Igual te suena la isla Marion por sus pingüinos, pero lo que pocos te cuentan es que un día llevaron cinco gatos para solucionar un problema de ratones. Y salió como el culo.
En 1947 Sudáfrica montó una base científica en este trozo de tierra perdido entre olas heladas. Lo que no vieron venir es que junto a los investigadores viajaban polizones diminutos con un apetito insaciable.
De una plaga de ratones a una idea que parecía brillante
Los roedores se colaron con los cazadores de focas del siglo XIX y, para 1949, la base meteorológica tenía un problema gordo. Había ratones por todas partes: en las despensas, en los dormitorios, royendo cables. La solución de manual fue rápida: «Pues metemos a su depredador natural».
Y llevaron cinco gatos. Cinco. La lógica era aplastante: los felinos cazarían los ratones, la plaga desaparecería y todos felices. Nadie pensó en lo que podía pasar si aquellos gatos decidían multiplicarse sin control.
En 1951 se avistó el primer gato salvaje, y a partir de ahí todo se fue de madre. Los descendientes de aquellos cinco mininos empezaron a cazar algo mucho más grande y fácil que los escurridizos ratones: los polluelos de las aves marinas.
Lo que parecía una solución redonda acabó con 455.000 aves muertas al año y una plaga de gatos que multiplicó el problema original.
Y entonces los gatos se volvieron los malos de la película
En 1975 la población felina salvaje ya rondaba los 2.139 ejemplares en apenas 298 km². Dos años después la cifra subió a 3.405 gatos. ¿Su menú favorito? Los petreles, los priones y cualquier ave despistada que anidara cerca del suelo. El investigador Rudi van Aarde documentó una auténtica masacre: más de 450.000 pájaros al año.
El comité científico sudafricano se puso las pilas. En 1975 lanzaron el programa de erradicación gatuna más ambicioso, largo y caro jamás visto en un ecosistema insular. Combinaron capturas intensivas, caza nocturna y un virus felino como arma biológica. El último gato desapareció en julio de 1991. Parecía el final del desmadre, pero no.
¿Y ahora qué? La pesadilla regresa con los ratones multiplicándose sin freno
Sin gatos que los frenaran, aquellos ratones que habían llegado en el siglo XIX se multiplicaron a un ritmo brutal. Y lo peor: con apenas 20 gramos de peso, se convirtieron en depredadores mortales. Atacan a polluelos de albatros errantes que pueden pesar hasta 7 kilos, matan aves adultas y están poniendo en jaque a toda la avifauna de la isla.
El desastre es tan bestia que se ha puesto en marcha el Mouse-Free Marion Project, una operación de erradicación de roedores con un coste de 25 millones de dólares. Esta vez, por supuesto, no van a soltar ni un solo gato. La lección está más que aprendida.
🧠 Para soltarlo en la cena
Llevar gatos a Marion generó más ratones y menos aves.



