Más allá de los actos multitudinarios, hay un tema delicado que ha marcado la agenda mediática. Hablamos de la reacción de los colectivos de víctimas de abusos en el seno de la Iglesia católica ante las palabras pronunciadas por Felipe VI. El jefe del Estado ha provocado un intenso debate social al referirse públicamente a este asunto, generando un evidente desencanto entre quienes llevan años reclamando justicia y reparación. Te explicamos al detalle los motivos de esta polémica institucional.
La respuesta inicial al discurso de Felipe VI sobre los abusos

Durante su intervención oficial ante el pontífice, Felipe VI mencionó por primera vez el "dolor" causado por estas agresiones en el entorno eclesiástico. No obstante, el monarca añadió un matiz que ha encendido los ánimos de los afectados, asegurando que estos actos "no son representativos de toda la institución".
El representante de la Asociación Nacional de Infancia Robada, conocida por sus siglas ANIR, Juan Cuatrecasas, ha valorado que le ha parecido "muy bien" el discurso inicial de Felipe VI. Pese a esta valoración positiva de las palabras del rey Felipe VI, Cuatrecasas ha querido enviarle un recordatorio directo al monarca. El portavoz ha señalado de forma tajante que los supervivientes siguen "sin noticias de Dios". Esta expresión hace referencia a un hecho concreto y es que, aunque el Vaticano y el propio pontífice han confirmado que habrá un encuentro oficial con afectados españoles, a ellos nadie les ha llamado para participar en la cita.
Críticas frontales a las palabras de Felipe VI y al hermetismo del Vaticano

La postura de Felipe VI no ha encontrado el mismo nivel de comprensión en todos los sectores. Miguel Hurtado, conocido por ser el primer denunciante del caso de abusos en la abadía de Montserrat, ha cargado contra el discurso de Felipe VI, acusando al jefe del Estado de intentar "blanquear" a la institución religiosa.
Hurtado ha mostrado su indignación diciendo que son: "Declaraciones muy desafortunadas diciendo que los abusos no son representativos, negando por tanto su carácter estructural y sistémico". Además, ha advertido de manera rotunda que la intervención de Felipe VI ha sido "un desastre de intervención que ayuda en poco o nada" a la lucha inalcanzable que mantienen las víctimas por conseguir justicia.
Paralelamente a las críticas hacia Felipe VI, las declaraciones que el Papa realizó en el avión oficial también han generado malestar. El pontífice precisó que tiene intención de reunirse con afectados, pero advirtió que no lo hará con todos. Ante esto, el fundador de la Associación Mans Petites y padre de una de las jóvenes que denunció el sonado caso Maristas, Manuel Barbero, ha utilizado la ironía para responder. Barbero señaló que León XIV no puede recibirlos a todos sencillamente porque "no habría un espacio tan grande para reunirse".
A renglón seguido, Barbero denunció la falta de comunicación detallando: "Pero entidades en España que luchen contra la pederastia hay un par de decenas y no ha llamado a ninguna. Llevamos pidiendo una entrevista (con el Papa) desde hace dos meses". Cabe recordar que este esperado encuentro, que no estaba previsto en el itinerario inicial del viaje que finalizará el próximo 12 de junio, reunirá solo a "algunas víctimas de abusos por parte del clero español". La organización de esta reunión ha recaído exclusivamente en la Iglesia española, manteniendo en absoluto secreto tanto el día como la hora exacta del evento.
El rechazo a los gestos vacíos ante el discurso de Felipe VI

Ante esta situación de opacidad, varias organizaciones que no han sido convocadas han decidido alzar la voz. Colectivos como ANIR, AVA, Justive Iniciative, Infancia Robaba Madrid o LulaCris han exigido públicamente al pontífice una escucha "verdaderamente inclusiva". Estas plataformas, que llevan años de trabajo, han manifestado su "profunda preocupación" ante la evidente falta de pluralidad y representatividad en las reuniones previstas.
Las entidades han sido muy claras en su postura frente a las instituciones lideradas por el pontífice y por Felipe VI, sentenciando que: "No queremos una foto con el Papa: queremos derechos y reparación para todas las víctimas". Subrayan con firmeza que su propósito "nunca ha sido una fotografía ni un gesto vacío de contenido".
Aclaran además que no buscan enfrentar a unas agrupaciones con otras, ya que todas las personas afectadas "merecen respeto y consideración". Su principal exigencia es evitar que ninguna persona superviviente termine siendo "invisibilizada" por las altas esferas. Las asociaciones advierten que "Si no se escucha a quienes han dado la cara durante años, el mensaje que reciben miles de supervivientes es que todavía hay víctimas invisibles".
Profundizando en esta línea argumental, indican que cualquier saludo protocolario como el escenificado por Felipe VI "carece de valor si no va acompañado de una escucha real y de respuestas efectivas". Los colectivos exponen que: "Lo que reclamamos es un compromiso con las reivindicaciones de todos los supervivientes y un cambio profundo, y no meramente superficial, en la manera de afrontar esta realidad".
Las demandas concretas y el laberinto judicial de las víctimas

Las reclamaciones de estos grupos van mucho más allá de las palabras institucionales que pueda ofrecer Felipe VI. En su manifiesto unificado detallan sus exigencias urgentes. "Pedimos el reconocimiento de la condición de víctima que otorgue derechos efectivos a los supervivientes, incluyendo asistencia psiquiátrica y psicológica especializada a demanda y de por vida, así como medidas de apoyo para la inserción educativa y laboral. Asimismo, reclamamos indemnizaciones dignas y proporcionales al daño sufrido", han indicado los portavoces.
Existe además una inquietud por el futuro de aquellas personas que, por diversas razones burocráticas, han quedado "excluidas del actual acuerdo entre la Iglesia y el Estado". Sobre este punto, lanzan una reflexión directa a las autoridades afirmando que: "Si se habla de una Iglesia inclusiva, resulta legítimo preguntarse si esa inclusión alcanza realmente a todas las víctimas o únicamente a una parte de ellas".
La complejidad legal es otro de los grandes escollos. Las organizaciones denuncian la desprotección del sistema recordando que "También exigimos respuestas para quienes, tras someterse a procesos judiciales con todas las garantías, han visto sus causas archivadas provisionalmente por falta de pruebas o por defectos procesales. A estas personas no se les puede exigir más que a quienes no pudieron acudir a la justicia debido a la prescripción de los delitos. En muchos casos, además de acreditar el daño sufrido, se les exige identificar a su agresor para poder acceder al reconocimiento y a la atención que necesitan".
Las asociaciones que firman este reclamo han recordado a figuras como Felipe VI y a las autoridades eclesiásticas que llevan años colaborando activamente con investigaciones oficiales, trabajando codo con codo con la Oficina del Defensor del Pueblo en la elaboración de propuestas y protocolos preventivos. Alertan sobre el grave peligro de que la sociedad interprete erróneamente que todos los afectados están conformes con la agenda actual, cuando la realidad demuestra que "existen diversas sensibilidades y numerosos colectivos que no han sido tenidos en cuenta".
La frustración es palpable en cada uno de sus comunicados. Afirman que: "La exclusión de asociaciones representativas y de supervivientes que llevan años trabajando por la verdad, la justicia y la reparación solo contribuye a aumentar el sentimiento de abandono y el hartazgo ante una negligencia que se prolonga desde hace demasiado tiempo".
Por ello, concluyen que si el Papa ha decidido dar el paso de reunirse con víctimas en territorio español, es absolutamente "imprescindible" que se siente a escuchar a quienes han asumido el inmenso desgaste personal y social de denunciar estos crímenes. También exigen que se atienda a las organizaciones que han luchado por implementar cambios reales de protección. Su mensaje final resume a la perfección el sentir generalizado de estos colectivos marginados de la agenda oficial, recordando que: "Una escucha verdaderamente universal exige salir de cualquier zona de comodidad y abrir espacios a todas las voces".



