Los Rolex más codiciados para comprar e invertir: relojes que se revalorizan y son pura elegancia

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Rolex GMT-Master “Pepsi” Ref. 6542

Primer plano de un lujoso reloj Rolex con detalles en oro y plata, simbolizando elegancia y precisión.
Foto de Leef Parks en Pexels

El Rolex GMT-Master 6542 no es solo el primer reloj de la familia GMT: es la pieza que inventó el apodo “Pepsi”. Nació en 1955 por encargo de Pan Am para que sus pilotos gestionaran varios husos horarios en los albores de la aviación comercial a reacción, y se fabricó apenas cuatro años, hasta 1959. Fue el único Rolex con bisel giratorio de baquelita rojo y azul, un material tan frágil como llamativo cuyas cifras luminosas empleaban radio, motivo por el que la marca lo retiró y lo sustituyó por aluminio ese mismo año. Ese ciclo tan corto y la delicadeza del bisel explican que sobrevivan tan pocos ejemplares intactos, y que la referencia se haya convertido en el santo grial del coleccionismo vintage: caja de acero de 38 mm sin protectores de corona, esfera negra gilt, aguja de 24 horas con punta de triángulo y el bisel bicolor que distingue el día de la noche. Su estatus cultural quedó sellado en 1964, cuando Honor Blackman lo lució como Pussy Galore en *Goldfinger*, uno de los momentos más famosos de la historia del reloj en el cine. Difícil encontrar un argumento más sólido para abrir cualquier lista de imprescindibles.

Como inversión, el 6542 juega en otra liga. Los ejemplares completos y sin restaurar superan con facilidad los 100.000 dólares, y el precio medio de los anunciados en Chrono24 ronda los 63.000; hace un año, un acero con su baquelita original se adjudicó en Christie's por 81.900 dólares, y Antiquorum remató un ejemplar de 1956 en 104.960 euros en 2024. En el escalón superior, un GMT de oro con bisel coñac de baquelita batió el récord de la referencia al venderse por 347.000 dólares en Phillips, y las piezas con doble firma de joyeros legendarios como Tiffany & Co. o Serpico y Laino, o con procedencias célebres, multiplican aún más su atractivo en las grandes subastas de Hong Kong y Ginebra. La clave de su revalorización es la escasez: los biseles originales se agrietaban o se sustituían en cada revisión, de modo que un 6542 intacto es un activo rarísimo que apenas sale al mercado. Quien puede permitírselo no compra un reloj, sino historia, cine y una plusvalía con mucho recorrido.