El Valle de las 72 Cascadas en Suiza: la ruta de senderismo que te hará olvidar la playa

Está en el Cantón de Berna, se recorre en dos horas y guarda diez cascadas subterráneas a las que se baja en ascensor. Un plan de naturaleza que hace honor a su nombre y te reconcilia con la montaña.

Si este verano te niegas a acabar frito en la playa como una croqueta y prefieres cambiar la arena por el musgo fresco, tengo el plan perfecto para ti. Existe un rincón en Suiza donde caminar entre cascadas es lo más parecido a meterse en un cuento de hadas, pero sin príncipes ni dragones, solo agua, roca y un verde que te hace olvidar el móvil. Se llama el Valle de las 72 Cascadas, está en el Cantón de Berna y es una de esas rutas de senderismo que convierten una escapada de montaña en un recuerdo para siempre.

Un valle de cuento que parece un parque acuático natural

El nombre no es ninguna exageración. El valle de Lauterbrunnen, en la región de Oberland, presume de tener 72 cascadas surgiendo de sus paredes rocosas. Caminas por un sendero llano, apto para cualquier persona con un mínimo de ganas, y el sonido del agua te acompaña todo el rato. No hace falta ser un experto senderista ni llevar un equipo ultraligero: la ruta principal se completa en unas dos horas y el terreno es más agradecido que un paseo por el Retiro, aunque con mucho más espectáculo.

Llegar hasta aquí es sencillo. Tomas un tren hasta la estación de Lauterbrunnen, te bajas y ya estás en el meollo. Desde el mismo pueblo empieza el camino, que va serpenteando entre prados, cabañas de madera y saltos de agua que parecen colocados a propósito por un decorador con muy buen gusto. Es imposible no acabar con el chubasquero en la mochila, porque los salpicones están asegurados. La bruma que sueltan las cascadas más potentes te envuelve sin pedir permiso.

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Caminar entre cascadas no es solo una excusa para dejar la toalla en casa: es la mejor forma de recordar que los saltos de agua más bestias de Europa están en el corazón de Suiza.

Pero lo más bestia no está a simple vista. Bajo tus pies, el valle esconde las 10 cascadas subterráneas más grandes de Europa. Piénsalo: estás paseando tan tranquilo sobre un techo de roca que oculta un estruendo de agua solo comparable a una sala de máquinas de la naturaleza. Para verlo, hay que meterse en las entrañas de la montaña. Un ascensor excavado en la roca te baja hasta un sistema de galerías donde el agua cae con una potencia que te deja sin habla.

La visita a las cascadas subterráneas de Trümmelbach es de esas experiencias que no se olvidan. La roca vibra, el aire está cargado de humedad y el rumor del agua te obliga a subir la voz. Es un espectáculo geológico en estado puro, y lo bueno es que no necesitas ser espeleólogo para disfrutarlo. Todo está adaptado con pasarelas y miradores. Eso sí, mejor que no te pille con claustrofobia, porque el espacio a veces se vuelve íntimo.

Lo que no te cuentan las fotos de Instagram

Las fotos que ves en redes son alucinantes, pero no reflejan el olor a tierra mojada, el frescor constante ni el rumor que te envuelve a cada paso. Tampoco dicen que la ropa acaba empapada incluso en días soleados, ni que es una de esas rutas que te reconcilian con los planes de naturaleza aunque seas más de sofá y manta. Es un viaje sensorial completo, de esos que te dejan con la boca abierta y los dedos arrugados. No digo más.

Un apunte práctico: lleva calzado que agarre bien y una chaqueta impermeable, aunque el día amanezca despejado. No querrás que el móvil se te muera de hipotermia justo cuando vas a grabar el reels de tu vida. También conviene madrugar un poco, porque en temporada alta el valle puede llenarse de visitantes y pierde parte de su magia. Si puedes ir entre semana, mejor que mejor.

Por qué merece más la pena que muchas playas (y te lo digo yo que soy de costa)

No voy a negar que un buen día de playa tiene lo suyo, pero el Valle de las 72 Cascadas ofrece algo que el mar no puede: una conexión con la naturaleza que no se mide en grados de humedad ni en sombrillas. Aquí el aire es puro, el paisaje cambia a cada curva y la sensación de inmensidad te hace sentir pequeño en el mejor sentido. Además, no hay que pelear por un hueco en la arena ni preocuparse de las medusas.

Tampoco hace falta gastarse una fortuna. El acceso al valle es gratuito, y el billete de tren desde ciudades como Interlaken o Berna es bastante asequible (consulta los precios actualizados en la web oficial de Suiza Turismo). La entrada a las cascadas de Trümmelbach cuesta unos 12 francos (unos 12 euros, al cambio) y merece cada céntimo. Para más contexto sobre la geografía del valle, puedes curiosear en Wikipedia.

Ya me contarás si encuentras otro sitio donde puedas caminar entre 72 cascadas y, encima, descubrir un mundo subterráneo sin tener que arrastrarte por una cueva. Este rincón suizo no es solo una ruta de senderismo: es un planazo que redefine lo que entendemos por una escapada a la naturaleza.

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🧠 Para soltarlo en la cena

El dato: El Valle de las 72 Cascadas esconde las diez caídas subterráneas más grandes de Europa.