La inteligencia artificial no solo genera texto o imágenes: también consume agua y electricidad a un ritmo que preocupa a los activistas. Tanto que el Congreso ha abierto por primera vez el melón del 'decrecimiento digital', una propuesta impulsada por Sumar que busca poner coto al impacto ambiental de los centros de datos.
La jornada parlamentaria, celebrada hace unos días a iniciativa de IU, contó con la participación del colectivo Tu nube seca mi río, referente en la lucha contra la instalación masiva de centros de datos en zonas rurales con estrés hídrico. Su portavoz, Aurora Gómez, fue clara: 'No nos hace falta un internet con inteligencia artificial que genere memes del Jesucristo gamba; necesitamos agua para vivir'.
Qué es exactamente el decrecimiento digital
El término plantea una reducción voluntaria del consumo digital superfluo, volviendo a un modelo de internet más sobrio, sin publicidad invasiva ni vigilancia masiva, y evitando el uso frívolo de la IA generativa. Gómez lo explicó con un símil sencillo: 'Cuando pensamos en decrecimiento digital, hablamos de volver atrás solo cinco años. Quedémonos con un internet mejor y no necesitemos imágenes generadas por inteligencia artificial'.
El ejemplo que más ha trascendido es el del Jesucristo gamba, un meme viral creado con IA que, según los activistas, simboliza el despilfarro energético de una tecnología que consume recursos para generar contenido sin utilidad real. 'No necesitamos memes de gatitos ni imágenes generadas por IA', insistió Gómez.
La idea ha llegado al Parlamento justo cuando los centros de datos se multiplican en España, especialmente en Aragón, donde la comunidad autónoma ha concedido beneficios fiscales a proyectos declarados de interés general (PIGA).
El pueblo de Calatorao, la factura invisible de los centros de datos
Calatorao, un municipio de menos de 3.000 habitantes, acogerá 13 centros de datos de la empresa Blackstone. Según los cálculos de AraInfo recogidos por la activista, el pueblo dejará de ingresar 285 millones de euros en tasas municipales. Una cifra que supera todo el presupuesto anual del municipio durante más de un siglo.
Esa pérdida de ingresos no solo afecta a las arcas locales; supone, según denunció Gómez, perpetuar un modelo donde 'los daños y el impacto nos los llevamos nosotros, los beneficios se los llevan ellos'. Los activistas han detectado, además, que los mismos promotores de macrogranjas están detrás de la inversión en centros de datos.
El decrecimiento digital, tal y como lo plantean los activistas, no busca eliminar internet, sino impedir que la IA se beba el agua de pueblos que ya sufren la despoblación.
España se ha convertido en un destino atractivo para multinacionales como Amazon y Meta, que planean construir centros de datos en varias comunidades. Estos proyectos, a menudo amparados en figuras como el PIGA aragonés, reciben exenciones fiscales que, según los críticos, agravan el agravio para los municipios rurales.
Lo que ya ha pasado en otros países y lo que podría regular España
La moratoria de Singapur a los nuevos centros de datos en 2023, por el consumo 'intensivo' de agua y luz, fue un aviso. Grandes operadores se trasladaron al otro lado de la frontera, a Malasia, y el patrón se repite en Irlanda, Chile o México. España, con una sequía cada vez más frecuente, aspira a ser el nuevo destino de los gigantes tecnológicos, pero sin un marco regulatorio ambiental.
El debate en el Congreso coincide con las alertas del último informe de Ecologistas en Acción, que sitúa a España en riesgo de estrés hídrico extremo en 2050. La demanda de los activistas no es nueva: en Países Bajos, el consistorio de Ámsterdam frenó la construcción de nuevos centros de datos en 2021, y la Comisión Europea estudia una directiva de eficiencia para centros de datos que podría obligar a las grandes tecnológicas a compensar su huella.
La jornada en el Congreso no ha adoptado aún medidas vinculantes, pero ha servido para que legisladores de varios grupos escuchen por primera vez una demanda que ya es mayoritaria en el mundo rural: regular el impacto hídrico y energético de la infraestructura digital. El debate, aseguran fuentes parlamentarias, podría desembocar en una proposición no de ley o en incentivos para que los centros de datos compensen su huella.
📌 En claves: lo que debes saber
- Qué ha pasado: El Congreso ha acogido una jornada sobre la huella climática de la inteligencia artificial y ha escuchado la propuesta de 'decrecimiento digital' defendida por Sumar y colectivos ecologistas.
- Por qué te importa: Los centros de datos que alimentan la IA consumen agua y luz en zonas con estrés hídrico; si se regulan, podría cambiar tu factura de internet y la disponibilidad de agua en el medio rural.
- A quién afecta: A los pueblos que albergan estos centros, que dejan de ingresar impuestos y ven mermados sus recursos hídricos; y a todos los usuarios de internet, cuya demanda de IA acelera la construcción de estas infraestructuras.
- Hacia dónde vamos: El debate podría traducirse en una proposición no de ley para exigir compensaciones ambientales y fiscales a las grandes tecnológicas, siguiendo el ejemplo de países como Singapur o Chile.




