"Me volví bulímico": Sylvester Stallone desvela el lado más duro de su transformación física

El actor reconoce así que mantener un físico de esas características no era una tarea sencilla ni algo que pudiera sostenerse únicamente con una alimentación convencional y entrenamiento.

Sylvester Stallone ha dedicado buena parte de su carrera a construir una imagen física asociada a personajes como Rocky Balboa y John Rambo. Durante décadas, el actor convirtió su musculatura en una de las características más reconocibles de su carrera, pero ahora ha explicado que detrás de aquella transformación existía una relación extremadamente complicada con su propio cuerpo.

A sus 80 años, Sylvester Stallone ha decidido abordar algunos de los episodios más difíciles de su vida en sus memorias, ‘The Steps’, y también en una conversación con ‘The New York Times’. El actor ha relatado cómo llegó a someterse a exigencias físicas extremas durante la preparación de sus películas, hasta alcanzar un nivel de grasa corporal que terminó afectando gravemente a su salud.

La obsesión no se limitaba al entrenamiento. Sylvester Stallone reconoce que recurrió a anabolizantes y otras drogas para conseguir y mantener un físico que consideraba necesario para sus personajes. Su objetivo era alcanzar una apariencia que describía como la de un depredador, mientras llevaba su cuerpo hasta límites que hoy contempla desde otra perspectiva.

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“Mi cuerpo era mi armadura, se convirtió en una obsesión. Llegué al punto en que me volví bulímico. Bajé a un 2,6 por ciento de grasa corporal cuando estaba haciendo Rocky III, y no podía retener nada. O no quería mantenerlo porque me obsesioné con esa forma física, una adoración obsesiva con mi cuerpo”.

Sylvester Stallone llegó al 2,6% de grasa corporal

El periodo de ‘Rocky III’ representa uno de los momentos más extremos de la transformación física de Sylvester Stallone. El actor quería desarrollar una musculatura que respondiera a la imagen que había construido para sus personajes y llegó a reducir su porcentaje de grasa corporal hasta el 2,6%.

Stallone reconoce que aquella exigencia terminó convirtiéndose en una obsesión. La preparación física dejó de ser únicamente una herramienta para interpretar a Rocky Balboa y pasó a ocupar una parte central de su vida. El actor explica que llegó a tener problemas para mantener su peso y que, en determinadas circunstancias, ni siquiera quería recuperar la masa corporal perdida porque estaba completamente centrado en conservar aquella apariencia.

La comparación que utilizaba para describir el resultado también muestra hasta qué punto estaba llevando su preparación. Quería que su cuerpo tuviera la apariencia de un animal depredador, concretamente de un “jaguar” y de un “felino”. “Era algo realmente grave. Y nadie lo logra sin aditivos ni drogas, punto. No me importa lo que digan. No es que seas un drogadicto, pero si vas a entrenar y tratar de mantenerte en forma durante seis meses seguidos, y estás comiendo yogur y pudín, no lo vas a conseguir”.

Sylvester Stallone reconoce el impacto de los esteroides

La preparación física de Sylvester Stallone también estuvo acompañada por el uso de esteroides. El actor ha explicado que recurría a ellos siguiendo determinados periodos de utilización y descanso, dentro de una rutina destinada a mantener su musculatura.

“¡Dios mío, tenías que hacerlo! Pero con cuidado: seis semanas sí, seis semanas no. La gente decía: 'Oh, no te pones así de forma natural'. No, no te pones así. Pero eso también me pasó factura”. Stallone reconoce que aquellas decisiones tuvieron consecuencias para su cuerpo. La construcción de una imagen física extrema que durante años estuvo vinculada a sus películas terminó generando un desgaste que él mismo reconoce ahora.

El cambio más importante llegó con ‘Cop Land’, película estrenada en 1997. Para interpretar al sheriff protagonista, Stallone tuvo que alejarse considerablemente del físico que había mantenido durante sus años como estrella del cine de acción. El personaje era obeso y parcialmente sordo, lo que permitió al actor apartarse por primera vez de la exigencia de mantener una musculatura extrema.

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“Luego las cosas se torcieron y simplemente caí en desgracia con Hollywood. Pero sí,he maltratado mi cuerpo”. La confesión resume la forma en la que Stallone observa actualmente aquella etapa. El físico que había funcionado como una de sus principales herramientas profesionales también terminó convirtiéndose en una fuente de exigencia permanente.

Sylvester Stallone relaciona su obsesión con su infancia

La relación de Stallone con su cuerpo no comenzó, según sus propias explicaciones, cuando alcanzó el éxito cinematográfico. El actor sitúa parte del origen de esa necesidad de hacerse fuerte en su infancia y en la relación que mantuvo con sus padres. Su nacimiento estuvo marcado por complicaciones. Durante el parto se utilizaron fórceps y Stallone sufrió una parálisis parcial en el rostro que posteriormente influyó en su forma de hablar. El actor recuerda que durante su infancia arrastraba las palabras y balbuceaba, unas dificultades que terminaron afectando a la imagen que tenía de sí mismo.

En una conversación con la periodista Lulu García-Navarro, Stallone también habló sobre su madre y sobre las circunstancias que rodearon su nacimiento.

“Mi madre también venía de una época muy difícil, y realmente no tenía madera de madre”. El actor recuerda que su madre tenía otros planes para su vida y que el embarazo supuso una interrupción dentro de ellos.

“Tenía planes grandiosos para su vida, así que mi embarazo fue una gran interrupción. Creo que no quería creer que estaba sucediendo, aunque ya estaba en el noveno mes. Finalmente estaba en un autobús cuando se puso de parto. Fue terrible. Casualmente estaba cerca de un centro médico, por así decirlo, como una sala de beneficencia”.

Stallone explica que aquellas circunstancias y las dificultades posteriores hicieron que durante años se considerara discapacitado. “De niño me consideraba discapacitado: arrastraba las palabras y balbuceaba”. El actor describe las dificultades que experimentaba al comunicarse y las compara incluso con las que posteriormente tuvo su personaje de Rocky.

“Fue terrible crecer así porque arrastraba las palabras y balbuceaba. Era como diez veces peor que Rocky”. Aquel problema también provocaba incomprensión entre quienes lo escuchaban. “Tienes ceceo o tartamudeo, estás muy familiarizado con ello. Pero otras personas dicen: "¿Qué? ¿Qué idioma es ese?"”.

Sylvester Stallone recuerda el maltrato de sus padres

A los problemas derivados de su nacimiento y sus dificultades para hablar se sumó, según relata Stallone, un entorno familiar marcado por el maltrato físico y psicológico.

“Mi madre nunca me abrazó, jamás. ¿Besos? Olvídalo. Y mi padre no era mejor”. El actor recuerda que su padre reaccionaba violentamente ante determinadas situaciones y que desde niño aprendió a anticiparse a sus ataques. “Eran explosiones constantes y luego un silencio absoluto. Si yo no estaba de acuerdo con algo, él empezaba a girar el tenedor y, de repente, ¡zas!Tenía unas manos enormes. Aprendes a esquivarlas”.

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Stallone asegura que muchos de estos episodios no aparecen en sus memorias porque nunca quiso que el relato de su infancia provocara compasión. “No incluí muchas cosas en el libro porque no quería que me compadecieran, pero era una locura”. Su infancia también incluyó un breve ingreso en un pabellón psiquiátrico, donde asegura que sufrió agresiones físicas. Todo ese contexto contribuyó, según sus propias palabras, a desarrollar una personalidad marcada por la competitividad y por la necesidad de hacerse fuerte.

Sylvester Stallone asegura que descubrió el amor muy tarde

El actor también relaciona aquella falta de afecto durante su infancia con su manera de afrontar la vida adulta. Stallone explica que la ausencia de cariño durante sus primeros años tuvo consecuencias sobre su forma de relacionarse con los demás.

“Mis padres nunca fueron cariñosos. Si te privan emocionalmente de joven, te haces fuerte en el mal sentido. Literalmente no descubrí el amor verdadero hasta los 70 años. Estaba obsesionado con no ser otro vagabundo del barrio. Era muy competitivo, como un pitbull. Eso era lo que me impulsaba. No es sano”.

Esa competitividad también estuvo presente en su carrera. Stallone la trasladó a su trabajo y a su objetivo de convertirse en protagonista de las historias que quería llevar al cine. El caso más importante fue ‘Rocky’. Stallone escribió el guion y se negó a venderlo si no podía interpretar él mismo a Rocky Balboa. En aquel momento tenía menos de 100 dólares en el banco y recibió ofertas para permitir que otros actores, entre ellos James Caan o Ryan O'Neal, asumieran el papel.

A pesar de la situación económica en la que se encontraba, decidió mantener su condición de protagonista. “No sé si fue algo espiritual.... No sé por qué lo sabía, porque no había tenido éxito. Era un novato, y tenían todo el derecho a no querer contar conmigo”.

Stallone explica que no estaba dispuesto a renunciar a la idea que había concebido. “Sabía que si no cruzaba ese puente me odiaría a mí mismo para siempre, que me arrepentiría el resto de mi vida”.

Sylvester Stallone habla también de sus problemas de ansiedad

La presión no desapareció con el éxito. Stallone también ha reconocido que la exposición pública y determinados momentos de su carrera han estado acompañados por problemas de ansiedad. “El pánico vuelve justo cuando vas a salir a un plató de televisión”, asegura sobre esa sensación.

La confesión permite completar el retrato que el actor realiza ahora sobre su trayectoria. La imagen de fortaleza que proyectaron durante años Rocky Balboa y John Rambo convivía con dificultades personales que, según explica, estuvieron relacionadas con su infancia, su necesidad de competir, su relación con el cuerpo y las exigencias que se impuso para mantener una determinada imagen física.

A los 80 años, Sylvester Stallone revisa así una carrera marcada por transformaciones físicas extremas y por personajes construidos alrededor de la fuerza. Pero también reconoce el coste que tuvo mantener aquella apariencia durante tantos años. El actor admite que convirtió su cuerpo en una armadura y que esa obsesión llegó a extremos como alcanzar un 2,6% de grasa corporal durante ‘Rocky III’. También recuerda el uso de esteroides, el maltrato que sufrió durante su infancia, la falta de afecto familiar y la competitividad que utilizó como motor para abrirse camino en Hollywood.

Su relato actual permite conocer una parte menos visible de la trayectoria de Sylvester Stallone, una carrera en la que el físico fue durante décadas una de sus principales señas de identidad, pero también una fuente de exigencias que el propio actor reconoce que terminaron pasando factura.