Fiesta al borde del abismo: The Weeknd en el estadio Metropolitano

Abel Tesfaye abarrota el estadio madrileño en tres noches históricas con un despliegue monumental entre el pop electrónico, la oscuridad y la catarsis generacional.

Abel Tesfaye es una de las pocas figuras de la industria musical que sigue teniendo algo de misterio. Sabemos que el nombre detrás de The Weeknd vivió haciendo crowdsurfing tras dejar el colegio, que fue una de las primeras figuras pop en construir su carrera desde MySpace, y que durante años su música ha servido para que él y sus oyentes vivan una vida de desenfreno. Sexo, drogas y rock 'n' roll se queda corto: hablamos de sado, coca y pop oscuro, de beats muertos y una capa de depresión que trata de justificar cada mala decisión.

Ese es el personaje que Abel ha construido con The Weeknd, y es el que colgó el cartel de sold out en sus tres noches en Madrid. Es cierto que en el fondo es poco más que la versión melancólica de la fantasía del rock 'n' roll primerizo o del gangsta rap. Pero, al menos en vivo, es difícil no dejarse llevar y creerse el cuento; no suena tan mal aspirar antidepresivos por la nariz.

Desde su salida al escenario, construido para imitar una ciudad en ruinas y con una modelo cibernética gigante en mitad del Metropolitano, rodeado de lo que parecen ser sus sacerdotisas, con máscaras y túnicas rojas, su capacidad de seducción se hizo evidente desde la interpretación de "Baptized in Fear" y "Open Hearts". Pero la gran sorpresa ha sido la entrega del público, que no solo conocía cada uno de los versos de las canciones del artista, sino que por momentos se entregaba como si fuese el líder de una secta.

Publicidad
A estátua de Hajime Soroyama en el Metropolitano. Foto: Sebastien Nagy
A estátua de Hajime Soroyama en el Metropolitano. Foto: Sebastien Nagy

Pero quizás los momentos más emocionantes son en los que Abel se deja ver debajo del personaje de The Weeknd. Las sonrisas, los saludos o la firma de autógrafos son momentos que rompen un poco con la figura misteriosa que ha construido en cada uno de sus discos, pero que también la humanizan. No por nada Tesfaye ha coqueteado un par de veces con la idea de retirar al personaje, pero vuelve una y otra vez al sentir el amor de su público.

Es cierto que si de algo sufre este montaje es de tener que sumar las canciones de 'Hurry Up Tomorrow'. Es un disco que simplemente no está a la altura de los brillantes 'After Hours' y 'Dawn FM', y se nota en las canciones, incluso si el público se entrega a ellas con la misma energía y entrega que si fuesen los hits de toda la vida.

Beats decadentes y luces de neón

Lo cierto es que la figura de The Weeknd sabe brillar más allá de los hits. No es solo que haya canciones que en directo se transforman al combinar a su banda en vivo con los beats electrónicos sobre los que construye el ambiente —lo que eleva temas como "Heartless" o "Starboy"—, aunque también deja algo cojas composiciones que seguramente serían mejores solo con la banda en directo, como "I Can't Feel My Face" o "I Feel It Coming". La construcción de los beats también desdibuja el inicio de algunas canciones como "The Hills".

Pero, con el perdón de los fanáticos, lo mejor del show son sus hits pop. "Lost in the Fire", "Save Your Tears" o "Blinding Lights" tienen una luminosidad única en su construcción, incluso a pesar de lo oscuro de sus letras. Es un punto entre la oscuridad y la fiesta que hizo de The Weeknd la estrella pop clave de la pandemia, y que hoy hace que estas canciones sigan sirviendo de válvula de escape.

The Weeknd y festejar al borde del abismo

Lo cierto es que en vivo es evidente que The Weeknd no solo bebe del mundo del pop. Nunca ha ocultado nombres como el de Michael Jackson entre sus influencias, pero al ver al personaje en el escenario, se hace evidente que hay otros nombres clave a la hora de construir su figura, como el de David Bowie o el de Trent Reznor. Quizás por eso, por momentos es fácil desconectar del show, porque son figuras contradictorias como lo son Abel y The Weeknd.

The Weeknd en el Estadio Metropolitano de Madrid. Foto: Sebastien Nagy
The Weeknd en el Estadio Metropolitano de Madrid. Foto: Sebastien Nagy

Pero también hay algo que lo convierte en la figura ideal del pop en estos tiempos. La idea de celebrar desde la tristeza, de dejarse llevar por impulsos oscuros o de separar las noches de desenfreno del día a día son especialmente atractivas para una generación que sigue arrastrando el trauma de dos crisis económicas de las que no tiene culpa, que ha renunciado a la idea de tener un hogar a su nombre y que, cuando sale de fiesta, también lo hace para esconderse de la realidad.

Es la fiesta con la discoteca al borde del barranco y la puesta en escena del artista lo refleja. Los láseres de la estatua, las figuras de su culto y el propio Tesfaye construyen un mundo paralelo, donde todo puede ser todavía más oscuro, pero donde todavía se puede celebrar y olvidar. El canadiense lleva años amenazando con retirar a The Weeknd, pero si seguimos de frente en dirección al apocalipsis, es posible que todavía lo necesitemos para saber cómo celebrar cuando el mundo se desploma.

Publicidad