Una neuróloga avisa: vigilar tensión y colesterol a los 40 es la clave para prevenir ictus en jóvenes

La responsable del grupo de enfermedades cerebrovasculares de la SEN pide adelantar los controles: la hipertensión y el colesterol alto son los factores que más pesan. Entre el 80 y el 90% de los casos se podrían evitar.

Prevenir el ictus en jóvenes pasa por algo tan poco épico como mirarte la tensión y el colesterol a los 40. Lo dice una neuróloga, y tiene argumentos de peso.

Se llama María del Mar Freijo, es neuróloga del Hospital Universitario de Cruces (Bilbao) y coordina el Grupo de Estudio de Enfermedades Cerebrovasculares de la Sociedad Española de Neurología. Lo ha contado en el Encuentro Científico y Social sobre Ictus, organizado con motivo del Día Mundial del Ictus, que se celebra hoy, 29 de octubre. Su mensaje no va de alarmar: va de medir.

Qué está pasando para que el ictus llame antes de los 55

Los números gruesos impresionan. En España se producen cada año unos 90.000 casos nuevos de ictus y más de 23.000 fallecimientos por esta causa, según los datos que maneja la SEN. La incidencia aquí es de 188 casos por cada 100.000 habitantes, por debajo de los 249 de media europea, aunque la mortalidad a los 30 días sale algo peor: 13,2% frente al 12% del continente.

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La pregunta incómoda es si de verdad hay más ictus entre los menores de 55 o simplemente los detectamos antes. Freijo lo deja claro: todavía no hay conclusiones cerradas sobre esa tendencia. La hipótesis con más peso apunta al estilo de vida y a esos factores de riesgo que se pueden medir en cualquier consulta de atención primaria. La SEN calcula además que la incidencia en Europa subirá un 3% por el envejecimiento de la población, aunque las tasas ajustadas por edad bajarán gracias a la prevención. Traducción: más casos porque vivimos más años, pero menos riesgo por cabeza si se hacen bien las cosas.

El dato que lo cambia todo: casi 9 de cada 10 casos son evitables

Rafael M. Micó, especialista en Medicina Familiar y Comunitaria y vicepresidente de SEMERGEN, puso la cifra sobre la mesa: entre el 80 y el 90% de los ictus son evitables porque dependen de factores de riesgo modificables, los mismos que disparan otras enfermedades crónicas. Actuar sobre ellos es matar varios pájaros de un tiro.

La lista es de sobra conocida y aburre: alimentación equilibrada, actividad física regular, cero tabaco y cero alcohol, control médico de tensión, colesterol y glucosa, y algo de gestión del estrés. Aburre tanto que casi nadie lo hace. Ese es el problema real, no la falta de información.

El ictus casi nunca llega por sorpresa: llega después de veinte años de tensiones que nadie se molestó en medir.

Dónde está el límite entre avisar y generar alarma

Aquí toca mojarse. Que no existan estudios concluyentes sobre el aumento en menores de 55 no significa que puedas pasar de la tensión hasta los 50. Significa justo lo contrario: si el mecanismo probable es acumulativo, el momento de mirar es antes, no después. Un control de tensión y colesterol se hace en cinco minutos y no requiere nada especial, solo pedir cita.

Tampoco es cuestión de correr al hospital por cada mareo. El ictus tiene señales que conviene tener grabadas: cara torcida, un brazo que no responde, habla rara. Ante eso, 112 y no esperar a ver cómo evoluciona. En investigación hay fármacos en camino, como asundexian, que buscan reducir la formación de trombos sin aumentar el riesgo de hemorragias, pero eso es futuro y no presente. Mientras llega, lo que funciona es lo de siempre: medir, medir y medir. Así de simple.

🧠 Para soltarlo en la cena

Ocho de cada diez ictus se evitan midiendo la tensión.