El peligro detrás de los tatuajes solares: cuando una moda se convierte en una quemadura

Los tatuajes solares están cada vez más de moda, pero no por ello están exentos de problemas para nuestra piel. Así, lo que para algunos parece una forma original de decorar la piel durante el verano es, en realidad, una quemadura solar provocada de manera intencionada. Consisten en quemarse la piel para crear dibujos, una práctica que, realmente, puede aumentar el riesgo de cáncer de piel, entre otros efectos.

“Son una quemadura solar deliberada y localizada: una lesión evitable causada por radiación ultravioleta (UV). Los dermatólogos los consideramos una forma de daño cutáneo, no una técnica inocua o creativa”, advierte en este sentido el doctor Emilio García Mouronte, especialista del Servicio de Dermatología del Centro Médico Quirónsalud Valdebebas.

Dr. Emilio Garcia Mouronte
Dr. Emilio García Mouronte, especialista del Servicio de Dermatología del Centro Médico Quirónsalud Valdebebas.

A corto plazo, el problema es el de una quemadura solar verdadera, donde puede aparecer dolor, calor, rojez, hinchazón, picor, descamación e incluso ampollas, que ya indican una lesión más profunda. “Además, cuando la barrera cutánea se rompe, aumenta el riesgo de infección secundaria, y en algunos casos puede haber síntomas generales como fiebre, náuseas o deshidratación”, añade.

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Pero en el largo plazo puede aumentar el riesgo de cáncer de piel, ya que la radiación UV es un factor de riesgo bien establecido para el cáncer de piel, y las quemaduras solares repetidas, intensas, o sufridas a edades tempranas se asocian con un mayor riesgo futuro, incluido el melanoma, tal y como indica este dermatólogo: “El problema es acumulativo: la piel recuerda ese daño a nivel molecular y las mutaciones provocadas por la UV pueden persistir durante años. Por eso, una quemadura buscada de forma intencional no es algo banal; es una exposición que suma riesgo oncológico a lo largo de la vida”.

Una quemadura especialmente peligrosa

Este tipo de quemaduras se consideran especialmente peligrosas frente a otras exposiciones solares, según prosigue el doctor García, porque aquí hay una intencionalidad clara: no se trata de una exposición accidental, sino de una quemadura buscada para lograr un efecto estético. “Además, suele hacerse sin protección, y en momentos de alta radiación, lo que favorece un daño más profundo. Cuando aparecen ampollas, ya estamos hablando de una quemadura de segundo grado”, agrega.

En concreto, señala que cuando se intenta crear ese contraste, la piel recibe una radiación ultravioleta, sobre todo del tipo UVB, que supera su capacidad de defensa: “A nivel biológico, esa radiación daña el ADN de las células, desencadena una respuesta inflamatoria con enrojecimiento y, si la lesión es más intensa, provoca la muerte de células dañadas y la posterior descamación. En otras palabras: lo que parece un dibujo temporal es, en realidad, una agresión solar suficientemente intensa como para inflamar, lesionar la piel y aumentar el riesgo de cáncer de piel a medio y largo plazo”.

‘Efectos secundarios’ de los tatuajes solares

Así, esta práctica puede dejar manchas permanentes, piel más áspera, pérdida de elasticidad, y un aspecto envejecido antes de tiempo. “Parte del daño solar se acumula y no siempre revierte por completo, porque, aunque la piel pueda curarse por fuera, el daño molecular ya quedó registrado. Por eso hablamos de lesiones que pueden dejar secuelas visibles y también riesgo a largo plazo”, subraya este experto del Servicio de Dermatología del Centro Médico Quirónsalud Valdebebas.

Igualmente, los tatuajes solares aceleran el fotoenvejecimiento, ya que la radiación ultravioleta no sólo quema, sino que también deteriora las fibras de colágeno, que son las estructuras de sostén de la piel. “Con el tiempo, eso se traduce en arrugas, flacidez, pérdida de firmeza, y cambios de textura. En otras palabras, el tatuaje solar del presente puede convertirse más adelante en una arruga muy visible”, advierte.

Es más, el doctor García Mouronte mantiene que una quemadura intencional para un tatuaje solar suele ser de segundo grado superficial, siendo los pasos a seguir en estos casos los siguientes:

  1. Enfriamiento: aplicar compresas de agua fresca (no hielo directo) durante 15-20 minutos para detener la progresión térmica de la lesión.
  2. Hidratación intensa: usar cremas reparadoras con ingredientes como alantoína, pantenol o aloe vera puro; evitar lociones con fragancias o alcohol que irriten más.
  3. No romper las ampollas: si aparecen vesículas, actúan como una “barrera biológica” contra infecciones; romperlas aumenta el riesgo de cicatrices permanentes.
  4. Antiinflamatorios: si hay mucho dolor, el uso de ibuprofeno puede reducir la inflamación sistémica; en casos específicos, un dermatólogo puede recetar un corticoide tópico de potencia media (ej. betametasona) por pocos días.

“Se debe buscar atención médica inmediata si la quemadura presenta: ampollas extensas, aquellas que cubran más del 20% de la superficie corporal; surjan síntomas sistémicos como fiebre, escalofríos, dolor de cabeza intenso, náuseas, o mareos (esto indica una insolación o golpe de calor asociado); dolor incontrolable que no cede con analgésicos comunes; signos de infección como pus, vetas rojas en la piel, o calor local que aumenta tras 48 horas”, concluye el doctor Emilio García Mouronte, especialista del Servicio de Dermatología del Centro Médico Quirónsalud Valdebebas.

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