El rock argentino ha sido siempre el más interesante del mundo de habla hispana. El país del sur es la cuna de algunos de los grandes pioneros del género, por su disposición a mezclar la guitarra eléctrica con la cumbia o la electrónica, o ambas. Entre esa amalgama de bandas, Babasónicos siempre se ha presentado entre los clasicistas del rock y el pop de su generación, pues, a pesar de la presencia de sus sintetizadores, la banda siempre ha tenido clara la estructura de sus canciones, siguiendo la ruidosa fórmula de Blur o Stone Roses y llevando el britpop al Río de la Plata.
Como ocurre con sus referentes ingleses, si algo los ha elevado es la actitud, el olfato para las grandes melodías y un directo impecable. Esto los convertía en uno de los platos fuertes de las Noches del Botánico para los entendidos; además, la presencia del contingente argentino en Madrid, sumada al ambiente eléctrico generado por la cercanía del partido de semifinales del Mundial, sirvió para que el público estuviese conectado desde el primer minuto.
Pero antes de Babasónicos, otro grupo argentino, El Zar, fue el encargado de encender los motores. Con una versión mucho más ambiental y tranquila del sonido del rock argentino, el grupo fue perfecto para amenizar la tarde, y, para quienes no los conocían, supuso una gran introducción a su mundo, marcada por canciones como Imprudente o El momento perfecto.
Babasónicos y el rock albiceleste
Con el público ya enchufado, Babasónicos pudo permitirse un repertorio que dejó bastante espacio a sus canciones más recientes, incluso si esto dejó fuera del concierto temas como Los calientes o Irresponsables. Pero incluso sin estas canciones, el grupo sabe construir un concierto apoyado en temas más recientes, con composiciones como Revelaciones aparte y Tiempo off del reciente Cuerpos, vol. 1 o Miau y Bye Bye de Trinchera, su disco de 2022, lo que demuestra que el grupo sigue siendo más que capaz de construir himnos pop.

Esto no significa que sus canciones más conocidas no hicieran acto de presencia. Pijamas, Putita o Puesto sirvieron para que el público se sumara a los coros, y la explosiva Estoy rabioso dejó que no solo el vocalista, Adrián Dárgelos, brillara, sino que lo hiciera también la guitarra de Diego «Uma» Rodríguez. Y es que cuando el grupo quiere, puede recurrir a un largo catálogo de éxitos, sobre todo frente a una audiencia compuesta principalmente por argentinos, que aprovecharon el momento para reconectar con su tierra.
Además, no faltaron los cánticos mundialistas. No solo porque la banda sumara la icónica Microdancing, parte de la banda sonora de Pro Evolution Soccer 2011, al concierto, sino porque en cada pausa el público actuaba como si estuviese en el estadio de la semifinal, repitiendo desde «El que no salte es un inglés» hasta «La cuarta estrella», la canción que se ha convertido en el «Muchachos» de la selección argentina en este nuevo Mundial. Esto convirtió el evento no solo en el concierto de una banda clave del país latinoamericano, sino en un punto de encuentro para su gente.
Tira y afloja entre los éxitos y las novedades
En cualquier caso, la banda supo cómo intercalar canciones más recientes con los éxitos. No renunciar a los nuevos lanzamientos para entregarse a su legado es encomiable, y el público respondió con entusiasmo ante temas como Mimos son mimos o Advertencia. Sin embargo, como no podía ser de otra forma, el grupo sabe que sus canciones icónicas tendrán la mayor respuesta, y guarda algunas de las claves para el final.

La explosión del último tramo, con la avalancha que genera tocar seguidas Carismático, Yegua, Y qué y El colmo, fue un recordatorio de la trayectoria del grupo. No es casual que sea, quizás, el grupo más importante de los surgidos en los años noventa en Argentina, y uno de los pocos que ha sido capaz de llevar tanto dentro como fuera de su país la antorcha del rock de su generación. Verlos sigue siendo un placer, y verlos dos días antes de una semifinal mundialista donde participa la Argentina de Messi es una oportunidad mágica.



