"Lo que ocurre en el barco no sale de ahí": Revelan las intimidades de Felipe VI a bordo de un velero

Las figuras institucionales suelen estar rodeadas de un hermetismo casi total, protegidas por protocolos y normas de comportamiento muy estrictas. Sin embargo, de vez en cuando, surgen testimonios que rompen esa barrera invisible y nos muestran la faceta más humana, cotidiana y terrenal de nuestros representantes públicos. En esta ocasión, unas declaraciones recientes han sacado a la luz las costumbres más privadas del actual monarca español cuando decide alejarse de la civilización y adentrarse en alta mar.

No es ningún secreto que Felipe VI siente una auténtica devoción por el mundo náutico. Para el jefe de Estado, subir a una embarcación deportiva representa mucho más que un simple pasatiempo de fin de semana; es una auténtica vía de escape. Lejos de las arduas jornadas marcadas por las recepciones institucionales, los viajes diplomáticos de alto nivel o los compromisos de la agenda oficial, el mar le ofrece un refugio de normalidad. A lo largo de su vida, las horas que ha invertido surcando las aguas a bordo de diferentes embarcaciones son prácticamente incalculables.

Esta afición deportiva es una herencia directa de su entorno familiar original. Durante décadas, compartió esta afición deportiva con su padre y con las numerosas tripulaciones que lo han acompañado en diversas competiciones. Resulta curioso comprobar que esta profunda conexión con el mar no ha logrado calar de la misma manera en su núcleo familiar actual. Ni la reina Letizia, ni sus hijas, la princesa Leonor y la infanta Sofía, han heredado este enorme entusiasmo por las regatas y la navegación, prefiriendo otro tipo de actividades para su tiempo de ocio.

El fiel compañero de navegación de Felipe VI rompe su silencio

El fiel compañero de navegación de Felipe VI rompe su silencio
El fiel compañero de navegación de Felipe VI rompe su silencio | Fuente: Europa Press

A lo largo de todos estos años de travesías y competiciones náuticas, el monarca ha forjado amistades muy sólidas con aquellos que comparten su pasión por el viento y las velas. Uno de los hombres que más tiempo ha pasado a su lado en este entorno marítimo es el almirante Jaime Rodríguez-Toubes. Tras incontables horas compartiendo espacio en las cubiertas de diferentes embarcaciones, este experimentado navegante conoce a la perfección cómo se comporta el jefe del Estado cuando deja atrás la corona y adopta el papel de regatista.

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Recientemente, el diario El Mundo tuvo la oportunidad de entrevistar a este veterano almirante, quien no dudó en ofrecer detalles muy reveladores sobre la actitud de Felipe VI durante sus escapadas marítimas. Sus palabras reflejan un ambiente de total camaradería donde las jerarquías se diluyen frente a las exigencias del mar. "Le encanta navegar. Se relaja mucho y deja sus preocupaciones en tierra. En el barco el ambiente es muy distendido, nos dirigimos a él como 'Don Felipe' pero hay mucha naturalidad de trato, si hay que soltar un taco lo soltamos. Además, la discreción es total, lo que ocurre en el barco no sale de ahí", confesó.

La humildad de Felipe VI y su rechazo a los tratos de favor

Una de las características que más destaca en el entorno cercano al monarca es su constante empeño por no destacar por encima del resto de la tripulación. Según relata el almirante Rodríguez-Toubes, Felipe VI asume su rol dentro del equipo con absoluta normalidad y una notable modestia. A pesar de contar con una dilatada experiencia en el manejo de embarcaciones, siempre prefiere mantener un perfil bajo respecto a sus propias habilidades náuticas.

El testimonio de su compañero de navegación es muy claro en este sentido, revelando una conversación habitual entre ambos cuando toman posiciones. "Maneja bien el timón, pero siempre se excusa diciendo: `Que llevo un año sin navegar', y yo le contesto que eso es como montar en bici, no se olvida", detalla el almirante.

Ese deseo de igualdad se traslada incluso a los aspectos más básicos de la convivencia a bordo, como es el momento de reponer fuerzas. Lejos de exigir menús especiales o atenciones exclusivas, el monarca comparte exactamente la misma dieta que sus compañeros de faena. "Llevamos todos en la mochila los mismos bocadillos que nos preparan en el náutico", aseguró.

Una anécdota de juventud de Felipe VI que demuestra su nivel de compromiso

Una anécdota de juventud de Felipe VI que demuestra su nivel de compromiso
Una anécdota de juventud de Felipe VI que demuestra su nivel de compromiso | Fuente: Europa Press

Para entender este nivel de implicación, Rodríguez-Toubes echó la vista atrás para recordar los primeros años en los que Felipe VI comenzó a participar en regatas durante la década de los ochenta. En aquel entonces, siendo apenas un adolescente, ya mostraba un fuerte sentido de la responsabilidad, aunque también protagonizaba escenas propias de su edad. El almirante compartió un episodio muy particular que ilustra a la perfección el carácter del entonces príncipe.

"Le encantaba el chocolate y una vez se comió una tableta entera. Aunque intentaba disimular, noté que no le había sentado bien y como le tocaba una guardia, quise relevarle, pero se negó rotundamente. Era un chico tímido, pero en mar abierto perdía esa timidez y le encantaba sentirse uno más, no le gustan las diferencias y tampoco se rajaba para echar una mano", rememoró su compañero.

La insólita revelación logística sobre Felipe VI en alta mar

De todas las confidencias compartidas durante la entrevista, hay un detalle que ha acaparado poderosamente la atención por lo inusual de la situación tratándose de un jefe de Estado. La voluntad de Felipe VI de ser considerado exactamente igual que el resto de sus compañeros llega hasta las últimas consecuencias logísticas que impone una embarcación de competición.

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El almirante desveló cómo gestiona la tripulación, incluido el monarca, el asunto de las necesidades fisiológicas durante las largas horas de travesía. "Incluso ahora, siendo monarca, hace lo mismo que el resto de la tripulación: en el barco no hay cocina ni baño, así que hacemos las necesidades desde cubierta", confesó.

Resulta comprensible que, en medio de una competición y ante la ausencia de instalaciones sanitarias, la tripulación deba adaptarse al entorno, calculando siempre la dirección del viento para evitar contratiempos desagradables. Sin embargo, imaginar a una figura de la talla de Felipe VI resolviendo estos asuntos de una forma tan rudimentaria y expuesta frente a la inmensidad del océano es algo que, indudablemente, nadie habría sospechado jamás.