Los arquitectos detectan el giro de las reformas: vuelve la cocina separada del salón

Dos arquitectos de Biko Studio confirman el cambio: los espacios diáfanos dejan paso a soluciones que se abren y se cierran. La clave está en puertas acristaladas y en preverlas desde el inicio de la obra.

Si estás a punto de tirar el tabique de la cocina, espera un momento. Dos arquitectos han detectado un giro en las reformas: por primera vez en siete años, un cliente les pidió separar la cocina del salón desde el primer día del proyecto.

La cocina abierta al salón ha sido la postal de la última década: salones diáfanos, islas centrales, cero puertas. Funcionaba en las fotos. El problema aparece cuando trabajas en el comedor mientras suena la campana extractora, o cuando alguien fríe pescado justo antes de tu película.

Quien lo está viendo de cerca son Sara Sigles y Adrián Gabarain, arquitectos de Biko Studio. Llevaban siete años sin recibir una petición así. Y lo llamativo no es la petición en sí, sino el momento en que llega: después de años en los que lo habitual era exactamente lo contrario, unir cocina, comedor y salón en un único ambiente.

Publicidad

Por qué vuelve la cocina separada del salón

Durante años, la premisa de casi cualquier reforma fue eliminar tabiques. Según estos dos arquitectos, la apertura se aplicó a toda la casa: recibidores integrados en la zona de día, escaleras sin puertas, pasillos que ya no separan el dormitorio del resto. Todo conectado, todo a la vista.

Lo que se ganó está claro: amplitud, luminosidad, y esa sensación de libertad que repiten los clientes. Lo que se perdió, también. Los arquitectos señalan cuatro renuncias claras: intimidad, control del ruido, olores y climatización estancia por estancia. En la práctica, calentar el salón calienta también la cocina, y una conversación en el sofá compite con el lavavajillas.

Cómo se separa la cocina sin perder la luz

La buena noticia es que no hay que volver al pasillo estrecho ni a la puerta con picaporte. La solución que plantean pasa por cerramientos acristalados, correderos o plegables entre cocina y salón. Abiertos, el espacio sigue siendo uno; cerrados, cortan olores y reducen los metros que hay que climatizar.

No se trata de volver a la cocina cerrada de antes, sino de poder decidir cada día si esa puerta existe o no.

Aquí está el detalle que casi nadie mira: la puerta se elige por lo que hay a cada lado, no por el catálogo. Entre un despacho y el salón la prioridad cambia, y la recomendación también. Ahí gana una corredera opaca integrada en el tabique. Si el ruido importa, conviene revisar las prestaciones acústicas, porque no todas las correderas aíslan igual.

Y luego está el dinero. Estas soluciones cuestan más que una puerta convencional, sobre todo cuando el hueco es grande o el mecanismo es especial. Eso sí, la oferta ha crecido: hoy hay más tamaños, materiales y sistemas de serie, sin necesidad de ir siempre a medida.

El consejo más rentable no tiene que ver con el modelo, sino con el calendario. Prever las puertas desde el inicio de la obra, aunque ahora quieras el espacio abierto. Dejar el hueco y el refuerzo preparados cuesta poco; abrir un tabique dos años después cuesta bastante más.

Publicidad

Lo que este giro dice de cómo vamos a reformar el piso

Conviene poner el dato en su sitio. Detrás de esta tendencia no hay una estadística oficial de distribución interior, sino la lectura de dos profesionales que reforman pisos todos los meses. Que un cliente pida separar la cocina no significa que el país entero esté volviendo a compartimentar la casa. Significa que el péndulo se mueve.

El contexto ayuda a entenderlo. Según explican, la apertura se intensificó después de la pandemia, cuando pasar tanto tiempo en casa reforzó la necesidad de amplitud. Ahora aparece el movimiento contrario: con más estímulos fuera y dentro, la demanda de espacios íntimos y protegidos empieza a asomar. No es nostalgia del recibidor oscuro; es cansancio de vivir en un único ambiente.

En eso, la polivalencia juega a favor. Poder cerrar no es renunciar a la amplitud, es tener las dos cosas según el momento: cocinar en abierto con invitados y cerrar para una videollamada o para no climatizar de más. La letra pequeña es que eso se paga, y que en un piso de alquiler cualquier obra que toque tabiques o instalaciones necesita el visto bueno del propietario; si hay elementos estructurales de por medio, toca técnico.

Queda una pregunta en el aire: si el giro se consolida, ¿se verán menos cocinas americanas en los anuncios de pisos reformados? De momento, los que ya están reformando han empezado a pedir la puerta.

🏠 Las llaves de la noticia

  • 🔑 Qué te importa: La cocina abierta al salón deja de ser la opción por defecto y vuelve la petición de separarla.
  • 💡 Por qué te importa: Cerrar la cocina corta olores y ruido, y permite climatizar solo la estancia que usas.
  • 📊 Apunta estas cifras: Siete años sin que un cliente pidiera expresamente separar la cocina del salón en Biko Studio. El coste de estas soluciones supera al de una puerta convencional, pero no hay cifra pública: depende del hueco y del mecanismo.
window._taboola = window._taboola || []; _taboola.push({ mode: 'thumbnails-a', container: 'taboola-below-article-thumbnails', placement: 'Below Article Thumbnails', target_type: 'mix' });
window._taboola = window._taboola || []; _taboola.push({ mode: 'organic-thumbnails-a', container: 'taboola-organic-below-article-thumbnails', placement: 'Organic Below Article Thumbnails', target_type: 'mix' });