El Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) publica antes de cada cita con las urnas una macroencuesta preelectoral que se ha convertido en un termómetro casi obligado de la campaña. Son estudios de gran tamaño —24.000 entrevistas a domicilio en 2004, 17.488 en 2016, más de 17.000 en 2011—, pero su trabajo de campo se cierra semanas antes de la votación, lo que deja fuera los giros de última hora. Esa distancia temporal explica buena parte de los desvíos, y también de los aciertos, que recogemos a continuación.
El criterio de la selección es el contraste entre lo que pronosticaron las encuestas y lo que acabaron diciendo las urnas. Hay episodios de acierto notable, como la mayoría absoluta de Rajoy en 2011, y otros en los que el escenario se desmoronó: en 2016 el CIS colocó a Unidos Podemos por delante del PSOE y el orden no se alteró; en 2004, la victoria que atribuía al PP quedó desmentida por el resultado. La lista combina ambos extremos y se remonta a 1993, cuando buena parte de los sondeos apuntaba a un cambio de Gobierno que no llegó.
4Cuando los sondeos daban ganador a Aznar y revalidó González
El 6 de junio de 1993, Felipe González revalidó su cuarta victoria consecutiva cuando buena parte de los sondeos daban ganador a José María Aznar. Las encuestas privadas dibujaron durante meses un vuelco histórico: un sondeo de El Mundo publicado en abril de 1993, la primera vez que una fuerza de derechas lideraba una encuesta en España desde la muerte de Franco, situaba al PP en el 35,8% de voto y al PSOE en el 34,4%, con una proyección de 151 escaños para los populares y 137 para los socialistas. Otros medios llegaron a colocar al PSOE muy por detrás: La Vanguardia le atribuía 138 diputados, El País 135, El Mundo 134 y El Correo 119. El escrutinio dio la vuelta al guion: el PSOE sumó 9.150.083 votos (38,78%) y 159 escaños, mientras el PP se quedó en 8.201.463 votos (34,76%) y 141 diputados, una distancia de cuatro puntos y 18 asientos.
El caso merece estar en la lista porque el propio CIS participó del clima de incertidumbre que acabó resolviéndose en contra de lo previsto. Su último barómetro preelectoral, con trabajo de campo entre el 15 y el 19 de mayo, dejó a PSOE y PP empatados en el 33,8% de estimación de voto, un empate técnico que no anunciaba la ventaja socialista final. El episodio quedó como ejemplo canónico del «voto oculto» o «vergonzante» del PSOE, difícil de captar en campaña, y del peso de los indecisos. La confianza en los pronósticos fue tal que, la noche del 6 de junio, un periodista saludó a Aznar a las ocho de la tarde como «señor presidente del Gobierno» antes de conocer el recuento. González había hecho bandera de resistir a las encuestas —«vamos a derrotar a las encuestas»— y los dos debates televisados, con victoria de Aznar en el primero y remontada del socialista en el segundo, resultaron decisivos.
