National Geographic ha vuelto a poner el foco en una de las historias más extrañas de la biología moderna: la de un pez que, según todo lo que sabíamos, llevaba 66 millones de años extinto. Sin embargo, sigue nadando hoy mismo en las profundidades del océano Índico, ajeno a que la ciencia lo dio por muerto junto a los dinosaurios.
Se llama celacanto, y su historia empieza como un accidente. Un pescador arrastró una red frente a la costa de Sudáfrica y sacó a la superficie algo que nadie esperaba volver a ver jamás. Lo que ocurrió después cambió para siempre lo que creíamos saber sobre la extinción.
El día que National Geographic se topó con un fantasma marino
Corría el 22 de diciembre de 1938 cuando la conservadora de museo Marjorie Courtenay-Latimer recibió el aviso de un capitán pesquero en East London, Sudáfrica. Entre la pesca del día había un animal de más de metro y medio, escamas azuladas y aletas extrañamente carnosas que no se parecía a nada que hubiera visto antes.
Latimer hizo lo correcto: conservó el ejemplar y envió dibujos al ictiólogo J. L. B. Smith. La respuesta de Smith fue contundente y, para la comunidad científica de la época, casi inaceptable: se trataba de un celacanto, un grupo de peces que los registros fósiles situaban extinguido desde el Cretácico.
De la sorpresa al hallazgo verificado: así confirmó la ciencia su existencia
En National Geographic España, el rigor periodístico ha acompañado durante décadas la evolución de esta historia, desde el hallazgo original hasta los estudios genéticos más recientes sobre el celacanto. La pieza clave llegó casi cincuenta años después del primer ejemplar, cuando por fin se pudo grabar al animal en su propio hábitat.
Fue en 1987 cuando un equipo liderado por los investigadores M. N. Brenton y Hans Fricke, con el respaldo directo de la National Geographic Society, consiguió las primeras imágenes submarinas del celacanto nadando libremente. No fue casualidad: hicieron falta un sumergible, financiación internacional y años de búsqueda para documentar algo que la ciencia académica había descartado por completo.
Un segundo hallazgo a 10.000 kilómetros de distancia
La historia del celacanto no terminó en Sudáfrica. En 1998, el biólogo Mark V. Erdmann localizó otra población de esta especie en las islas Célebes, en Indonesia, a casi diez mil kilómetros del primer avistamiento. El hallazgo obligó a redibujar el mapa de distribución de un animal que se creía confinado a un único rincón del planeta.
Ese segundo grupo resultó ser una especie distinta, bautizada como Latimeria menadoensis, genéticamente emparentada con la africana pero separada evolutivamente desde hace entre 6 y 40 millones de años. Los científicos calculan que la divergencia entre ambas es comparable a la que existe entre humanos y chimpancés.
Por qué el celacanto sigue fascinando a la ciencia casi un siglo después
El interés no ha hecho más que crecer con el tiempo. Estudios recientes han revelado que este pez puede vivir hasta cien años, cinco veces más de lo que se pensaba en un principio, y que las hembras podrían gestar a sus crías durante cinco años completos, un récord entre los vertebrados.
Su anatomía sigue siendo motivo de estudio constante. Las aletas lobuladas del celacanto conservan una estructura ósea que los científicos consideran clave para entender cómo los primeros vertebrados pasaron del agua a la tierra firme, hace unos 400 millones de años.
Un genoma que apenas ha cambiado
El análisis genético del celacanto muestra una tasa de mutación extraordinariamente baja comparada con otros vertebrados. Vive en cuevas profundas, sin apenas depredadores ni presión evolutiva para adaptarse, lo que explica por qué ha cambiado tan poco desde el Devónico.
Una especie todavía vulnerable
A pesar de su fama científica, tanto el celacanto africano como el indonesio figuran hoy como especies amenazadas. Su población reducida y su lento ritmo reproductivo lo convierten en un animal extremadamente frágil frente a cualquier alteración de su hábitat.
Lo que queda por descubrir bajo las profundidades del océano
La historia del celacanto demuestra algo que National Geographic repite desde hace más de un siglo: el océano sigue guardando secretos que la ciencia da por resueltos demasiado pronto. Cada nueva expedición a aguas profundas recuerda que la línea entre extinción y supervivencia puede ser mucho más delgada de lo que los libros de texto sugieren.
Los expertos coinciden en que el futuro del celacanto dependerá de la protección efectiva de sus hábitats de aguas profundas frente a la pesca accidental y los proyectos costeros. Si algo ha demostrado este pez es que la naturaleza guarda sorpresas incluso cuando creemos haberlo entendido todo, y esa posibilidad sigue siendo, casi noventa años después, una de las mejores razones para seguir explorando.




