Los datos que demuestran si el CIS acierta o falla más antes de unas elecciones generales

Cada encuesta o sondeo del CIS de Tezanos genera muchísima controversia, pero los datos sí que nos ayudan a saber si suele acertar o fallar antes de unas elecciones generales en España.

El Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) publica antes de cada cita con las urnas una macroencuesta preelectoral que se ha convertido en un termómetro casi obligado de la campaña. Son estudios de gran tamaño —24.000 entrevistas a domicilio en 2004, 17.488 en 2016, más de 17.000 en 2011—, pero su trabajo de campo se cierra semanas antes de la votación, lo que deja fuera los giros de última hora. Esa distancia temporal explica buena parte de los desvíos, y también de los aciertos, que recogemos a continuación.

El criterio de la selección es el contraste entre lo que pronosticaron las encuestas y lo que acabaron diciendo las urnas. Hay episodios de acierto notable, como la mayoría absoluta de Rajoy en 2011, y otros en los que el escenario se desmoronó: en 2016 el CIS colocó a Unidos Podemos por delante del PSOE y el orden no se alteró; en 2004, la victoria que atribuía al PP quedó desmentida por el resultado. La lista combina ambos extremos y se remonta a 1993, cuando buena parte de los sondeos apuntaba a un cambio de Gobierno que no llegó.

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El CIS se queda corto ante la irrupción de Podemos y el fin del bipartidismo

Pablo Iglesias política podemos

El estudio preelectoral 3117 del CIS, publicado el 3 de diciembre de 2015, situaba a Podemos en cuarta posición con una estimación del 9,1% de los votos y una horquilla de entre 23 y 25 escaños en solitario. Las urnas del 20-D desmintieron ese cálculo: la formación de Pablo Iglesias obtuvo 42 diputados por sí sola y, sumando sus confluencias (En Comú Podem, En Marea y Compromís-Podemos), se fue hasta los 69 escaños, muy por encima de lo previsto. El propio Íñigo Errejón cuestionó la metodología días antes del voto, porque el modelo de estimación se apoyaba en el recuerdo de voto, un ingrediente que no podía funcionar con un partido que nunca se había presentado a unas generales. En intención directa de voto Podemos aparecía mejor situado que en la cocina estadística, una brecha que anticipaba el desajuste.

El error no fue aislado, sino que dibujó el alcance del cambio de ciclo. El CIS acertó al dar por hecho el fin del bipartidismo —calculaba que PP y PSOE perderían entre 79 y 99 escaños— y clavó la victoria popular, con una horquilla de 120 a 128 diputados frente a los 123 que logró Mariano Rajoy. Pero falló en la magnitud del vuelco: sobreestimó a Ciudadanos, al que atribuía 63-66 escaños cuando Albert Rivera se quedó en 40, y se quedó corto con Podemos. Los socialistas también se le escaparon por poco por arriba (vaticinó 77-89 y logró 90). El resultado rompió el reparto clásico: los dos grandes partidos sumaron 213 escaños, muy lejos de los 296 de 2011, y el Congreso pasó a tener cuatro bloques significativos.