Hay una casa de campo en Alicante que prefiere los muros de piedra al cristal infinito. Se levanta sobre una parcela de 25.000 metros cuadrados en la Marina Alta y de su diseño se pueden sacar ideas para cualquier piso.
Sus dueños, una pareja neerlandesa a punto de jubilarse, llevaban años recorriendo los senderos de la zona. Al encontrar el sitio donde echar raíces lo tuvieron claro: querían huir de la villa moderna acristalada y levantar una casa de campo humilde y pegada al paisaje.
¿Dónde se construye sin destrozar el paisaje?
La primera decisión en una finca virgen es dónde plantar la casa. La opción más alta de la ladera prometía vistas panorámicas, pero exigía una excavación profunda y carísima. Los arquitectos la descartaron.
Eligieron una segunda localización, algo más abajo, sobre un antiguo bancal de almendros. La decisión permitió cimentaciones superficiales sin apenas excavación y regaló una sorpresa: entre las dos laderas se abre un desfiladero por el que, en días claros, se ve el azul del mar.
Para colonizar ese bancal sin alterar su escala, la vivienda se desarrolla en una sola planta y con un único gesto: un quiebro en su trazado longitudinal. Ese pliegue resuelve la falta de anchura y separa el ala de día de la de dormitorios. En el ángulo aparece un patio resguardado del viento, ideal para la alberca.
El 'riurau' moderno que da sombra y frescor
El alma del proyecto está en el riurau, una construcción rural de la zona con galerías de arcos que servía para secar la uva pasa y protegerla del rocío y del calor. Goodbye2000 la depura hasta el hueso: cambia los arcos rebajados tradicionales por arcos de medio punto de ladrillo de barro natural sobre los que descansa la mampostería de piedra.
Cuando la arquitectura sabe escuchar a la montaña, sobra casi todo: una galería de arcos y un muro ciego bastan para vivir con confort.
Esa galería sur funciona como colchón térmico. Amortigua la luz directa del sol antes de que llegue al interior y convierte la fachada en un filtro vivo, no en un escaparate. La fachada norte, en cambio, es casi ciega: la casa se cierra al camino y se abre al valle.
Un interior que borra la frontera entre dentro y fuera
Dentro, la vivienda huye del cliché rústico. La zona de día —cocina, comedor y salón— queda diáfana, sin pilares intermedios, gracias a una cumbrera de acero laminado que sostiene la cubierta a dos aguas.
En esa cubierta se suprimieron los aleros cerámicos. El muro sube limpio hasta arriba, gana modernidad en las líneas y esconde un sistema de canalizaciones que recoge el agua de lluvia y la conduce a un depósito para riego.
El pavimento continuo de cemento fratasado recorre cada estancia y sale a las terrazas sin resaltes. Resultado: la frontera entre dentro y fuera desaparece. La sur se abre bajo una pérgola de cañizo.
Lo que esta casa enseña a tu propio piso
No necesitas 25.000 metros cuadrados para copiar la lección. La primera idea es la orientación: una galería, una pérgola o un toldo bien colocado funcionan como colchón térmico y rebajan el calor antes de que entre. La segunda es la inercia: los muros de barro y piedra estabilizan la temperatura mucho mejor que cualquier cristalera.
La tercera clave es el agua. Recoger la lluvia para riego es una solución antigua que sigue vigente, aunque en un piso se traduce en baldes y pequeñas canalizaciones en la terraza. Y la cuarta es el suelo continuo: un pavimento sin juntas amplía la sensación de espacio en pisos pequeños.
Eso sí, conviene ser honesta con el coste. La mampostería, el ladrillo de barro y el acero a medida no son baratos, así que replicar esta vivienda tal cual está fuera del alcance de casi cualquiera. Lo que sí se puede copiar es la lógica: protegerse del sol antes de encender el aire acondicionado y dejar que la casa respire por donde conviene.
El proyecto forma parte de una tendencia que gana peso: frente al exceso de metros y de cristal, recuperar la sabiduría de los porches de antaño. La arquitectura vernácula no es nostalgia; es una caja de herramientas gratuita que llevamos siglos teniendo delante.
🏠 Las llaves de la noticia
- 🔑 Qué te importa: Una casa de campo en Alicante que recupera muros y arcos de la arquitectura local frente al cristal.
- 💡 Por qué te importa: Sus soluciones pasivas de orientación, sombra y agua se pueden adaptar a un piso pequeño.
- 📊 Apunta estas cifras: 25.000 metros cuadrados de parcela y una sola planta de altura.



