9Mareos al incorporarte: el momento más delicado es justo después de soltar la pesa
El instante en que se suelta la pesa esconde una trampa hemodinámica. Durante el levantamiento, la contracción muscular y la respiración contenida elevan la presión arterial de forma brusca; al terminar la serie, la tensión cae en picado porque los vasos de los músculos trabajados siguen dilatados y desaparece el efecto bomba de las contracciones que devolvía la sangre al corazón. Esta se acumula en las piernas y, si el cuerpo pasa de estar sentado o agachado a erguirse, la gravedad agrava el déficit de retorno: el cerebro recibe menos riego durante unos segundos y surgen el mareo, la visión borrosa o el aturdimiento. Mediciones en voluntarios sanos tras un esfuerzo isométrico mostraron una caída de la presión arterial media de entre el 15% y el 17% en el primer cuarto de minuto de recuperación, que se hizo aún mayor cuando se sumaba el estrés de la postura erguida.
En personas mayores o con la tensión medicada, ese doble golpe —hipotensión posterior al esfuerzo más cambio de postura— es más difícil de compensar: con la edad se enlentecen los reflejos que reajustan la presión y muchos antihipertensivos o diuréticos amplifican la caída. En mujeres hipertensas de edad avanzada, una sesión de tres series por ejercicio redujo de media la presión sistólica 26 mmHg tras el esfuerzo, frente a los 18 mmHg de una sola serie. El mareo al incorporarse no es una simple molestia: en este grupo puede acabar en una caída, y el peligro aumenta si se abandona el banco de inmediato. De ahí que los expertos aconsejen quedarse sentado unos instantes tras soltar la carga, levantarse despacio, no contener la respiración al hacer fuerza y reservar al menos cinco minutos de vuelta a la calma caminando para que el tono vascular se recupere antes de terminar la sesión.
