Telescopio Roman: qué busca descubrir NASA sobre la materia oscura y los exoplanetas

La NASA ha lanzado su observatorio más ambicioso de la última década y apunta directamente a dos de los mayores misterios de la física. Descubre qué respuestas espera encontrar en los próximos cinco años.

NASA acaba de lanzar al espacio uno de sus proyectos más esperados y, si te interesa la ciencia, esto te va a importar. El telescopio espacial Nancy Grace Roman despegó el pasado 30 de agosto desde Florida a bordo de un cohete Falcon Heavy, y su misión no es cualquier cosa: intentar resolver dos de los enigmas más profundos que existen sobre nuestro universo.

Durante los próximos cinco años, este observatorio del tamaño de un autobús recorrerá el espacio hasta llegar a un punto situado a 1,6 millones de kilómetros de la Tierra. Allí, en la región conocida como L2, compartirá vecindario con el telescopio James Webb y comenzará a cartografiar el cosmos como nunca antes se había hecho.

NASA pone rumbo a los grandes misterios del universo

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El viaje de Roman hacia su destino final durará aproximadamente tres meses. Durante ese tiempo, los equipos de la agencia espacial estadounidense desplegarán y probarán cada uno de sus componentes antes de empezar las observaciones científicas. La NASA prevé publicar las primeras imágenes a comienzos de 2027, una vez completadas todas las calibraciones necesarias.

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Lo que hace especial a este telescopio es su campo de visión: más de cien veces superior al del Hubble. Eso significa que podrá levantar mapas gigantescos del cielo con una velocidad y una nitidez que hasta ahora eran impensables para la astronomía.

Qué esconde realmente la materia oscura

La NASA lleva décadas intentando entender de qué está hecho realmente el universo, y la materia oscura es la pieza que más se resiste. Se estima que representa alrededor del 85% de toda la materia existente, pero nadie la ha visto directamente: solo sabemos que está ahí por cómo tira gravitacionalmente de estrellas y galaxias.

Julie McEnery, científica principal del proyecto en el Centro de Vuelos Espaciales Goddard, lo resumió así tras el lanzamiento: siente que están a punto de dar un paso hacia lo desconocido. Y no exagera: algunos investigadores sospechan que el propio modelo estándar del universo podría estar equivocado, y Roman tiene la precisión necesaria para comprobarlo.

Cien mil nuevos mundos por descubrir

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Antes de este lanzamiento, la humanidad había confirmado unos 6.300 exoplanetas en más de tres décadas de búsqueda. Roman aspira a encontrar alrededor de 100.000 mundos nuevos en solo cinco años de misión, gracias a un instrumento llamado coronógrafo capaz de bloquear la luz de las estrellas para fotografiar directamente los planetas que las rodean.

Esa capacidad abre una puerta fascinante: la posibilidad de detectar planetas errantes, esos mundos que vagan por el espacio sin orbitar ninguna estrella. También podría aportar la primera prueba definitiva de exolunas, es decir, satélites naturales orbitando planetas fuera de nuestro sistema solar.

Un atlas del universo sin precedentes

Más allá de la materia oscura y los exoplanetas, Roman va a observar más de mil millones de galaxias a lo largo de su misión. Su cámara infrarroja de 300 megapíxeles permitirá capturar luz que empezó su viaje hace miles de millones de años, lo que equivale a mirar directamente hacia el pasado del cosmos.

Este volumen de datos convertirá a Roman en, según sus propios responsables, el mayor catálogo astronómico jamás elaborado. Estos son los cuatro grandes objetivos que persigue la misión:

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  • Investigar la energía oscura y su papel en la expansión acelerada del universo.
  • Estudiar la materia oscura a través de sus efectos gravitacionales en galaxias y cúmulos.
  • Buscar exoplanetas, incluidos mundos sin estrella anfitriona.
  • Detectar decenas de miles de supernovas y fenómenos astrofísicos aún desconocidos.

Un trabajo en equipo con el James Webb

Roman no llega para sustituir a otros telescopios, sino para complementarlos. Mientras el James Webb ofrece una precisión extraordinaria en zonas muy concretas del cielo, Roman aporta la amplitud que a aquel le falta, cubriendo regiones cien veces mayores en cada observación.

Esta combinación permitirá a los astrónomos primero detectar fenómenos a gran escala con Roman y después analizarlos con el detalle del Webb. Es, en cierto modo, la diferencia entre tener un mapa completo y poder acercar el zoom a los puntos más interesantes de ese mapa.

Coronógrafo: el ojo que bloquea las estrellas

El coronógrafo de Roman es una de sus piezas más innovadoras. Al tapar la luz cegadora de una estrella, deja visible la tenue señal de los planetas que la orbitan, algo que hasta ahora solo se conseguía de forma indirecta.

Rumbo a L2, la mejor vista posible

El punto de Lagrange 2 ofrece condiciones térmicas y de estabilidad ideales para observar el universo sin las interferencias de la atmósfera terrestre, la misma región donde ya opera el Webb.

Lo que viene: ciencia con vocación de futuro

Los responsables de la misión son claros: los datos de Roman sentarán las bases para el futuro Observatorio de Mundos Habitables, el siguiente gran paso en la búsqueda de vida fuera de la Tierra. Es un proyecto pensado a largo plazo, y eso es motivo para el optimismo prudente que caracteriza a la buena ciencia.

Si algo queda claro con este lanzamiento es que la próxima década va a estar marcada por descubrimientos que hoy ni siquiera imaginamos. Merece la pena seguir de cerca cada actualización que llegue desde Goddard, porque las primeras imágenes de 2027 podrían cambiar buena parte de lo que creíamos saber sobre el cosmos.