Luka Doncic se ha llevado a sus compañeros de los Lakers a Eslovenia y les ha pagado el billete. Mientras en Los Ángeles la familia Buss se pelea por cada acción de la franquicia, el base prefiere gastar dinero en química.
El stage de Doncic: química con billete pagado
El ex del Real Madrid ha montado un stage de verano en Ljubljana para acelerar la conexión en un roster con muchas caras nuevas. Que el jefe mande el avión privado es un gesto de líder y, de paso, un mensaje: pase lo que pase en los despachos, aquí se entrena.
Lo contaba Mundo Deportivo y lo confirman los movimientos del equipo: varios jugadores han cambiado el calor californiano por los pabellones eslovenos. Doncic ha pagado el vuelo a algunos de sus compañeros, sin hacer ruido, como quien invita a unos amigos a casa.
La guerra de los Buss: un 17,8% que lo cambia todo
Mientras tanto, en la cúpula, la guerra de los hermanos Buss sigue viva. La gobernadora Jeanie Buss está abierta a explorar una vía para conservar el poder: quedarse con el mínimo del 15% de acciones que la NBA exige para ser gobernadora. Sus cinco hermanos venderían el resto de lo que le queda a la familia, según apuntan Sam Amick y Dan Woike en The Athletic.
El origen del incendio fue una votación a traición. Todos los hermanos votaron a espaldas de Jeanie para aprobar la venta del 17,8% de las acciones. A ella la deja fuera del cargo de gobernadora, y por eso se opone. Con ese porcentaje sobre la mesa, el equilibrio pende de un hilo.
Mientras la familia se pelea por el poder, Doncic invita a sus compañeros a entrenar en Eslovenia.
Jeanie no se queda sola en la pelea. Su abogado ha recordado por carta que, según una orden judicial de 2017, la familia Buss no puede vender sus acciones sin la aprobación de tres hermanos: Janie, Joey y la propia Jeanie. Ella ya destituyó a todos sus hermanos de sus funciones en la franquicia para quedarse al mando.
El contexto de la venta pesa. Jeanie Buss habría presionado en junio del año pasado para vender los Lakers por 10.000 millones de dólares a Mark Walter, quien a su vez los colocó en manos de Josh Kushner y Bob Iger por 12.500 millones. La familia Buss dejó de ser propietaria 46 años después de que Jerry Buss comprara la franquicia. Jeanie mantiene el cargo de gobernadora desde 2013 y, según el acuerdo, tendría que seguirlo siendo hasta 2030.
Bob Iger no descarta nada: "Si las cosas cambian, cambian", dijo el ex CEO de Disney en The Californian Post. A día de hoy, la idea del tándem propietario es mantenerla en la silla. Pero con la cláusula de acompañamiento que invocan los cinco hermanos, el asunto amenaza con eternizarse.
Por qué el pacto de Jeanie Buss salva (o no) a los Lakers
El culebrón recuerda a otras guerras familiares del deporte norteamericano, donde la propiedad se parte en bloques y el control se defiende en los tribunales. La diferencia aquí es que el pacto no es solo una cuestión de dinero: es una cuestión de gobernanza. La NBA exige un mínimo del 15% para que una persona mande; sin él, Jeanie pierde la poltrona.
Mi lectura es que Doncic ha elegido el mejor refugio posible para este ruido. En Ljubljana no hay consejo de administración ni hermanos peleados: hay un base que paga vuelos, entrena y crea química. La química se construye en Ljubljana mientras Los Ángeles arde. Ganar en la pista es, de largo, la manera más rápida de calmar a una franquicia en guerra.
Lo que hay que vigilar de aquí en adelante es si el pacto del 15% se formaliza o si la cláusula de acompañamiento acaba en un tribunal. También si el stage esloveno deja imágenes de equipo por encima del ruido, con un Doncic que ha entendido que su liderazgo empieza fuera del pabellón. Más contexto histórico sobre los Lakers en la entrada de Wikipedia de la franquicia y en la web oficial de los Lakers.
El chisme en 3 claves (TL;DR)
- 👀 Qué ha pasado: Luka Doncic ha montado un stage en Eslovenia y ha pagado el vuelo a algunos compañeros de los Lakers.
- 🔥 Por qué arde: La guerra de los hermanos Buss tiene a Jeanie peleando por conservar el 15% que exige la NBA.
- 📲 Lo que viene: Si el pacto no se cierra, la cláusula de acompañamiento puede acabar en los tribunales.

