La despedida de Harald V reunió en Oslo a representantes de distintas casas reales y autoridades internacionales en una ceremonia marcada por el protocolo, el luto y los honores militares. Entre los asistentes estuvieron Felipe VI y Letizia, que viajaron hasta Noruega junto a doña Sofía para participar en los actos organizados tras el fallecimiento del monarca.
El funeral tuvo lugar el 9 de septiembre y paralizó durante unas horas la actividad habitual de Noruega. A las doce del mediodía, las campanas comenzaron a repicar mientras decenas de miles de personas se concentraban en las calles de Oslo para acompañar al rey en su último recorrido. El féretro salió del palacio escoltado por salvas y honores militares.
Detrás del féretro caminaron el rey Haakon y sus hijos, Ingrid Alexandra y Sverre, además de la princesa Marta Luisa. Las reinas Sonia y Mette-Marit siguieron parte del recorrido en un vehículo. El cortejo reunió después a representantes de numerosas monarquías y autoridades políticas, que recorrieron el centro de Oslo mientras sonaban los tambores fúnebres del Cuerpo de Señales de la Guardia Real.
Entre todas las imágenes que dejó la jornada hubo un detalle protagonizado por Letizia que quedó en un segundo plano durante la solemne ceremonia celebrada en la catedral de Oslo.
Letizia utiliza un abanico durante el funeral

Letizia asistió al funeral siguiendo el código de vestimenta propio de una ceremonia de estas características. La reina llevó un traje negro de tweed que ya había utilizado anteriormente en otros funerales de la familia, concretamente en 2024 durante la despedida de Fernando Gómez-Acebo y, posteriormente, en enero de 2026, con motivo del funeral de su tía, la princesa Irene, celebrado en Grecia.
Sin embargo, fue otro elemento el que llamó la atención durante la ceremonia. En cada asiento de la catedral se había colocado un cartel destinado a indicar el lugar reservado para cada asistente. En el caso de Letizia, ese elemento terminó teniendo una utilidad diferente a la prevista.
La reina utilizó su abanico para generar algo de aire mientras se desarrollaba el acto religioso. La pieza llevaba una inscripción identificativa en la que podía leerse “HM Queen of Spain”, Su Alteza la Reina de España. El gesto pasó prácticamente inadvertido dentro de la amplia cobertura del funeral, aunque quedó registrado durante la ceremonia.
El uso del abanico en un acto solemne como este requiere cierta discreción. En situaciones en las que la temperatura del interior del templo resulta elevada, lo recomendable es emplearlo mediante movimientos suaves y poco visibles. Además, para una ceremonia de luto se considera más adecuado utilizar un abanico en tonos sobrios, como el negro o el gris.
Letizia compartió ceremonia con las principales casas reales
La presencia de Letizia junto a Felipe VI se produjo dentro de una representación internacional formada por numerosos miembros de familias reales. Carlos Gustavo de Suecia, que suma 53 años en el trono, encabezó la representación de los Bernadotte. Junto a él estuvieron la princesa heredera Victoria y Daniel, Carlos Felipe y Sofía, además de Magdalena y Chris O’Neill.
Después participaron los reyes Abdalá y Rania de Jordania, Alberto y Charlene de Mónaco y Guillermo Alejandro y Máxima de los Países Bajos, acompañados por la heredera Amalia. También estuvieron Felipe y Matilde de Bélgica, seguidos por Felipe VI y Letizia. Federico y Mary de Dinamarca acudieron con Christian, mientras que los grandes duques Guillermo y Stéphanie de Luxemburgo estuvieron junto al gran duque Enrique.
A continuación se encontraban representantes de Liechtenstein, Japón, Reino Unido y Grecia, entre otros países. La disposición respondía a la antigüedad de las distintas monarquías en el trono y al protocolo establecido para el funeral. En este contexto, Letizia compartió espacio con numerosas figuras de la realeza europea y de otras casas reinantes. La ceremonia estuvo oficiada por Olav Fykse Tveit, obispo presidente de la Iglesia de Noruega, y Sunniva Gylver, obispa de Oslo.
Letizia y Rania volvieron a mostrar su complicidad

La relación entre Letizia y Rania de Jordania se remonta a más de dos décadas. Ambas mantienen una amistad que se ha prolongado con el paso de los años y que también se ha podido observar durante encuentros oficiales y actos de carácter internacional. Durante el funeral de Harald V, las dos reinas volvieron a intercambiar algunas miradas de complicidad. El gesto se produjo mientras ambas permanecían sentadas en la catedral y pasó a formar parte de los pequeños momentos captados durante una ceremonia marcada por la solemnidad.
No obstante, la interacción entre Letizia y Rania no fue el único detalle relacionado con la reina española que quedó registrado. El abanico utilizado por Letizia también llamó la atención por su particular inscripción y por el uso que hizo de él durante el acto religioso. Doña Sofía, que acompañó a los Reyes de España en el viaje, también mantenía una relación especialmente estrecha con la familia real noruega. La madre de Felipe VI era muy amiga de Harald V y de la reina Sonia desde hacía décadas, una relación que explica también su presencia en la despedida del monarca.
Letizia estuvo en Oslo junto a doña Sofía
Los vínculos entre las familias reales española y noruega tienen además un componente familiar que se remonta a generaciones anteriores. Las abuelas de Harald V y Juan Carlos I, Maud de Gales y Victoria Eugenia, eran nietas de la reina Victoria. La relación entre ambas familias también continuó a través de las generaciones posteriores. Olav V mantuvo amistad con el conde de Barcelona, mientras que Harald V fue amigo de Juan Carlos I. Los dos compartieron además su afición por la vela, aunque esa misma pasión los convirtió en rivales cuando competían en el mar.
La siguiente generación mantuvo esos vínculos. Felipe VI es padrino de Ingrid Alexandra, hija del actual rey Haakon. Por su parte, la princesa Leonor e Ingrid Alexandra representan a una nueva generación dentro de las familias reales española y noruega. Durante el funeral, Felipe VI vistió el uniforme de gala de la Armada. Letizia optó por el citado traje negro de tweed y doña Sofía acudió también de luto, con un collar de perlas y un broche floral colocado sobre el pecho.



