La mayor evasión carcelaria de la España contemporánea no ocurrió en una película de Hollywood, sino en Segovia, en plena primavera de 1976. Veintitrés años de dictadura pesaban sobre los muros de aquel penal cuando un grupo de presos políticos decidió que la paciencia, bien organizada, podía más que el hormigón y la represión. El golpe fue tan certero que sacudió la credibilidad del aparato penitenciario franquista en su momento más frágil, a solo cinco meses de la muerte de Franco.
Lo que convierte esta historia en algo excepcional no es solo el resultado, sino la ingeniería de lo cotidiano: días y semanas de picar en silencio, disimulando el ruido con voces y risas, tapando el avance del túnel con una tapa de baldosas que nadie parecía ver. En Segovia, la paciencia se convirtió en la herramienta más peligrosa que jamás cruzó los muros de una cárcel.
La cárcel de Segovia y el plan que casi fracasó antes de empezar
Ya en 1975 los presos habían diseñado un primer plan de fuga, pero los planos del alcantarillado del penal de Segovia cayeron en manos de la policía gracias al infiltrado Mikel Lejarza, conocido como «El Lobo». Aquel tropiezo podría haber acabado con todo, pero la determinación del grupo —formado principalmente por militantes de ETA junto a activistas catalanes del MIL, el FRAP y el FAC— resultó más fuerte que la traición. Meses después recomenzaron desde cero, esta vez con mayor sigilo y sin confiar los planos a nadie ajeno al penal.
La segunda oportunidad llegó cuando descubrieron que los lavabos tenían doble pared. Esa cavidad oculta fue la puerta de entrada al túnel que cambiaría la historia penitenciaria española. Koldo Aizpurua Berasategi fue el encargado de picar la piedra día tras día, mientras el resto del grupo levantaba el ruido ambiental para que los guardias no escucharan el trabajo bajo sus pies. Durante seis meses, nadie en el exterior supo nada.
Segovia bajo los pies: 800 metros por el alcantarillado
El túnel conectaba los lavabos del penal con el sistema de alcantarillado de Segovia, y desde allí los 29 fugados debían recorrer casi 800 metros entre aguas fecales hasta salir a una zona industrial donde les esperaba un comando exterior organizado por Miren Amilibia. La operación fue ejecutada a plena tarde, ante las narices de los funcionarios del penal, el 5 de abril de 1976. Nadie lo vio venir.
Escondidos en el tráiler de un camión cargado de madera, los 29 evadidos pusieron rumbo a Navarra con la frontera francesa como destino final. Lo que debía ser un trayecto organizado hasta el paso de montaña se convirtió, por un error de contraseña con el guía, en una odisea nocturna en pleno bosque. La densa niebla y el tamaño del grupo los delataron ante una patrulla de la Guardia Civil.
El desenlace: una vida, veinticuatro arrestos y cuatro fugados
El tiroteo en el bosque de Sorogain acabó con la vida de Oriol Solé Sugranyes, uno de los fugados catalanes, en las horas posteriores al enfrentamiento. El grupo más numeroso, 21 personas, tomó la decisión de entregarse. En los días siguientes, tres militantes más fueron detenidos en Aoiz e Itoiz. Pero cuatro de los evadidos —Carles García Solé, Mikel Laskurain, Koldo Aizpurua y Jesús María Muñoa— lograron esconderse en una casa de Espinal hasta que pudieron cruzar la frontera hacia Francia.
El balance final fue agridulce, como suelen serlo las gestas imposibles: 24 detenidos, un muerto, cuatro exiliados en Francia que acabarían volviendo tras la amnistía de 1977. Pero el daño a la imagen del régimen fue incalculable. Le Monde lo resumió en portada: «La Grande Évasion». En el Madrid de la Transición, nadie pudo ignorar que un penal de máxima seguridad había sido burlado desde dentro.
Por qué la fuga de Segovia sigue siendo única en la historia de España
La fuga de Segovia es considerada la mayor evasión carcelaria del país desde la Guerra Civil, y su singularidad reside en varios factores que la hacen irrepetible:
- Fue planificada en dos fases tras superar la infiltración de un confidente, lo que la dotó de una resiliencia excepcional.
- El túnel fue excavado con medios básicos durante seis meses sin que ningún guardia lo descubriera.
- Implicó a 29 presos de organizaciones distintas que coordinaron roles con precisión milimétrica.
- Su repercusión mediática internacional llegó a la primera página del diario más influyente de Europa.
La película que inmortalizó el túnel de Segovia
En 1981 el director Imanol Uribe rodó La fuga de Segovia con la colaboración directa de Ángel Amigo, uno de los participantes. El filme ganó el Premio de la Crítica en el Festival de San Sebastián y se convirtió en un documento cinematográfico de primera magnitud sobre la Transición española. Lo extraordinario del rodaje es que actores y expresos compartieron set junto a guardias civiles reales del cuartel implicado.
El legado del túnel en la memoria colectiva
La cárcel de Segovia dejó de funcionar como centro penitenciario y el colector por el que escaparon los presos permanece tapiado a día de hoy. Sin embargo, la imagen de aquellos 29 hombres saliendo del túnel de aguas fecales sigue siendo una de las más poderosas de la historia reciente de España. La fuga aparece regularmente en series documentales, como Días de Transición de TV3, y cada aniversario reaviva el debate sobre la memoria histórica del franquismo tardío.
Qué nos dice hoy la fuga de Segovia sobre la resistencia colectiva
Cincuenta años después de aquella tarde de abril, la fuga de Segovia sigue generando libros, documentales y debates porque toca algo muy humano: la capacidad de un grupo de personas para sostener una esperanza compartida en condiciones extremas. La organización colectiva resultó ser el único instrumento que el régimen no pudo confiscar dentro de los muros. Los estudios sobre historia penitenciaria del franquismo señalan que este episodio aceleró las reformas del sistema penitenciario español durante la Transición, una consecuencia que sus protagonistas difícilmente pudieron calcular mientras picaban en silencio bajo los lavabos de Segovia.
La historia también recuerda que las grandes gestas no siempre terminan como sus protagonistas imaginaron. Pero el túnel ya estaba cavado, y eso, cincuenta años después, nadie puede borrarlo.





