El Museu Egipci de Barcelona estrena su sala inmersiva para viajar 4.000 años atrás

La proyección recrea la vida de Iny, un explorador al servicio de tres faraones de la dinastía VI. La nueva sala nace con vocación de permanencia y se acompaña de una exposición con una setentena de piezas.

El Museu Egipci de Barcelona acaba de estrenar su primera sala inmersiva, un espacio que promete viajar 4.000 años atrás. Lo hace con un protagonista inesperado: Iny, un explorador que sirvió a tres faraones de la dinastía VI y cuyo nombre había quedado reducido a tres signos grabados en piedra.

La cita inaugural se celebró el martes 27 de octubre, con la presencia del alcalde de Barcelona, Jaume Collboni, y con 450 personas que confirmaron su asistencia. El Museu Egipci de Barcelona da el salto a la imagen en movimiento después de tres décadas volcado en la pieza arqueológica. Nunca antes habíamos tenido tanta gente', subrayó Jordi Clos, fundador y presidente del centro.

Qué es la sala inmersiva del Museu Egipci

El nuevo espacio —una sala inmersiva, esto es, un cubo cerrado donde las imágenes rodean al visitante— mide 4 por 3 metros y ocupa lo que hasta hace poco era la pequeña sala de lectura de la biblioteca. Allí dentro, la proyección se despliega sobre las paredes durante doce minutos y convierte el cubo en un paisaje del Egipto de hacia el 2250 a.C. El espíritu de Iny ejerce de guía: marca el ritmo, abre puertas y conduce la mirada de un rincón a otro.

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La pieza no es un divertimento aislado. La sala nace con vocación de permanencia y su primera experiencia es este viaje con Iny. Detrás de las imágenes hay dos años de trabajo y cuatro estudios implicados —Matt History Content, Limmat Films, At Your Service Production y 119 Media—, según detalló la directora del museo, Maixaixa Taulé. Conviene saber que todo el relato se apoya en piezas reales del propio fondo: la institución insiste en que la proyección 'tiene base científica' y en que la tecnología se ha puesto al servicio del patrimonio, no al revés.

Quién fue Iny, el explorador que guía el relato

Tres símbolos —un cuenco con piernas, unas ondas de agua y un junco en flor— bastan a los egiptólogos para confirmar que hace más de 4.000 años existió un hombre llamado Iny. Su nombre significa algo así como 'aquel que trae', y no pudo estar mejor elegido: Iny sirvió a tres faraones de la dinastía VI, Pepi I, Merenre I y Pepi II, con el encargo de traer de las tierras del levante mediterráneo todo lo que Egipto no tenía: plata, lapislázuli, plomo y madera de cedro.

La sala inmersiva no viaja sola. El museo ha montado en paralelo una exposición tradicional, Iny, el explorador del faraón, con una setentena de piezas de la misma época, todas de la dinastía VI y procedentes de adquisiciones del propio centro. Ese conjunto aporta el contexto arqueológico que la proyección necesita: primero se mira la vitrina, después se entiende la pantalla.

Un museo puede crecer de dos maneras: comprando piezas o aprendiendo a contarlas mejor, y aquí ocurren las dos cosas a la vez.

Hay un detalle que casi nadie conoce. La historia del museo con Iny arranca en 1991, cuando el museo aún no existía y Jordi Clos compró en Londres una falsa puerta de su tumba. En tres décadas ha reunido cinco piezas más, y hoy la capilla funeraria se reconstruye en parte con esas originales, con otras que residen en dos museos de Tokio y con imágenes de fragmentos subastados en Christie's y Sotheby's.

Por qué esta apuesta importa en un museo de colección

Las salas inmersivas se han convertido en el recurso más transitado de los museos en los últimos años, casi siempre con el mismo reproche de fondo: la pirotecnia visual por delante del contenido. El Museu Egipci esquiva ese riesgo por una vía bastante sensata. No proyecta una civilización genérica, sino la vida de un hombre concreto documentado por la arqueología, y lo hace con las piezas que él mismo posee. La mayoría de las piezas de la dinastía VI que acompañan el relato procede de adquisiciones del propio centro.

Conviene recordar de dónde viene este museo. Nació del coleccionismo privado de Jordi Clos y ha construido su prestigio pieza a pieza, sin la escala de las grandes pinacotecas. Para una institución así, un espacio permanente de imagen en movimiento no es un adorno: es una manera de contar su fondo a un público que no siempre sabe leer una vitrina. Y, de paso, un motivo nuevo para volver.

El resultado tiene algo de puente entre dos maneras de mirar. Quien llegue buscando espectáculo lo encontrará durante doce minutos; quien llegue buscando rigor saldrá con seis piezas de una tumba real y una reconstrucción razonada de su capilla funeraria. Ahí está el mérito de la propuesta: la sala inmersiva funciona como puerta de entrada al museo, no como sustituto.

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Cómo y cuándo visitarla

La doble cita, pantalla y vitrina, se puede visitar ya en el Museu Egipci de Barcelona. La sala inmersiva nace con vocación de permanencia, según el museo, mientras que el recorrido con las setenta piezas tiene su propio calendario. Lo más prudente es consultar la web oficial del museo antes de ir: allí se confirman horarios, precios y disponibilidad de entradas.

Si estás cerca de Barcelona estas semanas, el plan permite una tarde completa de museo sin salir del edificio. Para quien no conozca el centro, es además una puerta de entrada bastante amable al antiguo Egipto.

Ficha técnica

  • Título: Iny, el explorador del faraón (sala inmersiva y exposición).
  • Autor o autora: Producción audiovisual de Matt History Content, Limmat Films, At Your Service Production y 119 Media.
  • Qué puedes ver: Una proyección de doce minutos sobre la vida de Iny y una setentena de piezas de la dinastía VI.
  • Recinto y ciudad: Museu Egipci de Barcelona, Barcelona.