La crisis de Ceuta afronta una nueva fecha crítica: las redes llaman a entrar en la ciudad el 23-S. El Gobierno ha anunciado un refuerzo en las fronteras de Ceuta y Melilla y busca dónde reubicar a los más de 3.000 migrantes que siguen en la calle.
El refuerzo fronterizo y las más de 3.000 personas sin alojamiento
El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, cifra entre 3.000 y 3.500 las personas sin alojamiento. La mayoría sigue en el entorno de las playas de la ciudad autónoma y su departamento, el Ministerio del Interior, ha anunciado un refuerzo en los pasos fronterizos de Ceuta y Melilla.
La búsqueda de espacios para realojar a ese grupo se arrastra desde hace semanas. La falta de instalaciones disponibles condiciona cualquier respuesta si ese día se repite la presión sobre la frontera.
En paralelo, el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, ha confirmado que el Gobierno ha activado medidas preventivas en la frontera y mantiene contacto con las autoridades marroquíes para disuadir una nueva entrada masiva. Albares asegura que habla 'prácticamente a diario' con su homólogo marroquí, Naser Burita.
La otra pata de la estrategia es informativa. Los consulados y la Embajada de España en Rabat difunden mensajes para frenar los bulos: subrayan que la entrada irregular no da derecho a quedarse en España y que la sentencia del Tribunal Supremo sobre los rechazos en frontera no modifica la ley de extranjería, no declara ilegal ese rechazo y no impide el retorno.
El dispositivo desplegado estos días no solo vigila la frontera: también intenta desactivar en Marruecos los mensajes que animan a cruzarla.
El ministro ha pedido a quienes tengan la tentación de cruzar que no 'arriesguen su futuro y dinero en manos de esas mafias'. Según Exteriores, la prensa marroquí se está haciendo eco de la campaña y la Embajada pide expresamente no dejarse engañar por los mensajes que circulan en redes.
Por qué la cita del 23-S no se parece a la del 30 de julio
El propio Albares ha rebajado la intensidad del llamamiento. Según su lectura, los mensajes no están calando entre la población marroquí ni tienen 'el impacto que tuvieron' antes de la convocatoria del 30 de julio.
Los antecedentes marcan el guion. El 30 de julio, según las cifras que maneja el Gobierno, entraron en la ciudad de Ceuta unas 80.000 personas. El 15 de agosto hubo un segundo intento, con las medidas preventivas ya desplegadas, y el Ejecutivo lo describe como un fracaso.
Lo que dejan los dos intentos del verano y qué viene después
El precedente más útil para entender lo que viene es ese doble intento. La convocatoria del 30 de julio marcó el escenario que el Gobierno quiere evitar; la del 15 de agosto se quedó en nada, según la versión del Ejecutivo, porque el control fronterizo y la campaña informativa funcionaron antes de que el grueso de la gente se movilizara.
La pieza legal también pesa. Antes del 30 de julio, según Albares, circuló desinformación sobre la sentencia del Supremo que impedía los rechazos en caliente de quienes llegan nadando; la Embajada insiste en que ese fallo no modifica la ley de extranjería. Es el mismo terreno que el Gobierno intenta ocupar ahora con información oficial en consulados y embajada.
El calendario manda. El 23 de septiembre es la primera prueba del dispositivo; después quedan el realojo de las más de 3.000 personas que siguen sin alojamiento y los retornos pendientes de que se completen los expedientes, según explicó Albares. Son dos frentes abiertos que no se resuelven solo con un dispositivo policial.
📌 En claves: lo que debes saber
- Qué ha pasado: Marlaska sitúa entre 3.000 y 3.500 los migrantes que siguen en las calles de Ceuta y anuncia un refuerzo en las fronteras ante el llamamiento del 23-S.
- Por qué te importa: España refuerza su frontera sur y mantiene abiertos los retornos pendientes; un repunte de entradas tensiona los servicios de la ciudad autónoma.
- A quién afecta: A las más de 3.000 personas que siguen sin alojamiento, a los vecinos de Ceuta y Melilla y a las fuerzas de seguridad desplegadas.
- Hacia dónde vamos: El 23-S medirá si el dispositivo disuasorio funciona; después quedan el realojo pendiente y los retornos que dependen de los expedientes.



