1Pedraza: la villa amurallada que se recorre en media mañana (y a poco más de una hora de Madrid)
Pedraza es la prueba de que no hace falta un viaje largo para cruzar varios siglos. La villa se levanta sobre un cerro a unos 1.000 metros de altitud, en la Sierra Norte de Guadarrama, y conserva un recinto amurallado al que solo se entra por la Puerta de la Villa, un arco del siglo XI reconstruido en el XVI y coronado por el escudo de los Fernández de Velasco. Desde ahí, la calle Real conduce sin pérdida hasta la Plaza Mayor, porticada e irregular, con la torre de la iglesia románica de San Juan Bautista como referencia. El casco es peatonal y muy compacto, así que se recorre entero a pie en una media mañana: es un paseo de fachadas de piedra, escudos nobiliarios y balcones de madera, sin necesidad de coche ni de prisas.
A ese tamaño reducido se suma un patrimonio que explica su inclusión en la lista. El castillo, levantado entre los siglos XIII y XV, alberga el legado del pintor Ignacio Zuloaga, que lo adquirió en 1926; en 2024 pasó a manos de Santiago Segura, José Mota y el productor Luis Álvarez por 4,8 millones de euros. Junto a la puerta, la Cárcel de la Villa (siglo XIII) funciona como museo con visitas guiadas de unos 30 minutos por 4 euros. Y para comer, los asadores de la plaza mantienen el cochinillo, el lechazo y los judiones de La Granja. A unos 130 kilómetros de Madrid, en torno a hora y media en coche, la villa apenas supera los 330 habitantes y está declarada Conjunto Histórico, lo que la convierte en una escapada tranquila y de presupuesto contenido: pasear por sus calles no cuesta nada.
