Antoni Daimiel llevaba 36 años frente al micrófono de Movistar Plus cuando decidió que ya era suficiente. Entró un 15 de septiembre de 1990, pero ya no seguirá. La voz que narraba canastas imposibles de Michael Jordan, que sostuvo junto a Andrés Montes las madrugadas de una generación entera pegada a Canal+ y que convirtió la NBA en un fenómeno cultural en España, anunció este pasado 27 de agosto que se marchaba de la que siempre ha sido su casa.
No hubo portazo. No hubo reproche. Solo un comunicado medido, elegante, con guiño baloncestístico incluido —se definió como "agente libre restringido"— y una frase que, pese a la cortesía del conjunto, nos puede hacer entender un poco más la realidad que hay detrás de este desenlace: "Las circunstancias han propiciado esta separación".
Es posible que estas circunstancias tengan nombre. En septiembre de 2025, DAZN y Amazon Prime Video se repartieron los derechos de retransmisión de la NBA en España, dejando fuera por primera vez en casi tres décadas a la plataforma que había hecho del baloncesto norteamericano un sello propio. Movistar Plus perdió también la ACB y la NFL. De un plumazo, el universo deportivo que Daimiel había contribuido a construir se desmanteló, y con él desapareció el sentido de permanencia de su mayor embajador.
La plataforma intentó reconvertir a Daimiel y a su compañero Guille Giménez como comentaristas de LaLiga en un formato experimental de señal multicámara, un movimiento que sabía más a parche que a plan. No fue suficiente para retener a quien, según la propia Movistar Plus, había sido imprescindible para entender la historia del deporte en su antena.

La respuesta oficial de la plataforma al anuncio de Daimiel fue emotiva y hasta bonita. Citaron a Andrés Montes, agradecieron el talento y la dedicación del periodista... y le desearon suerte. Pero tras el cariño institucional se percibe un patrón que excede con mucho el caso de un solo profesional. La marcha de Antoni es solo el eslabón de una cadena de pérdidas de talento que viene debilitando la propuesta de Movistar Plus desde hace años, justo en un momento en el que los números de la plataforma dicen otra cosa muy distinta.
Movistar Plus y cómo crecer vaciándose por dentro
Porque la realidad financiera de Movistar Plus invita al optimismo, al menos sobre el papel. La plataforma cerró 2025 con 3,8 millones de suscriptores, un crecimiento del 7,9 % interanual que triplicaba el ritmo de 2024. Al cierre del segundo trimestre de 2026, el número había escalado hasta los 3.943.000, encadenando doce trimestres consecutivos de subida y acariciando los cuatro millones de abonados, una barrera que no superaba desde finales de 2020. Los ingresos publicitarios también crecieron, pasando de 67,3 a 75,9 millones de euros. Las cifras, vistas desde la óptica de un cuadro de mandos, resultan envidiables.
Sin embargo, esa remontada cuantitativa enmascara una hemorragia cualitativa que empezó mucho antes de que Daimiel recogiese sus cosas. El caso más sonado es quizá el de julio de 2024, cuando David Broncano se marchó a RTVE llevándose consigo La Resistencia, el programa que desde 2018 había vertebrado la apuesta de entretenimiento de la plataforma y que, de paso, le había regalado una relevancia cultural entre el público joven que ninguna serie podía sustituir. Movistar Plus se quedó con el nombre del formato y con las reposiciones, pero perdió al talento que lo hacía funcionar.
Antes de Broncano ya se habían ido Showriano, de Eva Soriano, y Martínez y Hermanos, de Dani Martínez, que saltó a Cuatro. Late Motiv, el late show de Andreu Buenafuente que durante cinco años fue la columna vertebral del canal #0, había echado el cierre en 2021. La lista de programas de entretenimiento que la plataforma dejó caer o no supo retener es larga: Las que faltaban, El cielo puede esperar, Dar cera, pulir #0, B.S.O. El resultado es que Movistar Plus, que un día fue la casa del late night en España, se quedó prácticamente sin oferta de entretenimiento propio, con Ilustres Ignorantes como último superviviente de una era que ya no existe.

Pero las fugas no se limitaron a los platós. En mayo de 2025, Domingo Corral, el director de contenidos que había puesto en marcha títulos como Antidisturbios, La Mesías, Celeste, Querer, Hierro o Rapa —artífice de que Movistar Plus fuese sinónimo de ficción de calidad en España—, abandonó la compañía tras nueve años en el puesto. Corral no se fue al paro. En marzo de 2026 se supo que HBO Max le había fichado en exclusiva para desarrollar nuevas ficciones, un movimiento que dejaba a Movistar Plus sin el cerebro creativo que había construido su catálogo más premiado. Bajo su dirección, la plataforma había acumulado reconocimientos en los Premios Feroz, en Series Mania, en los Goya y hasta una nominación al Oscar con Sirât. Su sustituto, Jorge Pezzi, procedía de Boomerang TV y era socio de José Miguel Contreras, una conexión que despertó suspicacias en la industria sobre la dirección política de los nuevos nombramientos.
El coste de las decisiones no se ve en las cifras
Detrás de la renovación del organigrama de Movistar Plus se esconde una historia de reestructuración profunda que arrancó con la llegada de Marc Murtra a la presidencia de Telefónica en enero de 2025, en sustitución de José María Álvarez-Pallete. Murtra colocó a Javier de Paz, consejero de Telefónica desde 2007 como presidente de la división audiovisual. Daniel Domenjó relevó a Cristina Burzako como consejero delegado. Sergio Oslé, que había presidido Movistar Plus desde 2017, fue apartado. El cambio de guardia fue completo y rápido, pero la herencia que dejó la etapa anterior era pesada.
Con ello, Telefónica ejecutó un ERE que afectó a 213 trabajadores de Movistar Plus, aproximadamente el 25 % de una plantilla de 860 empleados. La cifra, aunque inferior a las 279 bajas planteadas inicialmente, llegó en el peor momento posible: cuando la plataforma acababa de remontar cuatro años consecutivos de pérdida de clientes. Fuentes sindicales atribuyeron el ajuste a las malas decisiones acumuladas durante la presidencia de Oslé, un período en el que, según los críticos, Movistar Plus perdió identidad frente a rivales como DAZN en el terreno deportivo y no supo reaccionar a tiempo ante la irrupción de las plataformas globales de streaming.
El contraste con esos competidores internacionales sigue siendo brutal. Netflix supera los 300 millones de suscriptores en todo el mundo. Prime Video ronda los 200. Disney+ se mueve alrededor de los 120. Movistar Plus, con sus casi cuatro millones de abonados exclusivamente en España, juega en una liga que no admite comparación en términos de presupuesto para contenidos ni de capacidad tecnológica. Y sin embargo, la plataforma ha demostrado durante años que sabía competir en un terreno donde la escala importa menos: el del talento local y la identidad propia.

Esa identidad es exactamente lo que se está diluyendo. Movistar Plus sigue teniendo LaLiga y la Champions League, dos anclas comerciales que explican buena parte de su crecimiento reciente. Ha lanzado planes más flexibles —como el Plan Libre de cine y series a 4,99 euros o un plan gratuito de entrada— que están atrayendo a nuevos públicos. Pero el fútbol, por sí solo, no construye una marca cultural. Los derechos deportivos suben de precio en cada ciclo de negociación y dependen de factores ajenos a la propia plataforma.
Lo que Canal+ primero y Movistar Plus después construyeron durante décadas fue algo distinto. Hablamos de un ecosistema donde convivían las narraciónes de Daimiel y Montes con los reportajes de Informe Robinson, los monólogos de Broncano con las series de Sorogoyen, los documentales deportivos con la ficción de autor. Ese ecosistema ya no existe como tal.
Supongo que los dirigentes no pensarán (como un servidor) que los números, por buenos que sean, no pueden sustituir lo que aporta el talento. Daimiel se fue con elegancia, pero su marcha tiene un significado que trasciende lo personal. Representa el final de una era en la que Movistar Plus era capaz de atraer y retener a los mejores profesionales del periodismo deportivo y del entretenimiento en España. Corral se fue a HBO Max. Broncano se fue a TVE. Daimiel se ha ido sin destino anunciado, pero con la certeza de que su casa ya no era lo que fue.
Y mientras la plataforma celebra buenos números, quienes la siguen desde hace años tienen la sensación creciente de que lo que están pagando vale un poco menos cada trimestre.



