Vamos al lío: investigadores de la Open University de Reino Unido se propusieron entender cómo influyen de verdad las mascotas en nuestro bienestar diario. Para ello, pidieron a dueños de perros y gatos que respondieran a notificaciones durante cinco días seguidos: un total de 8.000 informes con datos en tiempo real sobre cómo se sentían, qué estaban haciendo y cuánto interactuaban con sus animales.
El resultado, publicado en Frontiers in Psychology, deja claro que acariciar al peludo no reduce el estrés en el momento en que lo sientes. Sí, leer bien: no hay liberación mágica de tensión. La líder del estudio, Mayke Janssens, explica que "las consecuencias de la interacción con la mascota sobre el bienestar son reales, pero no porque ayuden a gestionar el estrés justo cuando aparece".
De hecho, los datos mostraron que la simple presencia del animal ya generaba emociones positivas —alegría, compañía— tanto en dueños de perros como de gatos. El mecanismo de protección frente al estrés, si existe, es otro. Y aún no lo tenemos claro.
El sorprendente efecto del gato: más estrés, no menos
Aquí empieza lo interesante. Con los perros, el estrés no se reducía, pero tampoco empeoraba. Sin embargo, los propietarios de gatos sí experimentaron una intensificación de las emociones negativas cuando ya estaban de bajón. Es decir, en lugar de amortiguar el mal rollo, el contacto con el minino lo amplificaba.
Según Sanne Peeters, coautora del trabajo, una posible explicación es que las interacciones con gatos suelen ser más pasivas y menos exigentes, lo que puede hacerlas más evocadoras emocionalmente. "Un mayor nivel de contacto con el gato puede remover más cosas internas", apunta. Y ojo, porque este hallazgo no fue constante en todos los análisis: la muestra de dueños de felinos era pequeña, así que los investigadores piden cautela antes de sacar conclusiones definitivas.
Lo que está claro es que el tópico de que el gato te calma cuando estás nervioso tiene los días contados. Si tu cabeza ya es un hervidero de emociones, acariciar al gato no va a solucionarlo; incluso puede meterle más leña al fuego.
Acariciar al perro o al gato no te protege del estrés, pero sí te alegra el día si todo va bien.
La clave está en la compañía, no en la bola de pelo
Janssens lo resume así: "La interacción con perros y gatos parece proporcionar beneficios emocionales similares, pero no porque reduzcan el estrés agudo". La hipótesis que manejan es que la sensación de estar acompañados combate la soledad y mejora el estado de ánimo general, algo que no tiene que ver con la especie. O sea, lo que importa de verdad es compartir el sofá con alguien, tenga cuatro patas o no.
¿Significa esto que los perros son mejores que los gatos? Ni de coña. La propia Peeters aclara que "yo no diría que una especie sea mejor o peor mascota" —depende de la personalidad y preferencias de cada uno. Pero si creías que tu gato era un ansiolítico de andar por casa, los datos dicen que te equivocabas.
Así que la próxima vez que vuelvas a casa con un día de perros, abrazar a tu mascota te sentará bien porque te quiere y está ahí. Pero no esperes que borre el estrés como una pastilla. Eso, por ahora, solo lo hace un buen rato de silencio, una ducha larga o, directamente, cerrar el portátil a las seis.
🧠 Para soltarlo en la cena
La compañía alivia el estrés; los gatos amplifican el malestar.




