El PP politiza el Mundial: la ofensiva política contra Sánchez que marca la jornada

La cúpula popular y Vox convierten la victoria de la selección en un arma contra el presidente, vinculando la violencia callejera a los socios del Gobierno sin presentar pruebas.

Si el domingo España tocó el cielo con el Mundial, este lunes la dirección del PP bajó el balón al barro político. La vicesecretaria de Coordinación Sectorial, Alma Ezcurra, convirtió la victoria en un argumentario contra Pedro Sánchez durante la rueda de prensa en Génova. La selección, dijo, era la «mejor versión» del país, justo lo contrario de un Ejecutivo al que dibujó como sinónimo de «decadencia» y «mediocridad».

La maniobra no fue improvisada. Desde antes de la final la portavoz parlamentaria Ester Muñoz había pedido a Sánchez que no viajase a Nueva York, tachándolo de «gafe». Cuando el presidente acudió y España ganó a Argentina, la respuesta en redes no tardó: «Apartar al gafe de Sánchez lo máximo posible ha sido también capital», escribió el diputado Rafael Hernando. El relato era claro: el triunfo se debía al equipo, nunca al Gobierno.

Ezcurra quiso cerrar la puerta a las críticas asegurando que el PP «va a intentar no politizar el deporte». Pero los hechos la desmentían. A la misma hora, Vox vinculaba sin pruebas los altercados del País Vasco con los socios parlamentarios de Sánchez. En Bilbao, un grupo irrumpió en la pantalla gigante que el PP había montado; en San Sebastián, hubo otros incidentes. Desde el partido de Abascal se dijo que los «socios de investidura agredían violentamente a quienes aplaudían a nuestros jugadores» y que «los violentos no quiten y pongan presidentes».

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Ninguno de los dos partidos aportó evidencia alguna de que EH Bildu o cualquier otra formación hubiese dirigido los ataques. Aun así, tanto el PP como Vox trasladaron la responsabilidad al Gobierno, usando cada tumulto como combustible de una ofensiva que mezclaba fútbol, nacionalismo y estrategia política.

La victoria como ariete político

Las palabras de Alma Ezcurra marcan el guión que Génova quiere instalar. Presentó a la selección española como un equipo «sin soberbia, sin colgarse medallas antes de ganarlas, sin vivir del relato» y con «todos en su sitio, nadie por encima de los demás». La comparación con el Ejecutivo era automática: frente al «lodazal de causas e imputados», la Roja encarnaba la unidad y el esfuerzo. La vicesecretaria remató presentando a Feijóo como el líder que sí encarna esos valores, sin necesidad de nombrarlo en cada frase.

Mientras, Ester Muñoz insistía en la idea del «gafe», un mensaje diseñado para calar en el humor de las redes y desligar al presidente del orgullo colectivo. Su tuit «¡España siempre por encima de Sánchez!» resume la operación: la nación representada por la selección se contrapone al presidente al que hay que protegerla.

La maniobra no es nueva. En los últimos años, el PP ha utilizado repetidamente el fútbol como campo de batalla cultural, asociando el nacionalismo tranquilo a su espacio y estigmatizando a Sánchez como ajeno a él. La diferencia ahora es la intensidad: en menos de 24 horas se ha pasado de los elogios a las medallas a dibujar un país en decadencia.

El «gafe», la violencia y la culpabilización de los socios

Los incidentes de Bilbao y San Sebastián aportaron el ingrediente que la derecha necesitaba. En Bilbao, un grupo procedente de una marcha por la oficialidad de la selección vasca lanzó objetos y arrancó cables del dispositivo del PP. En San Sebastián, un detenido por atentado a agentes. La Ertzaintza identificó a varias personas, pero ni la investigación en curso ni los hechos probados señalan a partidos políticos.

Sin embargo, Rafael Hernando no tuvo dudas: «Es lamentable que esta escoria violenta siga campando a sus anchas, en Navarra o País Vasco, con la colaboración de alguna organización política en la que se apoya el Gobierno sanchista». Vox fue aún más lejos, tachando a los «socios de investidura» de agresores y vinculándolos con el terrorismo. Ambas formaciones construyeron un relato que convierte a Sánchez en responsable último de la violencia, aunque las investigaciones policiales no respaldan esa tesis.

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Este salto discursivo permite al PP y a Vox situar al Gobierno no solo como antítesis de los valores del equipo, sino como cómplice de quienes atacan a los aficionados. El mensaje es potente: la selección une; el Ejecutivo divide y, además, protege a los que agreden.

La cúpula popular mezcló el fútbol y la política sin complejos, usando cada incidente callejero para cargar contra los socios del Gobierno.

El precedente de la politización del deporte en España

Utilizar los grandes torneos para hacer política no es un invento reciente. Ya en 2010, cuando España ganó su primer Mundial, los partidos intentaron capitalizar el éxito de formas más sutiles. Pero en esta ocasión el PP ha decidido prescindir de matices: el contraste con el Gobierno es absoluto y se construye desde la oposición total. Fuentes del PSOE ya han acusado a los populares de «envenenar la alegría» y de ahondar en una polarización que, según el CIS, rechaza más del 70% de los ciudadanos.

El riesgo para el PP es que una estrategia tan explícita acabe desgastando a su propio líder, al asociarlo con una crispación que muchos votantes moderados rechazan. Mientras, Vox refuerza su perfil de partido sin complejos que no teme llevar la narrativa nacionalista al extremo, en una pugna por el mismo espacio que Ayuso y Abascal disputan desde hace tiempo.

Lo que viene dependerá de si la dirección popular mantiene el tono en los próximos días o, como ha ocurrido otras veces, opta por rebajarlo si detecta rechazo en las encuestas. De momento, el balón ya rueda en el barro político y nadie parece querer silbarlo.

📌 En claves: lo que debes saber

  • Qué ha pasado: El PP y Vox han convertido la victoria de España en el Mundial en una ofensiva contra Pedro Sánchez, contraponiendo los valores del equipo al Gobierno.
  • Por qué te importa: Aunque el fútbol suele unir, esta politización traslada la crispación a la calle y refuerza la polarización que rechaza la mayoría de los ciudadanos.
  • A quién afecta: Afecta a todo el electorado, especialmente a los votantes de centro que ven cómo el deporte se convierte en un campo de batalla partidista.
  • Hacia dónde vamos: Es probable que el PP mantenga la presión en los próximos días, mientras espera a ver si cala en las encuestas o genera rechazo entre los moderados.