San Juan Gabriel Perboyre, el santo del 11 de septiembre que fue martirizado en la China que hoy conocemos como Wuhan

San Juan Gabriel Perboyre murió estrangulado en una cruz en 1840, en la ciudad china que décadas después daría nombre a Wuhan. Te contamos por qué su historia sigue resonando hoy.

San Juan Gabriel Perboyre protagoniza el santoral católico de este 11 de septiembre, una fecha que conmemora uno de los martirios más duros del cristianismo del siglo XIX. Su nombre no suena tan popular como el de otros santos, pero su historia tiene un dato que sorprende a cualquiera: murió en la ciudad que hoy forma parte de Wuhan, la misma que el mundo entero aprendió a pronunciar durante la pandemia.

Fue sacerdote, misionero y, finalmente, mártir. Nació en Francia en 1802 y murió en China en 1840, ahorcado en un madero con forma de cruz tras casi un año de cárcel y torturas. Su historia combina vocación temprana, obstáculos burocráticos y una entrega que la Iglesia terminó canonizando siglo y medio después.

San Juan Gabriel Perboyre: la vocación que tardó doce años en cumplirse

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Nacido el 6 de enero de 1802 en Montgesty, un pequeño pueblo francés, San Juan Gabriel Perboyre creció en una familia de labradores profundamente cristiana. Cinco de los nueve hermanos Perboyre terminaron consagrándose a la vida religiosa, lo que da una idea del ambiente en el que se formó.

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Desde los quince años tuvo claro que quería ser misionero, pero el camino no fue directo. Entró en la Congregación de la Misión siendo casi un adolescente y pidió repetidamente viajar a China. Sus superiores, sin embargo, lo destinaron primero a la docencia, y tuvo que esperar doce años completos antes de embarcar rumbo a su verdadero destino.

Quién fue realmente y por qué acabó en Wuchang

San Juan Gabriel Perboyre llegó finalmente a China en 1835, tras zarpar del puerto francés de Le Havre. Durante meses se dedicó a estudiar chino con una rapidez que sorprendió a sus compañeros de misión, hasta el punto de que se rapó la cabeza y se dejó crecer la coleta para pasar más desapercibido entre la población local.

Fue enviado después a la región de Wuchang, en la provincia de Hubei, un territorio que con el tiempo se fusionaría con otras dos ciudades para formar la actual Wuhan. Allí se dedicó sobre todo a rescatar y educar a niños abandonados, viajando a pie o en carros tirados por bueyes, muchas veces sin comer ni tener dónde dormir.

El martirio que conmocionó a la Iglesia del siglo XIX

En 1839 estalló una violenta persecución contra los misioneros cristianos en la zona. Perboyre intentó huir junto a otros religiosos, pero un campesino al que había ayudado terminó delatándolo a cambio de treinta monedas de plata, un paralelismo que no pasó desapercibido para sus biógrafos.

A partir de ahí comenzó un año de sufrimiento: fue llevado de tribunal en tribunal, azotado, torturado y encarcelado junto a criminales comunes. Le marcaron el rostro con hierros candentes intentando obligarlo a renegar de su fe, algo que nunca consiguieron. Finalmente, el 11 de septiembre de 1840, fue ejecutado en la capital de la región.

De mártir olvidado a santo reconocido por Roma

La muerte de Perboyre no fue inmediatamente célebre fuera de los círculos misioneros, pero su testimonio fue ganando fuerza con los años. El Papa León XIII lo beatificó en 1889, casi medio siglo después de su martirio, y lo situó como el primer beato del siglo XIX que recibía tal honor.

Más tarde llegó el reconocimiento definitivo: Juan Pablo II lo canonizó en 1996, convirtiéndolo en santo de la Iglesia universal. Sus restos, trasladados desde China hasta Francia, descansan hoy en la capilla de la Casa Madre vicenciana de París, un destino final muy alejado del lugar donde encontró la muerte.

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Entre los detalles que más llaman la atención de su biografía destacan:

  • Fue el primogénito de ocho hermanos, cinco de los cuales también se consagraron a la vida religiosa.
  • Tardó doce años en conseguir el permiso de sus superiores para partir hacia las misiones de China.
  • Aprendió chino en solo cuatro meses, adaptando incluso su aspecto físico a las costumbres locales.
  • Fue canonizado 156 años después de su muerte, tras un largo proceso que atravesó dos siglos.

Por qué su historia sigue resonando en 2026

Lo curioso es que el nombre de la región donde murió, Wuchang, hoy forma parte administrativa de Wuhan, la ciudad que el mundo entero conoció por motivos muy distintos durante la pandemia de 2020. Ese dato ha hecho que en los últimos años la figura de Perboyre reaparezca en redes y medios religiosos con un enfoque casi periodístico, más allá del ámbito estrictamente devocional.

Su ejemplo sigue citándose hoy como modelo de perseverancia: doce años de espera, meses de aprendizaje de un idioma ajeno y un compromiso que no flaqueó ni bajo tortura. En un santoral con miles de nombres, el suyo destaca precisamente por esa combinación de paciencia y firmeza que sigue interpelando incluso a quienes no comparten su fe.