso
El reconocimiento de la Iglesia
San José Cafasso fue canonizado en 1947 por el papa Pío XII, casi noventa años después de su muerte. La Iglesia lo declaró patrono de las cárceles italianas y de los presos condenados a muerte, un título que en pleno siglo XXI sigue siendo más relevante que nunca. Su figura recuerda que la dignidad de una persona no depende de lo que haya hecho.
El «ángel de las cárceles» en la memoria colectiva
Más allá de la devoción religiosa, San José Cafasso representa una manera de entender la compasión que pocas épocas han sabido sostener con tanta coherencia. No eligió a sus «beneficiarios»: eligió a los que nadie más quería. Junto a él, formó a otros santos como San Leonardo Murialdo y el Beato Clemente Marchisio, lo que convierte su magisterio en uno de los más fecundos del siglo XIX.
Cuatro datos sobre San José Cafasso que sorprenden
- Nació en el mismo pueblo que Juan Bosco: Castelnuovo d'Asti, hoy renombrado Castelnuovo Don Bosco en honor a su alumno más famoso.
- Fue ordenado sacerdote con 21 años, edad que entonces requería una dispensa especial por considerarse demasiado joven.
- Acompañó a 68 condenados a muerte en el patíbulo a lo largo de su vida como capellán de la cárcel de Turín.
- Su proceso de canonización se inició poco después de su muerte, pero no se completó hasta 1947, bajo el pontificado de Pío XII.
San José Cafasso hoy: por qué su mensaje llega más lejos que nunca
En una época donde los sistemas penitenciarios de medio mundo debaten entre el castigo y la rehabilitación, la figura de San José Cafasso vuelve a cobrar una vigencia inesperada. Su convicción de que cualquier persona puede cambiar, incluso en el último minuto de vida, es un recordatorio incómodo pero necesario para sociedades que tienden a etiquetar para siempre a quienes cometen errores.
El legado de San José Cafasso no vive solo en los libros de hagiografía: vive en los más de 134 países donde trabajan los Salesianos, en los colegios que llevan el nombre de Juan Bosco, en cada capellán de prisión que entra hoy en una celda sin juzgar. Aquel sacerdote pequeño y jorobado del Piamonte sigue siendo, casi dos siglos después, un argumento sólido a favor de la misericordia sin condiciones.





