La reciente polémica de Erola Jons en La Vuelta a España ha vuelto a poner sobre la mesa la idea de la caída de los influencers de la que tanto se ha hablado en las últimas semanas. Y es que, aparte de lo que hagan en sus plataformas, la contratación de creadores de contenido para cubrir eventos deportivos y televisivos genera un rechazo creciente entre profesionales del periodismo, audiencias y aficionados que exigen conocimiento especializado frente al entretenimiento vacío. El caso de la influencer catalana, que acumula más de seis millones de seguidores en sus perfiles, ha sido solo el último episodio de una tendencia que lleva años tensando la relación entre las cadenas, los creadores digitales y el público.
Si no te has enterado, la organización de La Vuelta incorporó a Erola Jons como creadora de contenido para elaborar piezas desde las etapas, los puntos de salida y el podio, con el objetivo declarado de conectar la carrera con públicos jóvenes que consumen vídeos breves y entretenimiento en redes. Pero la estrategia se torció desde la jornada inaugural en Mónaco.
La influencer, fiel al estilo de sus vídeos en redes (hace bromas simpáticas piropeando a desconocidos de manera inesperada) protagonizó varios momentos con comentarios considerados frívolos y sexualizados hacia los corredores, llegando a referirse a Tadej Pogacar como "Pogachitar" mientras el ciclista esloveno se encontraba en la zona interior del podio. Otros contenidos incluían expresiones como referencias al "calor de ver tanta malla ajustada". El malestar se extendió rápidamente entre ciclistas como Joshua Tarling y el propio Pogacar, entre periodistas acreditados y entre miles de aficionados en redes.
La reportera de Eurosport Laura Meseguer, una de las periodistas más reconocidas del ciclismo internacional, denunció públicamente el tono de los contenidos de Jons. Su mensaje puso el foco en el respeto que merece el papel de la mujer periodista en un deporte donde, según ella misma recordó, a las profesionales les ha costado años abrirse paso en un ambiente tradicionalmente masculino. La reacción de Meseguer amplificó un malestar que ya existía entre los equipos y provocó que la organización de La Vuelta tomara medidas apenas un día después.
La Vuelta no ha rescindido su colaboración con Jons, pero le impone nuevas directrices significativas. La influencer ya no puede acceder a la zona mixta ni al área de los autobuses de los equipos y necesita la autorización previa de cada escuadra antes de grabar o entrevistar a cualquier corredor. Además, la organización le pidió oficialmente que adaptara el tono de sus publicaciones al contexto de una competición deportiva de primer nivel.
La propia Vuelta reconoció que era consciente del tipo de contenido que Jons producía habitualmente, pero alegó que la polémica se debía en parte a una malinterpretación.

Un patrón que se repite en cada gran evento con influencers
Solo dos meses antes, en junio de 2026, RTVE protagonizó una polémica similar al anunciar su estrategia digital para el Mundial de fútbol. La televisión pública presentó lo que calificó como "la mayor cobertura digital de su historia" para RTVE Play, pero la elección de los colaboradores provocó una tormenta en redes sociales que no se apagó en semanas. Entre los nombres elegidos figuraba Marina Rivers, una de las influencers más conocidas de España, con 7,9 millones de seguidores en TikTok y 2,2 millones en Instagram, cuya trayectoria profesional no guarda relación alguna con el periodismo deportivo.
Rivers se hizo conocida por subir vídeos bailando en clase, participó en La Velada del Año organizada por Ibai Llanos, concursó en MasterChef Celebrity y copresentó Zero Dramas en La 2 junto a Loles León. Junto a La Rivers, RTVE incorporó a Darío Eme Hache, presentador de streaming en Twitch que ya había estado en el centro de la polémica tras un incidente en el programa Yo Interneto, y a otros perfiles del ecosistema digital como Lucía Borro.
Más allá de las críticas de quienes acusan a RTVE de pagar con fondos públicos a personas sin conocimiento del deporte, la comparación era lo más sangrante. La BBC, por ejemplo, contaba para el mismo Mundial con figuras como Wayne Rooney, César Azpilicueta o Alan Shearer, mientras FOX Sports apostaba por Thierry Henry y Seedorf.

La cadena pública defendió la decisión argumentando que buscaba un enfoque más fresco y cercano para sus plataformas digitales, alejado de los análisis tácticos tradicionales. Pero numerosos profesionales del periodismo deportivo cuestionaron públicamente que una televisión financiada con impuestos relegara a periodistas de carrera para entregar los micrófonos a creadores de contenido sin experiencia acreditada en información deportiva. Además, es una situación especialmente dolorosa en un contexto marcado por las dificultades laborales del sector periodístico.
Sea como fuere, este tipo de decisiones no empezaron en 2026. La tendencia de las cadenas españolas a fichar influencers para formatos televisivos viene de años atrás y ha dejado un rastro de fracasos y controversias. El propio caso que hemos mencionado de de Zero Dramas, donde Marina Rivers ejercía de copresentadora en La 2, ejemplifica los riesgos de esta apuesta. El programa, que combinaba entrevistas con un consultorio sexual conducido por Loles León, no logró asentar su audiencia pese a varios cambios de horario y estructura, y TVE terminó cancelándolo en mayo de 2026 apenas unos meses después de su estreno.
La irrupción de Ibai Llanos en las campanadas de Nochevieja de 2020, junto a Anne Igartiburu en Twitch, se presentó en su día como un hito histórico que superó en audiencia digital a varias cadenas tradicionales. Sin embargo, el formato fue perdiendo tirón con los años. Las campanadas de 2023 registraron las peores cifras desde su lanzamiento, y en 2025 el propio Ibai anunció que no retransmitiría el evento por motivos familiares. El experimento demostró que la novedad tiene fecha de caducidad cuando no se sustenta en un valor añadido que trascienda el mero impacto inicial.
La repetida "caída de los influencers"
La polémica de Erola Jons y el caso de RTVE con el Mundial no pueden entenderse sin el contexto más amplio que ha marcado el verano de 2026 en las redes españolas. La expresión "la caída de los influencers" se ha convertido en una de las tendencias más comentadas en TikTok, Instagram y X, alimentada por una sucesión de controversias protagonizadas por algunos de los creadores más seguidos del país.
Carlos García, conocido como Carliyo el Nervio, desató la indignación al calificar el eclipse total de Sol del 12 de agosto como una "cortina de humo" de quienes él llama "los de arriba" para desviar la atención de los problemas del país. Violeta Mangriñán, que saltó a la fama por el programa Mujeres y Hombres y Viceversa, fue criticada por abrazar teorías negacionistas sobre el mismo fenómeno astronómico.
El streamer El Xokas volvió a situarse en el punto de mira después de que Burger King cancelara su colaboración tras diversos comentarios polémicos, entre ellos la frase con la que presumía de haber ganado más con una promoción de la cadena de restaurantes que los padres de un espectador en veinte años de trabajo.

Roro Bueno, popular por sus vídeos de cocina, acumuló críticas por la construcción artificiosa de su personaje digital tras su participación en La Velada del Año VI.
La creadora Fabiana Sevillano ofreció su propia lectura del fenómeno al sostener que las llamadas "funas" o campañas de cancelación no bastan por sí solas para acabar con los influencers, porque incluso el rechazo genera atención y, por tanto, alimenta el algoritmo. Para ella, el verdadero peligro llegaría cuando surja una nueva forma de entretenimiento capaz de sustituir el modelo actual.
Pero los datos respaldan que algo está cambiando en la percepción del público. Según el informe de mayo de 2026 de la Asociación para la Investigación de Medios de Comunicación (AIMC), el 69,8 % de los seguidores de influencers considera que estos hacen un uso o abuso de la publicidad encubierta, y un 45,7 % opina que su credibilidad ha disminuido. Las cifras de Social Blade y TikReport muestran pérdidas significativas de seguidores en las últimas semanas para varios de los creadores más señalados. Fabiana Sevillano perdió más de 75.000 seguidores en TikTok, Roro Bueno más de 62.000 y Carliyo el Nervio unos 27.000, según los datos publicados por Ara.
La inversión publicitaria en influencers en España alcanzó los 158 millones de euros en 2025, un 25,9 % más que el año anterior, y las previsiones de IAB Spain para 2026 apuntan a crecimientos adicionales de entre el 20 % y el 40 %. El modelo no se hunde, pero sí se transforma. Las marcas empiezan a mirar con más interés a los microinfluencers y nanoinfluencers, perfiles con comunidades mucho más pequeñas pero con una relación de confianza más sólida con sus seguidores.
Mientras tanto, la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) ha comenzado a sancionar a creadores por publicidad encubierta, como ocurrió con el propio Ibai Llanos, multado con 710 euros por no identificar correctamente una acción comercial de una marca de bebidas durante la presentación de La Velada.
En un principio, los influencers conquistaron el espacio de las celebridades tradicionales ofreciendo cercanía, accesibilidad y la sensación de ser personas corrientes. Ahora que muchos de ellos exhiben estilos de vida inaccesibles para sus seguidores, viajan en primera clase, compran casas y acumulan colaboraciones publicitarias sin descanso, la distancia con su audiencia se ha vuelto la misma que la de aquellas celebridades a las que vinieron a reemplazar.



