La etapa de Eduardo Camavinga en el Real Madrid atraviesa su momento más difícil. Lo que antes era ilusión por un joven con un potencial infinito se ha transformado en decepción dentro de la zona noble de Valdebebas.
Tras cinco temporadas en el club, la cúpula blanca considera que el centrocampista francés no ha dado el salto de madurez esperado. Su reciente actuación en el Allianz Arena, donde fue expulsado por una imprudencia infantil, ha sido la gota que ha colmado el vaso de la paciencia de la directiva y del cuerpo técnico liderado por Álvaro Arbeloa.
El análisis que hacen en el club es severo. Consideran que Camavinga se ha estancado y que, a sus 23 años, ese estancamiento supone en realidad una involución. "Si no avanzas a esta edad en un club como este, es que vas hacia atrás", apuntan desde el entorno del equipo. El francés llegó como un proyecto de estrella, fue clave en las remontadas de hace dos años y cumplió con nota en la final de Londres ante el Dortmund. Sin embargo, aquel nivel parece hoy un recuerdo lejano.
Eduardo Camavinga, un problema de concentración y responsabilidad
La principal queja de los técnicos no es física ni técnica, sino mental. A Camavinga se le acusa de ser un futbolista anárquico, capaz de lo mejor y de lo peor en un mismo partido porque no logra mantener la concentración los noventa minutos. Esta dispersión la paga el equipo, especialmente en citas de máxima exigencia.
Arbeloa lo comprobó antes de la batalla de Múnich: el bajo rendimiento del francés ante el Girona le hizo dudar tanto que acabó dejándolo en el banquillo en las semifinales de Champions para dar entrada a jugadores como Arda Güler o Brahim.

La suplencia no le sirvió de escarmiento. Al contrario, cuando salió al campo en la segunda mitad, mostró su peor cara. Cometió dos faltas evitables y acabó viendo la tarjeta roja por una acción que en el club tachan de "irresponsable". Retener el balón con las manos durante tres segundos para impedir el saque del rival, teniendo ya una amarilla, evidencia una falta de madurez que no se perdona tras cinco años en la élite. En el Madrid entienden que un jugador con su experiencia no puede cometer errores de juvenil en el torneo fetiche del club.
Florentino Pérez quiere el traspaso de Camavinga este verano
La dirección deportiva tiene clara su postura: desean el traspaso del jugador este mismo verano. Consideran que su falta de responsabilidad es muy reprobable y que otros jóvenes como Thiago o Manuel Ángel ya le han adelantado por la izquierda en la rotación del mediocampo.
El problema es que Camavinga tiene contrato por tres temporadas más y su intención inicial es quedarse. Él cree que todavía puede demostrar su valía y ganarse de nuevo un sitio como titular, algo que no ha logrado de forma indiscutible en todo este tiempo.
A pesar de su deseo de seguir, el mercado empieza a moverse. Clubes de la Premier League y el PSG siguen muy atentos a su situación, sabiendo que el Real Madrid está dispuesto a escuchar ofertas. El próximo Mundial de selecciones será el punto de inflexión definitivo. Un buen papel con Francia podría revalorizarlo para una venta millonaria o, en el caso más optimista para el jugador, convencer a la cúpula blanca de que todavía hay esperanza. Sin embargo, hoy por hoy, la confianza está rota. El Real Madrid no quiere sufrir más errores por falta de foco y prefiere buscar una salida traumática antes de que su valor siga cayendo en el mercado.
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