Libro devuelto 150 años después de su préstamo: la biblioteca de Kiama lo encuentra en una chimenea

Un ejemplar de 'The Antiquities of Athens' apareció dentro de una caja de té tapiada en una chimenea. La biblioteca perdona la multa teórica de 28.000 dólares australianos porque ya no cobra recargos, y el bisnieto del posible moroso respira aliviado.

Alguien reformaba una casa en Kiama, un pueblito costero al sur de Sídney, y entre escombros encontró algo que no esperaba: un libro de 1858 metido dentro de una caja de té, tapiada en una chimenea sellada. No es el arranque de una novela de misterio victoriana. Pasó de verdad, y el libro en cuestión —'The Antiquities of Athens'— llevaba casi 150 años esperando que alguien lo devolviera a la biblioteca local.

Ross Simmons, el afortunado albañil improvisado, desenterró el volumen mientras reformaba la vivienda. El ejemplar, con agua y humedad acumuladas, aún conservaba el número 506, que lo identificaba como uno de los mil títulos con los que arrancó la Biblioteca de Kiama en 1872. Es decir, el libro no solo es viejo: es prácticamente un miembro fundador del catálogo.

Quién fue el moroso (o morosa) de la chimenea

La identidad del lector que no devolvió el libro sigue siendo un enigma. Las fichas de préstamo originales se perdieron, así que no hay forma de saber quién fue el responsable. La única pista, y de ahí la gracia, es que la casa donde apareció pertenecía a John Simmons, tatarabuelo de Ross. Mismísimo apellido, misma dirección. La bibliotecaria no es detective, pero la intuición le dice que el bisabuelo Simmons se llevó el libro y acabó emparedándolo en la chimenea. ¿Por qué? Ni idea. Quizás un arrebato de pánico ante un recargo, quizás un escondite improvisado durante una reforma. El plot twist nadie lo vio venir.

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Lo que sí sabemos es qué pasaba cuando alguien se retrasaba en 1872. El reglamento de la época, que apareció junto al libro, era de lo más pintoresco. Para llevarse un libro a casa hacía falta que al menos tres personas de la casa supieran leer. Y, ojo, estaba terminantemente prohibido sacar un libro si el prestatario llegaba borracho a la biblioteca. Cosas que pasaban en el siglo XIX.

28.000 dólares australianos que nadie va a cobrar

Si aplicásemos la tarifa de penalización que figuraba en el libro, la multa teórica alcanzaría hoy los 28.000 dólares australianos (unos 19.500 dólares estadounidenses). Una cifra que da vértigo, pero que la Biblioteca de Kiama no tiene la menor intención de reclamar. “Ya no cobramos recargos por retraso, y mucho menos vamos a perseguir a los descendientes de un lector del siglo XIX”, explicó Michelle Hudson, la responsable de la biblioteca, con una mezcla de alivio y humor. La familia Simmons respira tranquila.

El plan de ocultar un libro en una chimenea para no devolverlo funcionó tan bien que tardaron un siglo y medio en descubrirlo.

El ejemplar, pese a las manchas de agua, ha sobrevivido en un estado decente. Ahora descansa en la colección de historia local de la biblioteca, y no volverá a prestarse. “No vamos a dejar que salga otra vez”, bromeó Hudson. “El personal no quiere esperar otros 150 años para que alguien lo devuelva”.

Más allá del anecdotario, la historia deja un regusto bonito: un objeto que conecta directamente con los primeros días de una biblioteca de pueblo, un misterio sin resolver y un final sin dramas. La mayoría de los bibliotecarios actuales tiene pesadillas con normas tan pintorescas y préstamos tan longevos, pero en Kiama están encantados. Han ganado una pieza de museo, un cuento que contar y la excusa perfecta para recordarnos que, si tienes un libro prestado desde la carrera, todavía estás a tiempo de devolverlo sin que te empareden la chimenea.

El resumen para vagos (TL;DR)

  • 🎯 ¿Qué ha pasado? Un libro de 1858 apareció tapiado en una chimenea 150 años después de su préstamo.
  • 🔥 ¿Por qué importa? El hallazgo resucita las normas decimonónicas de las bibliotecas y el posible moroso es el tatarabuelo del dueño actual.
  • 🤔 ¿Nos afecta o es solo un meme? Es puro salseo histórico con final feliz: la biblioteca no cobra la multa de 28.000 dólares australianos.