"Taffita, no quiero nada, ya está". Así se despidió Diego Armando Maradona de este mundo, tirado en una cama de una casa en las afueras de Buenos Aires. Su masajista personal, Nicolás Taffarel, lo contó este jueves en el juicio por su muerte, con la voz quebrada y los chats de WhatsApp como prueba irrefutable. Un testimonio que deja una certeza demoledora: al 10 lo dejaron morir.
El último "no" del Diez: el relato de Taffarel
El 24 de noviembre de 2020, un día antes de que se apagara definitivamente, Maradona estaba "totalmente edematizado" y llevaba días sin levantarse de la cama. Taffarel, que lo había tratado desde 2018, intentó sacarlo para darle un masaje, pero el astro le soltó: "No quiero nada, Taffita, ya está". Cuando el masajista le preguntó "¿ya está qué?", Maradona repitió: "Ya está, ya está". Fueron sus últimas palabras hacia él.
El masajista describió un deterioro físico y psicológico desgarrador. "No quería salir de la habitación, no quería comer, no quería cambiarse, no quería higienizarse. No quería los masajes tampoco". Un paciente que había sido ingresado para un tratamiento domiciliario que, en pocos días, se convirtió en un abandono. Y esa situación se mantuvo durante días, sin que nadie del equipo médico moviera un dedo para hospitalizarlo.
Los chats que prueban la desidia: "está hinchado como una teta"
Las pruebas exhibidas en la audiencia son un reguero de advertencias ignoradas. A través de mensajes de WhatsApp, Taffarel alertó repetidamente al médico de cabecera, Leopoldo Luque, sobre el estado crítico de Maradona. "Está totalmente edematizado", "está hinchado como una teta", "hace 26 horas que está durmiendo". La respuesta de Luque fue que había que "estar tranquilos", que "era normal" y que ya se deshincharía. No ocurrió; la hinchazón se agravó. La autopsia confirmó lo peor: un edema agudo de pulmón sobre una miocardiopatía crónica reagudizada por insuficiencia cardíaca, una bomba de relojería que nadie supo desactivar.
Otro dato escalofriante: los médicos retiraron los diuréticos de la medicación de Maradona poco antes de su muerte, según supo Taffarel por una enfermera. Cuando preguntó a Luque, este se desentendió y dijo que "eso lo manejaban los médicos de la obra social". Sin embargo, el médico de Swiss Medical, Pedro Di Spagna, declaró que solo vio a Maradona una vez y que nunca indicó discontinuar ninguna medicación. La cadena de negligencias estaba servida. Junto a Luque, están acusados de homicidio simple con dolo eventual la psiquiatra Agustina Cosachov, el psicólogo Carlos Díaz, la coordinadora Nancy Forlini, el médico Di Spagna, el coordinador Mariano Perroni y el enfermero Ricardo Almirón.
Taffarel describió la situación como "desesperante". "No veía un accionar concreto o una respuesta rápida", declaró. Sus mensajes a Luque eran un grito en el desierto.
Cuando el fútbol descuida a sus leyendas
El caso Maradona no es un hecho aislado en el deporte rey. La historia del fútbol está llena de ídolos que se apagaron en la peor soledad, rodeados de entornos negligentes. Garrincha, sin ir más lejos, murió alcoholizado y en la miseria tras una carrera gloriosa con Brasil. George Best, otro genio autodestructivo, vio cómo su adicción lo llevó a la tumba mientras el sistema lo observaba de lejos. Pero en el caso de Maradona, había un equipo médico contratado expresamente para cuidarlo, con una obra social de por medio y con la familia exigiendo respuestas.
La justicia argentina dirime ahora si los acusados actuaron con dolo eventual, es decir, si sabían que su inacción podía matarlo y no hicieron nada para evitarlo. Si se demuestra, sentaría un precedente global sobre la responsabilidad médica en el deporte, un ámbito donde a menudo se romantiza la decadencia del genio sin reparar en que detrás hay una persona con derechos. El masajista, un testigo secundario que se convirtió en la voz de la conciencia del juicio, ha dejado claro que Maradona no murió porque se rindiera, sino porque quienes tenían que salvarlo miraron para otro lado. El juicio, que se celebra en los tribunales de San Isidro, ha entrado en su fase final y un veredicto condenatorio podría acarrear penas de hasta ocho años de prisión para cada uno de los siete acusados. Una decisión que el mundo del fútbol espera con los puños apretados.
El 10 no se fue solo; lo dejaron irse mientras nadie movía un dedo.
El chisme en 3 claves (TL;DR)
- 👀 Qué ha pasado: El masajista de Maradona declaró en el juicio que el astro, hinchado y postrado, le dijo 'No quiero nada, ya está' un día antes de morir.
- 🔥 Por qué arde: Los WhatsApp revelan que los médicos ignoraron las alertas de edema y retiraron diuréticos, agravando su estado hasta la muerte.
- 📲 Lo que viene: La sentencia del juicio podría marcar un antes y un después en la responsabilidad penal de los equipos médicos en el deporte.

