Uno de cada diez hombres adultos en España reconoce haber ejercido violencia sexual contra menores alguna vez en su vida.
La cifra no procede de denuncias ni de sentencias judiciales. Sale de un cuestionario respondido por 6.010 hombres de todo el país y es el primer estudio nacional que pregunta a los posibles agresores. Lo firma el Grupo de Investigación en Victimización Infantil y Adolescente (GReVIA) de la Universidad de Barcelona y se ha presentado este miércoles en Madrid.
¿Qué ha encontrado el estudio?
El trabajo separa dos realidades que suelen confundirse. La atracción sexual hacia menores y la perpetración de conductas de violencia sexual están relacionadas, pero no son lo mismo. El 22,2% de los encuestados reconoce atracción hacia menores de 16 años desde que alcanzó la edad adulta. La mayoría la describe como poco frecuente: el 12,3% la siente casi nunca, el 1,9% casi siempre y solo el 0,3% habla de atracción exclusiva.
En cuanto a las conductas, el 10,2% admite al menos una conducta de violencia sexual con personas menores de 18 años a lo largo de su vida. El porcentaje baja al 2,8% cuando se pregunta por menores de 15 años y al 1,7% en el caso de menores de 12. Sentir atracción no implica haber ejercido violencia y, subrayan los autores, no justifica ninguna conducta.
Los autores advierten de que estas cifras no son tasas de delitos ni de condenas. El cuestionario recoge comportamientos reconocidos, con contacto físico y sin él, en espacios físicos y digitales; en el caso de adolescentes de 16 y 17 años solo cuenta conductas con una diferencia de edad de al menos diez años.
El estigma social hace previsible que exista infradeclaración, así que las estimaciones son conservadoras. Y el problema no es solo pasado: el 3,4% reconoce alguna de estas conductas en los últimos doce meses.
La distancia entre sentir atracción y ejercer violencia es la que permite intervenir antes de que haya una víctima, según los responsables del estudio.
No es una cifra de denuncias.
¿A quién afecta y qué cambia en la prevención?
Frente a la idea de que internet lo concentra todo, los datos dibujan otro mapa. El 9,7% reconoce conductas en el entorno físico a lo largo de su vida, frente al 4,2% que las sitúa en el ámbito digital. Eso sí, las conductas en línea son más persistentes en el último año: el 56% de quienes las admiten repitieron en los últimos doce meses, frente al 27% en el entorno físico. Los autores piden que la prevención digital deje de ser un añadido.
La distinción importa.
'Durante décadas hemos centrado la prevención en enseñar a los niños y adolescentes a protegerse. Es necesario, pero no suficiente', sostiene Noemí Pereda, profesora de Psicología de la UB y codirectora del trabajo. La investigadora añade que también hay que entender y actuar sobre quienes pueden causar el daño.
Análisis: qué viene ahora y qué se propone
El estudio plantea cuatro líneas de actuación. La primera es explicar mejor que atracción y conducta no son equivalentes, sin perder de vista que ninguna atracción justifica ejercer violencia. La segunda pasa por crear recursos de ayuda temprana y confidencial para quienes sienten atracción hacia menores, no han ejercido violencia y quieren evitarlo. La tercera reclama formar a profesionales de la salud mental, la educación, los servicios sociales y la justicia. La cuarta, impulsar estudios periódicos para diseñar políticas eficaces.
El marco no es nuevo. En 2023, el informe del Defensor del Pueblo cifró en un 11,7% los encuestados que declaraban haber sufrido abusos sexuales antes de los 18 años. Aquel trabajo miraba a las víctimas; este pregunta a quienes pueden causar el daño. Los porcentajes no son comparables uno a uno, pero resultan complementarios. La investigación se integra en Prevention Global, impulsada por la Universidad Johns Hopkins y el Royal de Canadá, y toma como referencia el proyecto alemán Dunkelfeld, que ofrece apoyo confidencial a personas que quieren evitar causar daño.
Queda camino.
Los propios autores insisten en que las estimaciones son conservadoras por el estigma y en que la prevalencia real —la proporción de población que presenta el fenómeno— podría ser mayor. El reto es la prevención. Ante una situación de emergencia, el teléfono de referencia es el 112.
📌 El foco social: las claves
- 🔎 Qué es lo importante: un estudio de la UB cifra en el 10,2% los hombres que admiten violencia sexual contra menores.
- 👥 Quiénes son los afectados: menores de 18 años, sus familias y los servicios de protección de la infancia.
- ➡️ Qué consecuencias puede traer: los investigadores reclaman prevención centrada también en los agresores y ayuda temprana confidencial.




