Redes sociales y restaurantes: un profesor de marketing explica por qué eliges el que ya has visto 20 veces

César Martín de Bernardo lo tiene claro: el cansancio y el miedo a fallar nos empujan a la terraza llena. El menú del día es ese gran aliado contra la trampa turística que casi nadie quiere pedir.

Seguro que te ha pasado: acabas en una ciudad nueva, abres Instagram y terminas pidiendo en el restaurante que ya has visto 20 veces en redes. César Martín de Bernardo, profesor de Marketing de la Universidad Europea, explica en Directo al Paladar por qué nos pasa exactamente eso.

El cerebro prefiere la terraza llena

La idea del profesor va directa al asunto: el cerebro humano prefiere ir a lo seguro. Solo así se entiende que una terraza llena se convierta en la pista definitiva de que 'obligatoriamente tiene que ser buena', un atajo mental que nos ahorra el esfuerzo de comparar.

El cerebro, cuenta, tiende a sobreestimar el peligro de perderse o de acabar en un local extraño. Por eso prefiere seguir el flujo de la multitud; es una regla rápida que adopta sin pensarlo, no una garantía de que el producto sea bueno.

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El cansancio también juega en nuestra contra. Después de horas de visitas y estímulos, el cansancio acumulado lo decide todo: el cuerpo pide sentarse en la terraza que está justo delante, no investigar entre callejuelas.

Ahí nacen las trampas para turistas. Ni la mejor paella de Valencia está en pleno centro, ni los tacos con más raíz están pegados al Zócalo de Ciudad de México. La comodidad gana la partida al instinto explorador.

El menú del día es el atajo que nadie usa

Hasta aquí podrías pensar que todo está perdido. Pero César Martín de Bernardo reivindica el menú del día como ese atajo que reduce el riesgo. 'Es un producto diseñado para reducir el riesgo de ambas partes', explica el profesor: el restaurante cocina en bloque y el cliente se libra de la parálisis de una carta infinita y cara.

La terraza llena no garantiza buena cocina, solo demuestra que el cansancio y el miedo a fallar hacen el resto.

En el otro lado del problema, el académico apunta a la gentrificación de los mercados de abastos: tapas caras, neones y turistas que sustituyen a los vecinos con el carro de la compra. En sus palabras, eso 'desvirtúa la identidad del barrio para convertir un servicio de comida diaria en un escenario puramente de consumo rápido y postureo digital.

Cuando el barrio se convierte en un selfi

La conexión con lo que vemos en redes es total. Instagram y TikTok amplifican esa trampa porque convierten cada restaurante viral en una promesa validada por miles de extraños. No es que queramos ir a sitio conocido; es que el algoritmo premia lo fotogénico, lo saturado y lo predecible, y castiga el riesgo justo lo que nuestro cerebro menos quiere asumir.

A mí me ha pasado más de una vez: salgo de un viaje con la sensación de no haber probado nada local de verdad. La explicación del académico no es una condena, es un aviso: el algoritmo de Instagram y TikTok convierte el hambre en un scroll infinito de platos bonitos y locales idénticos. Y la pregunta queda en el aire: si las redes marcan tanto el tenedor, ¿hasta cuándo pagaremos decorados bonitos por comida mediocre?

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📱 El TL;DR (Too Long; Didn't Read)

  • 👤 De quién hablamos: Del profesor César Martín de Bernardo y su explicación sobre redes, restaurantes y decisión de consumo.
  • 📲 En qué red social ha pasado: Instagram y TikTok como escaparates que validan la elección del restaurante.
  • 🔥 Por qué es viral: Porque explica con psicología por qué acabamos pidiendo en el sitio que ya hemos visto 20 veces.